"Rogad al
Dueño de la mies…”
La tarde del día de su
resurrección, Jesús, apareciéndose a los discípulos, “sopló sobre ellos y les
dijo: Recibid el Espíritu Santo”. El
Espíritu Santo se posó sobre los apóstoles con mayor fuerza aún el día de pentecostés:
“De repente un ruido del cielo –se lee en los Hechos de los Apóstoles-, como el
de un viento recio resonó en toda la casa donde se encontraban. Vieron aparecer unas lenguas, como llamaradas, que se repartían, posándose encima de cada uno” (2,2-3).
El Espíritu Santo renovó interiormente a los Apóstoles,
revistiéndolos de una fuerza que los hizo audaces
para anunciar sin miedo:” ¡Cristo ha muerto y ha resucitado!”. Libres de
todo temor comenzaron a hablar con franqueza. De pescadores atemorizados se
convirtieron en heraldos valientes del Evangelio. Tampoco sus enemigos lograron
entender cómo hombres “sin instrucción ni cultura” eran capaces de demostrar
tanto valor y de soportar las contrariedades, los sufrimientos y las
persecuciones con alegría. Nada podía detenerlos. A los que intentaban
reducirlos al silencio respondían: “Nosotros no podemos dejar de contar lo que
hemos visto y oído”. Así nació la Iglesia, que desde el día de Pentecostés no
ha dejado de extender la Buena Noticia “hasta los confines de la tierra”.
Pero para comprender la
misión de la Iglesia hemos de regresar al Cenáculo donde los discípulos
permanecían juntos, rezando con María, a la espera del Espíritu prometido. Toda
comunidad cristiana tiene que inspirarse constantemente en este icono de la
Iglesia naciente. La fecundidad apostólica y misionera no es el resultado
principalmente de programas y métodos pastorales sabiamente elaborados y
“eficientes”, sino el fruto de la oración comunitaria incesante. La eficacia de
la misión presupone, además, que las comunidades estén unidas, que tengan “un
solo corazón y una sola alma”, y que estén dispuestas a dar testimonio del amor
y la alegría que el Espíritu Santo infunde en los corazones de los creyentes.
ORACIÓN
DESDE LA PALABRA DE DIOS
-
Texto Bíblico: Jn 14, 15-26
“15 Si me amáis,
guardareis mis mandamientos. 16 Y yo le pediré al Padre que os dé otro Paráclito, que esté
siempre con vosotros, 17 el Espíritu de la verdad. El mundo no puede recibirlo, porque no lo ve ni lo
conoce; vosotros, en cambio, lo conocéis, porque mora con vosotros y
está en vosotros. 18 No os dejaré huérfanos, volveré a vosotros. 19 Dentro
de poco el mundo no me verá, pero vosotros me veréis y viviréis porque yo sigo viviendo. 20 Entonces sabréis que yo estoy en el Padre, y vosotros en mí y yo en vosotros. 21El que acepta mis
mandamientos y
los guarda, ese me ama.; y el que me ama será amado por mi Padre, y yo también lo amaré y me manifestaré a él…. 25 Os
he hablado de esto ahora que estoy a vuestro
lado, pero 26 el Paráclito, el Espíritu
Santo que enviará el Padre en mi nombre, será quien os lo enseñe todo y os vaya recordando todo lo que os he dicho”.
-Pasos
para la lectio divina
1.
Lectura y comprensión del texto: Nos lleva a preguntarnos sobre el
conocimiento auténtico de su contenido ¿Qué dice el texto bíblico en sí? ¿Qué
dice la Palabra?
2.
Meditación: Sentido del texto hoy para mí ¿Qué me dice, qué nos dice hoy
el Señor a través de este texto bíblico? Dejo
que el texto ilumine mi vida, la vida de la comunidad o de mi familia, la vida
de la Iglesia en este momento.
3.
Oración: Orar el texto supone otra pregunta: ¿Qué le digo yo al Señor
como respuesta a su Palabra? El corazón se abre a la alabanza de Dios, a la
gratitud, implora y pide su ayuda, se abre a la conversión y al perdón, etc.
4. Contemplación, compromiso: El corazón se centra en Dios. Con su misma mirada contemplo y juzgo mi propia vida y la realidad y me pregunto: ¿Quién eres, Señor? ¿Qué quieres que haga?
- Comentario
“Pediré al Padre que os dé
otro Paráclito…”
Jesús promete a sus discípulos enviar «otro Paráclito...», el Espíritu. Quiere decirles que
su paso al Padre no significa vacío ni ausencia. Su presencia está asegurada
aún después de su marcha: "No os
dejaré huérfanos".
La función del Espíritu Santo en la
etapa presente de la Historia no es hacer las veces de Cristo, ni llevar a
término su obra. Él no es el sucesor de Cristo, sino el encargado de asegurar
la presencia permanente de Cristo en su Iglesia y de que su obra de salvación
vaya siendo interiorizada y asimilada por sus seguidores. Gracias al Espíritu,
Jesús se hace presente de una forma nueva y más profunda. La
comunidad cristiana es la comunidad de Jesús y del Padre por la presencia del
Espíritu. En ella puede realizarse “la verdad” como un encuentro
con Jesús y con el Padre.
El «Espíritu de la verdad está en vosotros»: no se trata sólo de la posesión personal del Espíritu, sino del «acontecer»,
de la presencia del Espíritu en la comunidad. Él fundamenta y realiza la
comunión. La presencia del
"Paráclito" en la Iglesia le da seguridad para llevar adelante la
misión que el Resucitado le ha confiado. La Iglesia sabe que depende
enteramente de Él.
“Os lo enseñe todo y os vaya recordando todo”
Jesús habla del Espíritu como Defensor,
como Maestro: «os lo
enseñe todo», y como Memoria:
«os vaya recordando todo».
El Espíritu es el maestro de la comunidad cristiana: le va revelando la profundidad de Dios y
la conecta con Cristo y con su obra salvadora. El Catecismo de la Iglesia Católica
dedica unos números sabrosos (1091-1112) al papel del Espíritu en nuestra vida
de fe. Lo llama «pedagogo» de nuestra fe, porque él es quien nos prepara para
el encuentro con Cristo y con el Padre, el que suscita nuestra fe y nuestro
amor. “Porque si el Espíritu no toca el
corazón de los que escuchan, la palabra de los que enseñan sería vana. Si no
fuera por el Maestro interior, el maestro exterior se cansaría en vano hablando…
La palabra del predicador es inútil si no es capaz de encender el fuego del
amor en los corazones. El Espíritu Santo es el gran artífice de estas
transformaciones”. (San Gregorio Magno
Homilía 30, 1-10)
Además el Espíritu es quien «va recordando todo». Él despierta la
memoria de la Iglesia. El concepto de
memoria en el cuarto evangelio es muy importante. Hacer memoria, según el
Espíritu, no es recordar el pasado, sino actualizarlo, hacerlo realidad viva
hoy. Es un recuerdo creativo. No es una repetición literal de lo que Jesús dijo,
sino el proceso de aplicar a nuestra vida y a nuestra historia, lo que Él es y
hace y, del alcance de su vida y su mensaje hoy.
ORACIÓN
POR LAS VOCACIONES “AMOR DE DIOS”
Padre bueno, Jesús nos dijo: “La mies es mucha
y los obreros pocos, rogad al Dueño de la mies para que envíe obreros a sus
campos”. Y además afirmó: “Todo lo que pidáis al Padre en mi nombre, os lo
concederá”.
Confiados en esta
palabra de Jesús y en tu bondad, te pedimos vocaciones para la Iglesia y para
la Familia “Amor de Dios”, que se entreguen a la construcción del Reino desde
la civilización del amor.
Santa María, Virgen
Inmaculada, protege con tu maternal intercesión a las familias y a las
comunidades cristianas para que animen la vida de los niños y ayuden a los
jóvenes a responder con generosidad a la llamada de Jesús, para manifestar el
amor gratuito de Dios a los hombres. Amén.
