jueves, 1 de mayo de 2014

Boletín nº 58: "Testimonio de la verdad"

“La mies es abundante,…; rogad al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies” (Mt 9,35-38). 

Estas palabras nos sorprenden, porque todos sabemos que primero es necesario arar, sembrar y cultivar para poder luego, a su debido tiempo, cosechar una mies abundante. Jesús, en cambio, afirma que la mies es abundante. ¿Pero quién ha trabajado para que el resultado fuese así? La respuesta es una sola: Dios. Evidentemente el campo del cual habla Jesús es la humanidad, somos nosotros. Y la acción eficaz que es causa del «mucho fruto» es la gracia de Dios, la comunión con él. La oración que Jesús pide se refiere a la petición de incrementar el número de quienes están al servicio de su Reino. San Pablo, con la conciencia de quien ha experimentado personalmente que la iniciativa de la gracia es el origen de toda vocación, recuerda a los cristianos de Corinto: «Vosotros sois campo de Dios» (1 Co 3,9). Así, primero nace dentro de nuestro corazón el asombro por una mies abundante que sólo Dios puede dar; luego, la gratitud por un amor que siempre nos precede; por último, la adoración por la obra que él ha hecho y que requiere nuestro libre compromiso de actuar con él y por él.
He aquí explicado el modo de pertenecer a Dios: a través de la relación única y personal con Jesús. Es Cristo, quien continuamente nos interpela con su Palabra para que confiemos en él, amándole con todo el corazón, con toda el alma y con todo el ser. Toda vocación requiere siempre un éxodo de sí mismo para centrar la propia existencia en Cristo y en su Evangelio. Es un éxodo que nos conduce a un camino de adoración al Señor y de servicio a él en los hermanos y hermanas. No debemos tener miedo: Dios sigue con pasión y maestría la obra fruto de sus manos en cada etapa de la vida. Le interesa que se cumpla su proyecto en nosotros, pero quiere conseguirlo con nuestro asentimiento y colaboración. (Mensaje del Papa para la jornada mundial de oración por las vocaciones del  2014)


ORACIÓN DESDE LA PALABRA DE DIOS

- Texto Bíblico: Mc 3, 13-20
«13 Jesús subió al monte, llamó a los que quiso y se fueron con él. 14E instituyó doce para que estuvieran con él 15 y para enviarlos a predicar, y que tuvieran autoridad para expulsar a los demonios: 16 Simón, a quien puso el nombre de Pedro, 17 Santiago el de Zebedeo, y Juan, el hermano de Santiago, a quienes puso el nombre de Boanerges, es decir, los hijos del trueno, 18  Andrés, Felipe, Bartolomé,  Mateo, Tomás, Santiago el de Alfeo, Tadeo, Simón el de Caná 19 y Judas Iscariotes, el que lo entregó.»


Pasos para la lectio divina
1. Lectura y comprensión del texto: Nos lleva a preguntarnos sobre el conocimiento auténtico de su contenido ¿Qué dice el texto bíblico en sí? ¿Qué dice la Palabra?
2. Meditación: Sentido del texto hoy para mí ¿Qué me dice, qué nos dice hoy el Señor a través de este texto bíblico? Dejo que el texto ilumine mi vida, la vida de la comunidad o de mi familia, la vida de la Iglesia en este momento.
3. Oración: Orar el texto supone otra pregunta: ¿Qué le digo yo al Señor como respuesta a su Palabra? El corazón se abre a la alabanza de Dios, a la gratitud, implora y pide su ayuda, se abre a la conversión y al perdón, etc.
4. Contemplación, compromiso: El corazón se centra en Dios. Con su misma mirada contemplo y juzgo mi propia vida y la realidad y me pregunto: ¿Quién eres, Señor? ¿Qué quieres que haga?


- Comentario

Jesús elige a los Doce y les confiere su misión y su autoridad. Doce, número que hace referencia a las tribus de Israel y que expresa el deseo de Jesús de dar vida al nuevo pueblo de Dios. Es una elección solemne: se realiza en un monte, expresión de la cercanía de Dios y lugar de las grandes decisiones; lugar propicio para la oración. San Lucas en el texto paralelo dice que Jesús subió a una montaña a orar y se pasó la noche orando a Dios... Pero es también un lugar de amplios horizontes, desde donde se ve a lo lejos...  El nuevo Israel se forma en el monte en la esfe­ra divina, en ámbito del Espíritu; su identidad no está en la Ley de Moisés, sino en el Espíritu de Jesús.  Es una elección gratuita: Cuenta solo la voluntad soberana de Jesús, su predilección y su amor: “Llamó a los que quiso". Él toma la iniciativa, su amor nos precede y nos acompaña siempre. La pertenencia al nuevo pueblo de Dios es pura gracia de Dios, amor de predilección por parte del Señor.

 “… para que estuvieran con él,…
El discipulado es una elección con doble finalidad: Estar con Jesús y ser enviado. En primer lugar: estar con Jesús, adquirir sus criterios y sus sentimientos, para tener la libertad de hacer nuevas cosas -las que exige cada tiempo, cada lugar, cada cultura, cada nueva historia- como lo haría el mismo Jesús. Además el seguimiento de Jesús no está pensado sólo desde la individualidad. Es un proyecto de vida que se comparte con otros y que hay que anunciar. Esto conlleva romper fronteras y enfrentar nuevas circunstancias histórico-culturales. En segundo lugar, Jesús enviará a los Doce a anunciar la Buena Noticia de su Reino con autoridad para expulsar demonios. Es decir con la capacidad de humanizar al ser humano, para acercarlo más acorde al diseño original de Dios, su imagen y semejanza. Como Jesús y con El, los discípulos combaten


el mal y el pecado del mundo y trabajan para que progrese y avance el proyecto del amor de Dios.
El discípulo necesita vitalmente instalarse en Jesús, estar con Jesús, para ser con Jesús y vivir en Jesús. Estar con Jesús, conocer a Jesús, escuchar sus palabras, contemplar sus acciones, conocer lo que siente y lo que piensa, cuáles son sus fidelidades y su meta.  Porque no hay labios de mensajero, si no ha habido antes oídos de discípulo. No hay misión, si no ha habido antes seguimiento. Jesús quiere seguidores y, solo después apóstoles. Del “estar con Jesús”, nace una actividad sosegada, pensada y con más alma. Y todo ello sin temor a evasiones espiritualistas, porque el que sube a ese Dios nuestro baja también a este mundo nuestro en el que Dios se encarna, vive y ama.


 




ORACIÓN POR LAS VOCACIONES “AMOR DE DIOS”



Padre bueno, Jesús nos dijo: “La mies es mucha y los obreros pocos, rogad al Dueño de la mies para que envíe obreros a sus campos”. Y además afirmó: “Todo lo que pidáis al Padre en mi nombre, os lo concederá”.
Confiados en esta palabra de Jesús y en tu bondad,  te pedimos vocaciones para la Iglesia y para la Familia “Amor de Dios”, que se entreguen a la construcción del Reino desde la civilización del amor.
Santa María, Virgen Inmaculada, protege con tu maternal intercesión a las familias y a las comunidades cristianas para que animen la vida de los niños y ayuden a los jóvenes a responder con generosidad a la llamada de Jesús, para manifestar el amor gratuito de Dios a los hombres. Amén.



«María, sometiéndose a la voluntad de Dios, que la eligió por madre, quedó hecha Madre del Dios. ¡Oh santa y profunda humildad de María que la llevó hasta ser Madre de Dios!».  (J. Usera)