sábado, 1 de junio de 2013

Boletín nº 47: Llamados a la comunión



"Rogad al Dueño de la mies…"



La palabra «comunión», que usamos para designar la Eucaristía, resume en sí misma la dimensión vertical y la dimensión horizontal del don de Cristo. Es bella y muy elocuente la expresión «recibir la comunión» referida al acto de comer el Pan eucarístico. Cuando realizamos este acto, entramos en comunión con la vida misma de Jesús, en el dinamismo de esta vida que se dona a nosotros y por nosotros. Desde Dios, a través de Jesús, hasta nosotros: se transmite una única comunión en la santa Eucaristía. Lo escuchamos en las palabras san Pablo dirigidas a los cristianos de Corinto: « El pan que partimos, ¿no es comunión del cuerpo de Cristo? Porque el pan es uno, nosotros, siendo muchos, formamos un solo cuerpo, pues todos comemos del mismo pan» (1 Co 10, 16-17).
San Agustín nos ayuda a comprender la dinámica de la comunión eucarística cuando hace referencia a una especie de visión que tuvo, en la cual Jesús le dijo: «Manjar soy de grandes: crece y me comerás. Ni tú me mudarás en ti como al manjar de tu carne, sino tú te mudarás en mí» (Confesiones VII, 10, 18). Por eso, mientras que el alimento corporal es asimilado por nuestro organismo y contribuye a su sustento, en el caso de la Eucaristía se trata de un Pan diferente: no somos nosotros quienes lo asimilamos, sino él nos asimila a sí, para llegar de este modo a ser como Jesucristo, miembros de su cuerpo, una cosa sola con él.

Esta transformación es decisiva. Precisamente porque es Cristo quien, en la comunión eucarística, nos transforma en él; nuestra individualidad, en este encuentro, se libera de su egocentrismo y se inserta en la Persona de Jesús, que a su vez está inmersa en la comunión trinitaria. De este modo, la Eucaristía, mientras nos une a Cristo, nos abre también a los demás, nos hace miembros los unos de los otros: ya no estamos divididos, sino que somos uno en él…. Quien reconoce a Jesús en la Hostia santa, lo reconoce en el hermano que sufre, que tiene hambre y sed, que está desnudo, enfermo o en la cárcel; y está atento a cada persona, se compromete, de forma concreta, en favor de todos aquellos que padecen necesidad. (Benedicto XVI,  23/06/2011)



ORACIÓN DESDE LA PALABRA DE DIOS
- Texto Bíblico: Lc 9, 11b-17          

11 Pero al darse cuenta de ello la gente, lo siguieron. Él los acogió y les hablaba del reino de Dios, al mismo tiempo que devolvía la salud a los que tenían necesidad de curación. 12 Comenzaba ya a declinar el día, cuando se le acercaron los doce y le dijeron: Despide ya al pueblo, para que vayan a las aldeas y caseríos del contorno, a fin de que encuentren alojamiento y comida. Pues aquí estamos en un lugar despoblado. 13 Él les respondió: Dadles vosotros de comer. Pero ellos replicaron. No tenemos más que cinco panes y dos peces; a no ser que vayamos nosotros mismos a comprar alimentos para todo el pueblo. 14 Pues había unos cinco mil hombres. Dijo entonces a sus discípulos: Haced que se sienten por grupos de unos cincuenta cada uno. 15 Lo hicieron así y se sentaron todos. 16 Tomó, pues, los cinco panes y los dos peces, levantó los ojos al cielo, pronunció la bendición sobre ellos, los partió y los iba dando a los discípulos para que los sirviesen al pueblo. 17 Comieron todos hasta quedar saciados, y se recogieron, de lo que les sobró, doce canastos de pedazos”.


- Pasos para la lectio divina


1. Lectura y comprensión del texto: Nos lleva a preguntarnos sobre el conocimiento auténtico de su contenido ¿Qué dice el texto bíblico en sí? ¿Qué dice la Palabra?
2. Meditación: Sentido del texto hoy para mí ¿Qué me dice, qué nos dice hoy el Señor a través de este texto bíblico? Dejo que el texto ilumine mi vida, la vida de la comunidad o de mi familia, la vida de la Iglesia en este momento.
3. Oración: Orar el texto supone otra pregunta: ¿Qué le digo yo al Señor como respuesta a su Palabra? El corazón se abre a la alabanza de Dios, a la gratitud, implora y pide su ayuda, se abre a la conversión y al perdón, etc.
4. Contemplación, compromiso: El corazón se centra en Dios. Con su misma mirada contemplo y juzgo mi propia vida y la realidad y me pregunto: ¿Quién eres, Señor? ¿Qué quieres que haga?


-  Comentario
Es el único milagro relatado por los cuatro evangelistas: Esto nos habla de la gran importancia que atribuyeron desde el inicio a este hecho. Los cuatro se esmeran en describir los gestos realizados por Jesús: "Tomó lo cinco panes y los dos peces, alzó los ojos al cielo, pronunció la bendición -dio gracias, nos dice san Juan-, los partió y se lo dio a los discípulos para que se lo repartieran a la gente.
El relato está configurado como un diálogo entre Jesús y los doce.  Sólo el v. 16 rompe el desarrollo normal e introduce la intervención inesperada y milagrosa de Jesús.
Algunos elementos del signo de los panes:
a) Dios, por medio de Jesús, ofrece el alimento de la vida al pueblo.
b) Los apóstoles por sí mismos son incapaces de dar de comer; sólo cuando reciben el pan que les da Cristo pueden alimentar verdaderamente al pueblo.
c) El signo es anticipo y señal de la eucaristía: El comportamiento de Jesús que pronuncia la bendición, parte el pan y lo ofrece nos lleva en esta dirección.
d) Los dones del reino se ofrecen a todos y todos están invitados. Donde la injusticia separa a unos de otros es muy difícil recordar el gesto de la multiplicación de los panes y celebrar de verdad la eucaristía.

Dadles vosotros de comer.
Jesús encarga a los apóstoles que se cuiden del pueblo.  Ellos se reconocen incapaces  y no pueden hacer nada sin la intervención del Señor. Pues sólo a los pobres y a los débiles se da el reino de Dios.
Jesús prepara el banquete nuevo y ordena que la gente se siente en grupos de cincuenta. También al salir de Egipto el campamento israelita estaba agrupado: «Moisés eligió entre todo el pueblo a hombres capaces, que puso sobre el pueblo como jefes de millar, de cincuentena y de decena» (Ex 18,25). El banquete pascual que se acerca despierta reminiscencias del pasado y suscita esperanzas para el futuro.

Jesús tomó los cinco panes… pronunció la bendición.
Jesús actúa como padre de familia en la comunidad sentada a la mesa. El evangelista subraya los cuatro actos realizados por Jesús. La bendición de Jesús es la causa de la comida abundante para muchos con unos pocos panes. Todo procede de Jesús; los apóstoles son los mediadores enviados por él. Proclaman la buena nueva, curan enfermos y sacian al pueblo. Todos se saciaron. El banquete del reino es abundante. Jesús, como verdadero  Moisés da de comer a su pueblo. Con esto culmina la revelación en Galilea. Jesús es el portador de la salvación de los últimos tiempos.


ORACIÓN POR LAS VOCACIONES “AMOR DE DIOS”

Padre bueno, Jesús nos dijo: “La mies es mucha y los obreros pocos, rogad al Dueño de la mies para que envíe obreros a sus campos”. Y además afirmó: “Todo lo que pidáis al Padre en mi nombre, os lo concederá”.
Confiados en esta palabra de Jesús y en tu bondad, te pedimos vocaciones para la Iglesia y para la Familia “Amor de Dios”, que se entreguen a la construcción del Reino desde la civilización del amor.
Santa María, Virgen Inmaculada, protege con tu maternal intercesión a las familias y a las comunidades cristianas para que animen la vida de los niños y ayuden a los jóvenes a responder con generosidad a la llamada de Jesús, para manifestar el amor gratuito de Dios a los hombres. Amén.

”La Iglesia pone en la boca de todos los pueblos un cántico, un solo y mismo cántico de alabanza, y en su alma un solo símbolo, y en su corazón un solo sentimiento de caridad”. (J. Usera)