"Rogad al Dueño de la mies..."
La fe es un don precioso de Dios, el cual
abre nuestra mente para que lo podamos conocer y amar. Él quiere relacionarse
con nosotros para hacernos participes de su misma vida y hacer que la nuestra
esté más llena de significado, que sea más buena, más bella. ¡Dios nos ama!
Pero la fe, necesita ser acogida, es decir, necesita nuestra respuesta
personal, el coraje de poner nuestra confianza en Dios, de vivir su amor,
agradecidos por su infinita misericordia. Es un don que no se reserva sólo a
unos pocos, sino que se ofrece a todos generosamente. ¡Todo el mundo debería
poder experimentar la alegría de ser amados por Dios, el gozo de la salvación!
Y es un don que no se puede conservar para uno mismo, sino que debe ser
compartido. Si queremos guardarlo sólo para nosotros mismos, nos convertiremos
en cristianos aislados, estériles y enfermos. El anuncio del Evangelio es parte
del ser discípulos de Cristo y es un compromiso constante que anima toda la
vida de la Iglesia.
«El impulso misionero es una señal clara de
la madurez de una comunidad eclesial» (Verbum
Domini, 95). Toda comunidad es “adulta”, cuando
profesa la fe, la celebra con alegría en la liturgia, vive la caridad y
proclama la Palabra de Dios sin descanso, saliendo del propio ambiente para
llevarla también a los “suburbios”, especialmente a aquellos que aún no han
tenido la oportunidad de conocer a Cristo. La fuerza de nuestra fe, a nivel
personal y comunitario, también se mide por la capacidad de comunicarla a los
demás, de difundirla, de vivirla en la caridad, de dar testimonio a las
personas que encontramos y que comparten con nosotros el camino de la vida.
Se pide y se invita a toda comunidad a hacer
propio el mandato confiado por Jesús a los Apóstoles de ser sus «testigos en
Jerusalén, en toda Judea y Samaría, y hasta los confines de la tierra» (Hch
1,8), no como un aspecto secundario de la vida cristiana, sino como un aspecto
esencial: todos somos enviados por los senderos del mundo para caminar con
nuestros hermanos, profesando y dando testimonio de nuestra fe en Cristo y
convirtiéndonos en anunciadores de su Evangelio. (Mensaje del Papa Francisco
para la Jornada del Domund 2013)
ORACIÓN
DESDE LA PALABRA DE DIOS
- Texto Bíblico: Mc 10,
46-52
“46Llegaron
a Jericó. Más tarde, cuando Jesús salía de allí acompañado por sus discípulos y
bastante gente, el hijo de Timeo, Bartimeo, un mendigo ciego, estaba sentado junto
al camino. 47 Cuando se enteró de que era Jesús el Nazareno quien pasaba,
se puso a gritar: ¡Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí! 48
Muchos le reprendían para que callara. Pero él gritaba todavía más fuerte:
¡Hijo de David, ten compasión de mí! 49 Jesús se detuvo y dijo:
Llamadlo. Llamaron entonces al ciego diciéndole: ¡Ánimo, levántate, que te
llama! 50 Él arrojando el manto, dio un salto y se acercó a Jesús. 51
Jesús, dirigiéndose a él, le preguntó: ¿Qué quieres que haga por ti? El ciego
le contestó: Maestro, que recobre la vista. 52 Jesús le dijo: Vete,
tu fe te ha salvado. Y al momento recobró la vista y lo siguió por el camino”.
- Pasos para la lectio divina
1.
Lectura y comprensión del texto: Nos lleva a preguntarnos sobre el
conocimiento auténtico de su contenido ¿Qué dice el texto bíblico en sí? ¿Qué
dice la Palabra?
2.
Meditación: Sentido del texto hoy para mí ¿Qué me dice, qué nos dice hoy
el Señor a través de este texto bíblico? Dejo
que el texto ilumine mi vida, la vida de la comunidad o de mi familia, la vida
de la Iglesia en este momento.
3.
Oración: Orar el texto supone otra pregunta: ¿Qué le digo yo al Señor
como respuesta a su Palabra? El corazón se abre a la alabanza de Dios, a la
gratitud, implora y pide su ayuda, se abre a la conversión y al perdón, etc.
4.
Contemplación, compromiso: El corazón se centra en Dios. Con su misma mirada
contemplo y juzgo mi propia vida y la realidad y me pregunto: ¿Quién eres,
Señor? ¿Qué quieres que haga?
- Comentario
Este texto es la
conclusión de la sección de Marcos (7, 24-10, 45) que tiene como idea central el seguimiento
de Jesús. El relato es muy sencillo, pero está lleno de detalles. La curación
se convierte en un signo para que los discípulos comprendan lo que significa
seguir a Jesús. El evangelista sitúa el episodio entre las escenas en las que
aparece subrayada la incredulidad de los judíos y la torpeza para entender de
los apóstoles. El ciego, sentado junto al camino, no puede acompañar a Jesús.
Pero le grita: “¡Jesús, hijo de David, ten piedad de mí!”. Hace una
verdadera confesión mesiánica, cree en Jesús como Hijo de David y como Mesías.
Es la fe de los que buscan seguir a Jesús y desean que se cumplan las
expectativas mesiánicas del pueblo. Bartimeo,
en contraste con los discípulos que discutían por el primer lugar, sólo
pide recobrar la vista,
Él arrojando el manto, dio un
salto y se acercó a Jesús.
La reacción del
ciego a la llamada de Jesús fue inmediata y entusiasta. Para expresar esta
presteza el evangelista utiliza estos verbos: "Arrojó", "dio un salto", "se acercó".
Cuando oyó a Jesús, el ciego arrojó decididamente su manto para seguirlo sin
pensarlo dos veces. Bartimeo deja todo. Apenas un manto. Era lo que tenía para
cubrir su cuerpo. Era su seguridad, ¡su tierra!
Los discípulos
siguen ciegos, creen tenerlo todo y quieren aprovecharse de Jesús para alcanzar
poder. En cambio el ciego no tiene ninguna ambición; deja tirado al pie del
camino lo poco que tiene, su manto. Este gesto expresa de manera muy
significativa, la ruptura con su pasado. Un pasado de poder, pues el manto
significa el poder humano. El ciego es imagen del verdadero discípulo que se
despoja del manto que hasta entonces le cegaba. Deja hacer a Jesús y, desde ese
momento, puede seguirle ya por el camino.
La curación es fruto de la fe. El ciego sigue
a Jesús por el camino y sube con Él hacia la Cruz. El ciego se hace discípulo.
Se convierte en modelo para quienes quieren “seguir a Jesús por el camino” hacia
Jerusalén. Auténtico discípulo es el asume el proyecto de Jesús, ofrece su
propia vida por los demás, testimonia y proclama su fe. La curación del ciego
nos clarifica la fe auténtica en Jesús. El seguimiento de Jesús es el
compromiso práctico: se trata de caminar con Jesús por el camino del servicio y
de la gratuidad, desde Galilea hasta Jerusalén. Quien insiste en mantener la
idea de Pedro del Mesías glorioso sin la cruz, no va a entender nada de Jesús ni tendrá actitud de verdadero discípulo. Cree
en Jesús quien hace “entrega de sí”, acepta “ser el último”, “bebe el cáliz y
carga con su cruz”. Éste, como Bartimeo, “seguirá a Jesús por el camino”.
ORACIÓN
POR LAS VOCACIONES “AMOR DE DIOS”
Padre bueno,
Jesús nos dijo: “La mies es mucha y los obreros pocos, rogad al Dueño de la
mies para que envíe obreros a sus campos”. Y además afirmó: “Todo lo que pidáis
al Padre en mi nombre, os lo concederá”.
Santa María,
Virgen Inmaculada, protege con tu maternal intercesión a las familias y a las
comunidades cristianas para que animen la vida de los niños y ayuden a los
jóvenes a responder con generosidad a la llamada de Jesús, para manifestar el
amor gratuito de Dios a los hombres. Amén.
“La fe despierta sentimientos
generosos, llena de buenas costumbres a los pueblos y de paz a las naciones”. (J. Usera)