martes, 28 de febrero de 2012

Boletín nº 32 - El camino cuaresmal

La Cuaresma nos ofrece una vez más la oportunidad de reflexionar sobre el corazón de la vida cristiana: la caridad. En efecto, este es un tiempo propicio para que, con la ayuda de la Palabra de

Dios y de los Sacramentos, renovemos nuestro camino de fe, tanto personal como comunitario. Se trata de un itinerario marcado por la oración y el compartir, por el silencio y el ayuno, en espera de vivir la alegría pascual.

Este año deseo proponer algunas reflexiones a la luz de un breve texto bíblico tomado de la Carta a los Hebreos: «Fijémonos los unos en los otros para estímulo de la caridad y las buenas obras» (10,24). El verbo que abre nuestra exhortación invita a fijar la mirada en el otro, ante todo en Jesús, y a estar atentos los unos a los otros, a no mostrarse ajenos, indiferentes a la suerte de los hermanos. Sin embargo, con frecuencia prevalece la actitud contraria: la indiferencia o el desinterés, que nacen del egoísmo, encubierto bajo la apariencia del respeto por la «esfera privada». También hoy resuena con fuerza la voz del Señor que nos llama a cada uno de nosotros a hacernos cargo del otro. Hoy Dios nos sigue pidiendo que seamos «guardianes» de nuestros hermanos, que entablemos relaciones caracterizadas por el cuidado recíproco, por la atención al bien del otro y a todo su bien. El gran mandamiento del amor al prójimo exige y urge a tomar conciencia de que tenemos una responsabilidad respecto a quien, como yo, es criatura e hijo de Dios: el hecho de ser hermanos en humanidad y, en muchos casos, también en la fe, debe llevarnos a ver en el otro a un verdadero alter ego, a quien el Señor ama infinitamente. Si cultivamos esta mirada de fraternidad, la solidaridad, la justicia, así como la misericordia y la compasión, brotarán naturalmente de nuestro corazón. …

Ante un mundo que exige de los cristianos un testimonio renovado de amor y fidelidad al Señor, todos han de sentir la urgencia de ponerse a competir en la caridad, en el servicio y en las buenas obras. Esta llamada es especialmente intensa en el tiempo santo de preparación a la Pascua. (Mensaje del Papa Benedicto XVI para la Cuaresma 2012)


ORACIÓN DESDE LA PALABRA DE DIOS

- Texto Bíblico: Lc 15, 1-10

1Solían acercarse a Jesús todos los publicanos y los pecadores a escucharlo. 2Y los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: “Éste acoge a los pecadores y come con ellos.

3Jesús les dijo esta parábola: 4“¿Quién de vosotros que tiene cien ovejas y pierde una de ellas no deja las noventa y nueve en el desierto y va tras la descarriada, hasta que la encuentra? 5Y, cuando la encuentra, se la carga sobre los hombros, muy contento; 6 y, al llegar a casa, reúne a los amigos y a los vecinos y les dice: “¡Alegraos conmigo!, he encontrado la oveja que se me había perdido”. 7Os digo que así también habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse”.

8“O, ¿que mujer que tiene diez monedas y pierde una, no enciende una lámpara y barre la casa y busca con cuidado, hasta que la encuentra? 9Y, cuando la encuentra, reúne a las amigas y a las vecinas y les dice: “¡Alegraos conmigo!, he encontrado la moneda que se me había perdido”. 10Os digo que la misma alegría tendrán los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta”.


-Pasos para la lectio divina

1. Lectura y comprensión del texto: Nos lleva a preguntarnos sobre el conocimiento auténtico de su contenido ¿Qué dice el texto bíblico en sí? ¿Qué dice la Palabra?

2. Meditación: Sentido del texto hoy para mí ¿Qué me dice, qué nos dice hoy el Señor a través de este texto bíblico? Dejo que el texto ilumine mi vida, la vida de la comunidad o de mi familia, la vida de la Iglesia en este momento.

3. Oración: Orar el texto supone otra pregunta: ¿Qué le digo yo al Señor como respuesta a su Palabra? El corazón se abre a la alabanza de Dios, a la gratitud, implora y pide su ayuda, se abre a la conversión y al perdón, etc.

4. Contemplación, compromiso: El corazón se centra en Dios. Con su misma mirada contemplo y juzgo mi propia vida y la realidad y me pregunto: ¿Quién eres, Señor? ¿Qué quieres que haga?


  • Comentario

Solían acercarse a Jesús los publicanos y los pecadores a escucharlo…

Jesús es profeta, poderoso en obras y palabras. Los publicanos y los pecadores han visto sus obras, le han visto a él. Vienen para escucharlo. Jesús ofrece la salvación y exige conversión. Escuchar es el comienzo de la fe y la fe es el comienzo de la conversión y del perdón. Los pecadores se acercan a Jesús y por Él a Dios. Se acercan para oír a Dios. De ellos se puede decir: «Si me buscáis de todo corazón, me dejaré encontrar y cambiaré vuestra suerte» (Jer 29,13ss).


… habrá más alegría en el cielo…

Llama la atención en las parábolas del pastor que encuentra la oveja perdida y de la mujer que encuentra la moneda, el tono de alegría que las impregna. Ciertamente, hay otros aspectos importantes: el esfuerzo de búsqueda, el arrepentimiento, etc. Pero, por encima de todos, destaca la alegría. Donde hay experiencia de gracia siempre hay alegría.

Sólo cuando experimentamos que Dios es alegre y que nos contagia su alegría podemos renunciar a todo sin sentir que nuestra vida se queda vacía. A esta experiencia se refiere Pablo cuando escribe: "Todo eso que para mí era ganancia, lo consideré pérdida comparado con Cristo" (Filp 3,8).


¡Alegraos conmigo!,

Como se alegra el pastor al encontrar la oveja perdida, o la mujer al encontrar la moneda, así se alegra Dios por un solo pecador que se convierte. Así es Dios. Dios salva, perdona, recibe en casa con alegría y con toda clase de demostraciones de amor. «Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único, para que el que cree en él no perezca, sino que tenga la vida eterna» (Jn 3,16). Dios no da nunca nada ni a nadie por perdido. Cuando nos alejamos de él, se alegra al volvernos a encontrar y nunca deja de buscarnos. Con esta parábola, Jesús nos quiere explicar y desvelar cómo es el verdadero rostro de Dios y, de paso, el ideal humano al que estamos llamados. El Dios que se nos revela en Jesús es un Dios-amor que nos busca y se desvela por nosotros; que pone pasión en buscarnos porque le importamos. Hoy somos nosotros invitados a encontrar en esta forma de ser de Dios la nuestra y a no dar nunca a nadie por perdido. Todos tenemos un lugar en el corazón de Dios y Él no quiere que nadie se pierda de su mano.


ORACIÓN POR LAS VOCACIONES “AMOR DE DIOS”

Padre bueno, Jesús nos dijo: “La mies es mucha y los obreros pocos, rogad al Dueño de la mies para que envíe obreros a sus campos”. Y además afirmó: “Todo lo que pidáis al Padre en mi nombre, os lo concederá”.

Confiados en esta palabra de Jesús y en tu bondad, te pedimos vocaciones para la Iglesia y para la Familia “Amor de Dios”, que se entreguen a la construcción del Reino desde la civilización del amor.

Santa María, Virgen Inmaculada, protege con tu maternal intercesión a las familias y a las comunidades cristianas para que animen la vida de los niños y ayuden a los jóvenes a responder con generosidad a la llamada de Jesús, para manifestar el amor gratuito de Dios a los hombres. Amén.


“El Hijo de Dios se dignó bajar de los cielos a la tierra; lleno de amor por los hombres se hizo hombre, y padeciendo y muriendo por nosotros, proclamó desde la Cruz una doctrina, que había de dar libertad al mundo, paz a los hombres, vida a la verdadera ciencia, gloria a la virtud y exterminio al vicio” (J. Usera)