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"ROGAD al Dueño de la mies..."
MARÍA: ICONO DE LA FE
María, ante lo que sucede en su vida, tiene una actitud de fondo: la fe. En la Anunciación queda turbada al escuchar las palabras del ángel —es el temor que la persona experimenta cuando le toca la cercanía de Dios—, pero no la actitud de quien tiene miedo ante lo que Dios puede pedir. María reflexiona, se interroga sobre el significado de ese saludo. Entra en íntimo diálogo con la Palabra de Dios que se le ha anunciado; no la considera superficialmente, sino que se detiene, la deja penetrar en su mente y en su corazón para comprender lo que el Señor quiere de ella y el sentido del anuncio. En el nacimiento de Jesús, después de la adoración de los pastores, se afirma que María «conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón». Se podría decir que ella «mantenía unidos», en su corazón todos los acontecimientos que le estaban sucediendo; situaba cada palabra, cada hecho, dentro del todo y lo confrontaba, lo conservaba, reconociendo que todo proviene de la voluntad de Dios. María no se detiene en una primera comprensión superficial de lo que acontece en su vida, sino que sabe mirar en profundidad, se deja interpelar por los acontecimientos, los elabora, los discierne, y adquiere aquella comprensión que sólo la fe puede garantizar. Es la humildad profunda de la fe obediente de María, que acoge en sí también aquello que no comprende del obrar de Dios, dejando que sea Dios quien le abra la mente y el corazón.
«Dichosa la que ha creído, porque lo que le ha
dicho el Señor se cumplirá», exclama Isabel. Aquella a quien acoge Isabel en su
casa es la Virgen que «creyó» al anuncio del ángel y respondió con fe,
aceptando con valentía el proyecto de Dios para su vida. María creyó que «para
Dios nada hay imposible» y, firme en esta confianza, se dejó guiar por el
Espíritu en la obediencia diaria a sus designios.
Pedimos a la
«llena de gracia» nos obtenga de la divina Providencia, poder pronunciar
nuestro «sí» a los planes de Dios con la misma fe humilde y pura con la que ella
pronunció su «sí». (cf BENEDICTO XVI 31, 05, 2011 19/12/2012)
ORACIÓN
DESDE LA PALABRA DE DIOS
- Texto Bíblico: Lc
1,39-45
“39 En aquellos mismos
días, María se levantó y se puso en camino de prisa hacia la montaña, a una ciudad
de Judá; 40 entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. 41
Aconteció que, en cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su
vientre. Se llenó Isabel de Espíritu Santo 42 y, levantando la voz,
exclamó: “¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre!
43 ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? 44Pues,
en cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi
vientre. 45¡Bienaventurada la que ha creído, porque lo que le ha
dicho el Señor se cumplirá!”
- Pasos para la lectio divina
1.
Lectura y comprensión del texto: Nos lleva a preguntarnos sobre el
conocimiento auténtico de su contenido ¿Qué dice el texto bíblico en sí? ¿Qué
dice la Palabra?
2.
Meditación: Sentido del texto hoy para mí ¿Qué me dice, qué nos dice hoy
el Señor a través de este texto bíblico? Dejo
que el texto ilumine mi vida, la vida de la comunidad o de mi familia, la vida
de la Iglesia en este momento.
3.
Oración: Orar el texto supone otra pregunta: ¿Qué le digo yo al Señor
como respuesta a su Palabra? El corazón se abre a la alabanza de Dios, a la
gratitud, implora y pide su ayuda, se abre a la conversión y al perdón, etc.
4.
Contemplación, compromiso: El corazón se centra en Dios. Con su misma
mirada contemplo y juzgo mi propia vida y la realidad y me pregunto: ¿Quién
eres, Señor? ¿Qué quieres que haga?
-
Comentario
«Por
estos mismos días María se puso en camino »
La Visitación de María se comprende a la luz del acontecimiento
del anuncio del ángel y la concepción de
Jesús. El Espíritu Santo descendió sobre la Virgen y la cubrió con su sombra.
Ese mismo Espíritu la impulsó a «levantarse» y partir sin de prisa para ayudar
a su anciana pariente.
El corazón de María es visitado por la gracia del Padre, es penetrado
por la fuerza del Espíritu e impulsado interiormente por el Hijo. María está
inserta en el dinamismo de la santísima Trinidad. Este movimiento es la
caridad, que en María es perfecta y se convierte en modelo de la caridad de la
Iglesia. María se deja guiar por la fe que actúa por la
caridad. Todo gesto de amor
genuino contiene en sí un destello del misterio infinito de Dios: la mirada de
atención al hermano, estar cerca de él, compartir su necesidad, curar sus
heridas, todo, hasta en los más mínimos detalles, se hace «teologal» cuando
está animado por el Espíritu de Cristo.
María corre
presurosa a casa de Isabel, para ofrecerle su ayuda. Llena de Dios y a la vez
servicial para con los demás, María es portadora del Salvador. Es el Arca de la
alianza nueva. Es por tanto evangelizadora: comunica la Buena Noticia con su
misma presencia y llena de alegría a Isabel y al hijo.
¡Dichosa la que ha
creído!
La fe de María
es un acto de amor y de docilidad, suscitado por el amor de Dios, que está con
ella y la llena de gracia. Como acto de amor es un acto totalmente libre. En
María se da plenamente el misterio del encuentro entre la gracia y la libertad.
Esta es la grandeza de María, confirmada por Jesús, cuando una mujer grita en
medio de la gente: "Dichoso el seno que te llevó y los pechos que te
amamantaron". La mujer proclama bienaventurada a María que ha llevado a
Jesús en su seno, Isabel, en cambio, la
proclama porque ha creído.
María, ante lo que no entiende guarda un silencio
de acogida, conservando en su corazón la palabra de Dios, que son los hechos de
su Hijo. Es, a veces, un silencio doloroso, de abandono a los planes de Dios.
María fue preservada de todo pecado, pero no de "la fatiga de la fe".
El Concilio Vaticano II afirma que María ha caminado en la fe; más aún, ha
"progresado" en la fe: "También la bienaventurada Virgen avanzó
en la peregrinación de la fe y mantuvo fielmente la unión con su Hijo hasta la
cruz," (LG 58). Que María nos obtenga el don de saber creer y amar como
ella. Que podamos decir con san Pablo: «El amor de Cristo nos apremia» (2 Co
5,14), y con su ayuda sepamos difundir en el mundo el dinamismo de la caridad.
ORACIÓN
POR LAS VOCACIONES “AMOR DE DIOS”
Padre bueno,
Jesús nos dijo: “La mies es mucha y los obreros pocos, rogad al Dueño de la
mies para que envíe obreros a sus campos”. Y además afirmó: “Todo lo que pidáis
al Padre en mi nombre, os lo concederá”.
Confiados en esta
palabra de Jesús y en tu bondad, te pedimos vocaciones para la Iglesia y para
la Familia “Amor de Dios”, que se entreguen a la construcción del Reino desde
la civilización del amor.
Santa María,
Virgen Inmaculada, protege con tu maternal intercesión a las familias y a las
comunidades cristianas para que animen la vida de los niños y ayuden a los
jóvenes a responder con generosidad a la llamada de Jesús, para manifestar el
amor gratuito de Dios a los hombres. Amén.
Noticias vocacionales “Amor
de Dios”
El día 28 de
julio emitirán su profesión religiosa, en el noviciado Interprovincial
de México (D.F.), las Hnas. Marleny
Galbarro Rivero y Sandra Gutiérrez León.


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