domingo, 30 de junio de 2013

Boletín nº 48: "Búsqueda de Dios"

"Rogad al Dueño de la mies..."

BÚSQUEDA DE DIOS


En el Antiguo Testamento está muy presente el tema de la «búsqueda del rostro de Dios», el deseo de conocer este rostro, el deseo de ver a Dios como es. Buscar el rostro de Dios significa que Dios tiene un rostro, que es un «Tú» con quien puedo entrar en relación, que no está cerrado en su Cielo mirando desde allí a la humanidad. Dios está sobre todas las cosas, pero se dirige a nosotros, nos escucha, nos ve, habla, estipula alianza, es capaz de amar. La historia de la salvación es la historia de esta relación con Dios que se revela progresivamente al hombre, que se da conocer a sí mismo, su rostro. Con la Encarnación, la búsqueda del rostro de Dios recibe un viraje inimaginable, porque este rostro ahora se puede ver: es el rostro de Jesús, del Hijo de Dios que se hace hombre. En Él vemos y encontramos al Padre. En Él podemos invocar a Dios con el nombre de «Abbà, Padre».
El deseo de ver el rostro de Dios es innato en la persona. Y nosotros tenemos, tal vez inconscientemente, este deseo de ver sencillamente quién es Él, quién es para nosotros. Pero este deseo se realiza siguiendo a Cristo. Toda nuestra existencia debe estar orientada hacia el encuentro con Jesucristo, al amor hacia Él; y, en ella, debe tener también un lugar central el amor al prójimo, ese amor que, a la luz del Crucificado, nos hace reconocer el rostro de Jesús en el pobre, en el débil, en el que sufre. Esto sólo es posible si el rostro auténtico de Jesús ha llegado a ser familiar para nosotros en la escucha de su Palabra, en el entrar en la Palabra de tal manera que realmente lo encontremos, y, naturalmente, en el Misterio de la Eucaristía. En el Evangelio de san Lucas es significativo el pasaje de los dos discípulos de Emaús, que reconocen a Jesús al partir el pan, pero preparados por el camino hecho con Él, por la invitación que le hicieron de permanecer con ellos, por el diálogo que hizo arder su corazón; así, al final, ven a Jesús. También para nosotros la Eucaristía es la gran escuela en la que aprendemos a ver el rostro de Dios, entramos en relación íntima con Él; y aprendemos a dirigir la mirada hacia el momento final de la historia, cuando Él nos saciará con la luz de su rostro. (BENEDICTO XVI, 16 de enero de 2013)


ORACIÓN DESDE LA PALABRA DE DIOS
- Texto Bíblico: Ex 3. 1-7,10.12                 

1«Moisés pastoreaba el rebaño de su suegro Jetró. Llevó el rebaño trashumando por el desierto hasta llegar a Horeb, la montaña de Dios. 2El ángel del Señor se le apareció en una llamarada entre las zarzas. Moisés se fijó: la zarza ardía sin consumirse. 3Moisés se dijo: “Voy a acercarme a mirar este espectáculo admirable, a ver porque no se quema la zarza”. 4Viendo el Señor que Moisés se acercaba a mirar, lo llamó desde la zarza: Moisés, Moisés”. Respondió él: “Aquí estoy”. 5Dijo Dios: “No te acerques; quítate las sandalias de los pies, pues el sitio que pisas es terreno sagrado» 6 Y añadió: “Yo soy el Dios de tus padres, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob. Moisés se tapó la cara porque temía ver a Dios. 7 El Señor le dijo: He visto la opresión de mi pueblo en Egipto... 10Y ahora marcha, te envío, al faraón para que saques a mi pueblo, a los hijos de Israel” 11Moisés replicó a Dios: “¿Quién soy yo para acudir al Faraón o para sacar a los hijos de Israel de Egipto? 12 Respondió Dios: Yo estoy contigo; y esta es la señal de que yo te envío: cuando saques al pueblo de Egipto, daréis culto a Dios en esta montaña”.»

- Pasos para la lectio divina
1. Lectura y comprensión del texto: Nos lleva a preguntarnos sobre el conocimiento auténtico de su contenido ¿Qué dice el texto bíblico en sí? ¿Qué dice la Palabra?
2. Meditación: Sentido del texto hoy para mí ¿Qué me dice, qué nos dice hoy el Señor a través de este texto bíblico? Dejo que el texto ilumine mi vida, la vida de la comunidad o de mi familia, la vida de la Iglesia en este momento.
3. Oración: Orar el texto supone otra pregunta: ¿Qué le digo yo al Señor como respuesta a su Palabra? El corazón se abre a la alabanza de Dios, a la gratitud, implora y pide su ayuda, se abre a la conversión y al perdón, etc.
4. Contemplación, compromiso: El corazón se centra en Dios. Con su misma mirada contemplo y juzgo mi propia vida y la realidad y me pregunto: ¿Quién eres, Señor? ¿Qué quieres que haga?
 


-  Comentario:


En el desierto Moisés se encuentra con Dios: Dios irrumpe en su vida, entra en diálogo con él y se le revela. En la vocación de Moisés, la visita de Dios es repentina e imprevista. Dios responde al grito de los israelitas y llama a Moisés para enviarlo a liberar al pueblo de la esclavitud. Moisés es la respuesta concreta de Dios a los gemidos de su pueblo oprimido.

El Señor vio que se acercaba y lo llamó desde la zarza: “Moisés, Moisés”.
Interpelado por Dios, Moisés responde prontamente: “Heme aquí”. La palabra de Dios que llama, exige prontitud para acoger la invitación y generosidad para ponerse a disposición de la misión para la que uno es llamado.
Para hablar de Dios se usan tres elementos: el ángel, el fuego que arde sin consumirse y el Señor. El elemento más significativo es el fuego. Se trata de una teofanía. El fuego es inaccesible. Dios habita en él y no tolera la maldad que será consumida en su fuego devorador. Cuando Dios se revela en el Sinaí, la montaña está ardiendo; el pueblo no puede acercarse a Dios y, si se acerca indebidamente, será pasto del fuego. Como en la vocación de los profetas, Moisés experimenta la llamada de Dios y, al mismo tiempo, el peso de su santidad. Es importante notar la tensión entre las frases: "Aquí estoy" y "No te acerques". El signo de quitarse las sandalias pone de relieve que la persona llamada por Dios debe vaciarse de sus seguridades y ponerse humildemente a la disposición de la santidad absoluta de Dios.

“He visto la opresión de mi pueblo, marcha, te envío”
El Dios que se revela a Moisés tiene un claro proyecto: liberar a Israel de la opresión de Egipto. Para esta misión llama a Moisés: “marcha, te envío para que saques de Egipto a mi pueblo”. Moisés pone a Dios muchos reparos: su propia incapacidad, el no conocer el nombre de Dios, la incredulidad de sus hermanos que no creerán que Dios lo envía, ¡y hasta protesta porque es tartamudo! A las objeciones de Moisés, sigue la promesa divina: “Yo estoy contigo”.
Este «estar contigo», es garantía de éxito y de fortaleza. «Yo estoy contigo» es la frase más escueta que se pueda imaginar. En el texto se afirma: estoy, en vez de soy. El Dios omnipotente y sabio no hace valer un soy, sino un estoy contigo. No se puede decir más con menos. Moisés puede asumir la misión porque sabe que Dios es quien va a liberar al pueblo, y lo va a hacer estando con él, actuando con él en la historia. Yo voy a bajar y liberar estando contigo. El éxito de la misión no depende de las capacidades humanas del enviado, sino de la acción de Dios. Dios vence las dudas y resistencias de Moisés, le manifiesta su nombre y le da un signo, como garantía.


ORACIÓN POR LAS VOCACIONES “AMOR DE DIOS”
Padre bueno, Jesús nos dijo: “La mies es mucha y los obreros pocos, rogad al Dueño de la mies para que envíe obreros a sus campos”. Y además afirmó: “Todo lo que pidáis al Padre en mi nombre, os lo concederá”.
Confiados en esta palabra de Jesús y en tu bondad, te pedimos vocaciones para la Iglesia y para la Familia “Amor de Dios”, que se entreguen a la construcción del Reino desde la civilización del amor.
Santa María, Virgen Inmaculada, protege con tu maternal intercesión a las familias y a las comunidades cristianas para que animen la vida de los niños y ayuden a los jóvenes a responder con generosidad a la llamada de Jesús, para manifestar el amor gratuito de Dios a los hombres. Amén.



“La religión es una necesidad para el hombre: éste lleva a Dios en el fondo de su corazón”. (J. Usera)