La palabra
«comunión», que usamos para designar la Eucaristía, resume en sí misma la
dimensión vertical y la dimensión horizontal del don de Cristo. Es bella y muy
elocuente la expresión «recibir la comunión» referida al acto de comer el Pan
eucarístico. Cuando realizamos este acto, entramos en comunión con la vida
misma de Jesús, en el dinamismo de esta vida que se dona a nosotros y por
nosotros. Desde Dios, a través de Jesús, hasta nosotros: se transmite una única
comunión en la santa Eucaristía. Lo escuchamos en las palabras san Pablo
dirigidas a los cristianos de Corinto: « El pan que partimos, ¿no es comunión
del cuerpo de Cristo? Porque el pan es uno, nosotros, siendo muchos, formamos
un solo cuerpo, pues todos comemos del mismo pan» (1 Co 10, 16-17).
San Agustín nos
ayuda a comprender la dinámica de la comunión eucarística cuando hace
referencia a una especie de visión que tuvo, en la cual Jesús le dijo: «Manjar
soy de grandes: crece y me comerás. Ni tú me mudarás en ti como al manjar de tu
carne, sino tú te mudarás en mí» (Confesiones
VII, 10, 18). Por eso, mientras que el alimento corporal
es asimilado por nuestro organismo y contribuye a su sustento, en el caso de la
Eucaristía se trata de un Pan diferente: no somos nosotros quienes lo
asimilamos, sino él nos asimila a sí, para llegar de este modo a ser como
Jesucristo, miembros de su cuerpo, una cosa sola con él.
Esta
transformación es decisiva. Precisamente porque es Cristo quien, en la comunión
eucarística, nos transforma en él; nuestra individualidad, en este encuentro,
se libera de su egocentrismo y se inserta en la Persona de Jesús, que a su vez
está inmersa en la comunión trinitaria. De este modo, la Eucaristía, mientras
nos une a Cristo, nos abre también a los demás, nos hace miembros los unos de
los otros: ya no estamos divididos, sino que somos uno en él…. Quien reconoce a
Jesús en la Hostia santa, lo reconoce en el hermano que sufre, que tiene hambre
y sed, que está desnudo, enfermo o en la cárcel; y está atento a cada persona,
se compromete, de forma concreta, en favor de todos aquellos que padecen
necesidad. (Benedicto XVI, 23/06/2011)
ORACIÓN
DESDE LA PALABRA DE DIOS
- Texto
Bíblico: Lc 9, 11b-17 
“11 Pero al darse
cuenta de ello la gente, lo siguieron. Él los acogió y les hablaba del reino de
Dios, al mismo tiempo que devolvía la salud a los que tenían necesidad de
curación. 12 Comenzaba ya a declinar el día, cuando se le acercaron
los doce y le dijeron: Despide ya al pueblo, para que vayan a las aldeas y
caseríos del contorno, a fin de que encuentren alojamiento y comida. Pues aquí
estamos en un lugar despoblado. 13 Él les respondió: Dadles vosotros
de comer. Pero ellos replicaron. No tenemos más que cinco panes y dos peces; a
no ser que vayamos nosotros mismos a comprar alimentos para todo el pueblo. 14
Pues había unos cinco mil hombres. Dijo entonces a sus discípulos: Haced que se
sienten por grupos de unos cincuenta cada uno. 15 Lo hicieron así y
se sentaron todos. 16 Tomó, pues, los cinco panes y los dos peces,
levantó los ojos al cielo, pronunció la bendición sobre ellos, los partió y los
iba dando a los discípulos para que los sirviesen al pueblo. 17 Comieron
todos hasta quedar saciados, y se recogieron, de lo que les sobró, doce
canastos de pedazos”.
- Pasos
para la lectio divina
1.
Lectura y comprensión del texto: Nos lleva a preguntarnos sobre el
conocimiento auténtico de su contenido ¿Qué dice el texto bíblico en sí? ¿Qué
dice la Palabra?
2.
Meditación: Sentido del texto hoy para mí ¿Qué me dice, qué nos dice hoy
el Señor a través de este texto bíblico? Dejo
que el texto ilumine mi vida, la vida de la comunidad o de mi familia, la vida
de la Iglesia en este momento.
3.
Oración: Orar el texto supone otra pregunta: ¿Qué le digo yo al Señor
como respuesta a su Palabra? El corazón se abre a la alabanza de Dios, a la
gratitud, implora y pide su ayuda, se abre a la conversión y al perdón, etc.
4.
Contemplación, compromiso: El corazón se centra en Dios. Con su misma mirada
contemplo y juzgo mi propia vida y la realidad y me pregunto: ¿Quién eres,
Señor? ¿Qué quieres que haga?
- Comentario
Es el único milagro relatado por los cuatro evangelistas: Esto nos habla de la gran importancia que atribuyeron desde el inicio a este hecho. Los cuatro se esmeran en describir los gestos realizados por Jesús: "Tomó lo cinco panes y los dos peces, alzó los ojos al cielo, pronunció la bendición -dio gracias, nos dice san Juan-, los partió y se lo dio a los discípulos para que se lo repartieran a la gente.El relato está configurado como un diálogo entre Jesús y los doce. Sólo el v. 16 rompe el desarrollo normal e introduce la intervención inesperada y milagrosa de Jesús.
Algunos
elementos del signo de los panes:
a) Dios, por medio de Jesús, ofrece el alimento
de la vida al pueblo.
b) Los apóstoles por sí mismos son incapaces de
dar de comer; sólo cuando reciben el pan que les da Cristo pueden alimentar
verdaderamente al pueblo.
c) El signo es anticipo y señal de la
eucaristía: El comportamiento de Jesús que pronuncia la bendición, parte el pan
y lo ofrece nos lleva en esta dirección.
d) Los dones del reino se ofrecen a todos y
todos están invitados. Donde la injusticia separa a unos de otros es muy
difícil recordar el gesto de la multiplicación de los panes y celebrar de
verdad la eucaristía.
Dadles vosotros de
comer.
Jesús encarga a
los apóstoles que se cuiden del pueblo.
Ellos se reconocen incapaces y no
pueden hacer nada sin la intervención del Señor. Pues sólo a los pobres y a los
débiles se da el reino de Dios.
Jesús prepara el
banquete nuevo y ordena que la gente se siente en grupos de cincuenta. También
al salir de Egipto el campamento israelita estaba agrupado: «Moisés eligió
entre todo el pueblo a hombres capaces, que puso sobre el pueblo como jefes de
millar, de cincuentena y de decena» (Ex 18,25). El banquete pascual que se
acerca despierta reminiscencias del pasado y suscita esperanzas para el futuro.
Jesús tomó los
cinco panes… pronunció la bendición.
Jesús actúa como
padre de familia en la comunidad sentada a la mesa. El evangelista subraya los
cuatro actos realizados por Jesús. La bendición de Jesús es la causa de la
comida abundante para muchos con unos pocos panes. Todo procede de Jesús; los
apóstoles son los mediadores enviados por él. Proclaman la buena nueva, curan
enfermos y sacian al pueblo. Todos se saciaron. El banquete del reino es
abundante. Jesús, como verdadero Moisés
da de comer a su pueblo. Con esto culmina la revelación en Galilea. Jesús es el
portador de la salvación de los últimos tiempos.
ORACIÓN
POR LAS VOCACIONES “AMOR DE DIOS”
Padre bueno,
Jesús nos dijo: “La mies es mucha y los obreros pocos, rogad al Dueño de la
mies para que envíe obreros a sus campos”. Y además afirmó: “Todo lo que pidáis
al Padre en mi nombre, os lo concederá”.
Confiados en esta
palabra de Jesús y en tu bondad, te pedimos vocaciones para la Iglesia y para
la Familia “Amor de Dios”, que se entreguen a la construcción del Reino desde
la civilización del amor.
Santa María,
Virgen Inmaculada, protege con tu maternal intercesión a las familias y a las
comunidades cristianas para que animen la vida de los niños y ayuden a los
jóvenes a responder con generosidad a la llamada de Jesús, para manifestar el
amor gratuito de Dios a los hombres. Amén.
”La
Iglesia pone en la boca de todos los pueblos un cántico, un solo y mismo
cántico de alabanza, y en su alma un solo símbolo, y en su corazón un solo
sentimiento de caridad”. (J. Usera)
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