"Rogad al Dueño de la Mies"
DIOS ES AMOR
El amor de
Dios ha sido grande con nosotros, estamos alegres y agradecidos. Dios, como
fuente de vida nueva y eterna novedad, nos acompaña, nos conduce, nos sostiene
y nos urge.
Si el mes de
abril, siempre es significativo y entrañable para la Familia “Amor de Dios”,
este año 2013 lo es especialmente porque tiene un matiz especial: inauguramos
un Tiempo jubilar con motivo de la
celebración, en el próximo año 2014, del 150 aniversario de la Fundación de la
Congregación de las Hermanas del Amor de Dios.
Un tiempo
especial, que queremos celebrarlo con gozo, alegría y gratitud. Tiempo de
agradecimiento porque el Carisma “Amor de Dios”, a lo largo de estos años de
vida, se ha hecho presente en la Iglesia y en diferentes contextos geográficos.
Agradecimiento al Señor por la vida y la santidad de las hermanas que nos han
precedido. Ellas, impulsadas por el amor de Dios hicieron realidad en sus vidas
las bienaventuranzas, carta magna de la nueva humanidad. Don de Dios y tarea
para el día a día. Ellas vivieron el seguimiento de Jesús iluminadas e
impulsadas por el Carisma congregacional.
Fueron testigos verdaderos y, con su entrega y dedicación, hicieron
presente en sus vidas la ternura y el amor de Dios. Ellas vivieron de manera
sencilla, hicieron quizá poco ruido y hoy, al recordarlas, proclamamos que el
Señor ha estado grande con ellas y que su amor se hace presente entre nosotros
generación tras generación.
El jubileo es
tiempo de gozo y compromiso. Lo celebraremos como fiesta de familia: en
intercambio de dones para que nadie se quede sin su ración de pan y gozo para
el camino; en la comunión que fortalece toda debilidad y alienta toda
esperanza, en la entrega y en el compromiso, en la acogida y en la donación.
Todos juntos, en el amor, en la alegría, en la gratitud y en la fiesta haremos
visible el amor de Dios, la fuente de donde surgió nuestro Carisma y que sacia la sed de ayer, de hoy y de
siempre. Al Señor la alabanza, la gloria, la sabiduría y la acción de gracias.
ORACIÓN DESDE LA PALABRA DE DIOS
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Texto Bíblico: I Jn 4, 7-16
“7Queridos, amémonos
unos a otros, ya que el amor es de Dios y todo el que ama ha nacido de Dios y
conoce a Dios. 8Quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es
amor. 9En esto se manifestó el amor que Dios nos tiene: en que
Dios envió al mundo a su Unigénito, para
que vivamos por medio de a él. 10En esto consiste el amor: no en que
nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo
como víctima de propiciación por nuestros pecados.
11Queridos hermanos, si Dios nos
amó de esta manera, también nosotros debemos amarnos unos a otros. 12A
Dios nadie lo ha visto nunca. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en
nosotros y su amor de Dios ha llegado en nosotros a su plenitud. 13En
esto conocemos que permanecemos en él, y él en nosotros: en que nos ha dado su
Espíritu. 14Y nosotros hemos visto y damos testimonio de que el
Padre envió a su Hijo para ser Salvador del mundo. 15Quien confiese
que Jesús es Hijo de Dios, Dios permanece en él, y él en Dios. 16Y
nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él. Dios
es amor, y quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él”.
- Pasos para la lectio
divina
1. Lectura y comprensión del texto: Nos lleva a
preguntarnos sobre el conocimiento auténtico de su contenido ¿Qué dice el texto
bíblico en sí? ¿Qué dice la Palabra?
2. Meditación: Sentido del texto hoy para mí ¿Qué me
dice, qué nos dice hoy el Señor a través de este texto bíblico? Dejo
que el texto ilumine mi vida, la vida de la comunidad o de mi familia, la vida
de la Iglesia en este momento.
3. Oración: Orar el texto supone otra pregunta: ¿Qué
le digo yo al Señor como respuesta a su Palabra? El corazón se abre a la
alabanza de Dios, a la gratitud, implora y pide su ayuda, se abre a la
conversión y al perdón, etc.
4. Contemplación, compromiso: El corazón se centra en Dios.
Con su misma mirada contemplo y juzgo mi propia vida y la realidad y me
pregunto: ¿Quién eres, Señor? ¿Qué quieres que haga?
-
Comentario
En
el texto se establece el criterio determinante de la identidad cristiana que
consiste en una correcta relación entre la fe y el amor. La fe verdadera y el
amor mutuo son dos aspectos inseparables de un único criterio y sirven para
valorar en qué medida el cristiano es fiel a su fe en la vida de cada día. El tema del amor centra la atención del
pasaje. La afirmación central: Dios es
amor, es una de las célebres descripciones de san Juan sobre la naturaleza
profunda de Dios que, además de amor, es espíritu
(Jn 4,24) y es luz, (I Jn 1,5).
Dios es amor…
San
Juan nos ofrece una descripción existencial de Dios, es decir, nos recuerda que
Dios se ha dado a conocer en su Hijo, como un Dios que nos ama; un Dios cuya
actividad más específica es el amor. El Padre es esencialmente don,
comunicación; ama a su Hijo Jesucristo y a través de él nos ama a todos. Por
esto envía al mundo a su Hijo y lo entrega hasta la muerte en la cruz. El amor
ha adquirido así un nombre, un rostro: Jesucristo. Por él y en él sabemos lo
que significa amar. Dios, que es Padre, vuelca en nuestro yo más profundo su
amor, mediante el Espíritu Santo. Y este amor, que se ha manifestado plenamente
en Jesucristo, interpela a nuestra existencia, pide una respuesta personal. El
amor de Dios alcanza siempre a aquellos que se dejan encontrar. La fe se
alimenta de esta certeza: «16Y nosotros hemos conocido el
amor que Dios nos tiene y hemos creído en él».
Este amor nos alienta en el camino de la vida y en el futuro, nos hace confiar
en nosotros, en la historia y en los demás. Dios cuida del hombre desde la creación hasta
el fin de los tiempos, cuando llevará a cabo su proyecto de salvación. ¡En el
Señor resucitado tenemos la certeza de nuestra fe y de nuestra esperanza!
Si Dios nos ha amado
así, también nosotros debemos amarnos mutuamente…
La
exhortación a amarnos como hermanos brota de la convicción de fe de que Dios ha
tomado la iniciativa y nos ha amado primero. La respuesta al amor de Dios se
concretiza en el amor a los hermanos. Un amor que tiene las mismas características
del amor de Jesús: servicial, generoso, gratuito y sin medida. El único modo de verificar si somos
hijos de Dios, si tenemos fe, es amar a los demás. Esta es la novedad del
Evangelio: el amor al prójimo se convierte en signo sacramental del amor de Dios
y en criterio verificador del amor a Dios.
La consecuencia es clara: quien ama va adentrándose en el conocimiento de
Dios, en una relación más íntima y personal con Él. Va descubriendo con más
hondura su dignidad de hijo de Dios y de hermano de todos.
ORACIÓN POR LAS VOCACIONES “AMOR DE
DIOS”
Padre bueno, Jesús nos dijo: “La mies es mucha y los
obreros pocos, rogad al Dueño de la mies para que envíe obreros a sus campos”.
Y además afirmó: “Todo lo que pidáis al Padre en mi nombre, os lo concederá”.
Confiados en esta palabra de Jesús y en tu bondad,
te pedimos vocaciones para la Iglesia y para la Familia “Amor de Dios”, que se
entreguen a la construcción del Reino desde la civilización del amor.
Santa María, Virgen Inmaculada, protege con tu
maternal intercesión a las familias y a las comunidades cristianas para que
animen la vida de los niños y ayuden a los jóvenes a responder con generosidad
a la llamada de Jesús, para manifestar el amor gratuito de Dios a los hombres.
Amén.
“Hacedlo todo por amor de Dios y para Dios, que es la manera más
generosa y noble de amar. Tendréis como enseña entregaros por el santo amor de
Dios”. (J. Usera)