lunes, 1 de abril de 2013

Boletín nº 45: "Dios es Amor"


"Rogad al Dueño de la Mies"

DIOS ES AMOR


El amor de Dios ha sido grande con nosotros, estamos alegres y agradecidos. Dios, como fuente de vida nueva y eterna novedad, nos acompaña, nos conduce, nos sostiene y nos urge.
Si el mes de abril, siempre es significativo y entrañable para la Familia “Amor de Dios”, este año 2013 lo es especialmente porque tiene un matiz especial: inauguramos un Tiempo jubilar con motivo de la celebración, en el próximo año 2014, del 150 aniversario de la Fundación de la Congregación de las Hermanas del Amor de Dios.
Un tiempo especial, que queremos celebrarlo con gozo, alegría y gratitud. Tiempo de agradecimiento porque el Carisma “Amor de Dios”, a lo largo de estos años de vida, se ha hecho presente en la Iglesia y en diferentes contextos geográficos. Agradecimiento al Señor por la vida y la santidad de las hermanas que nos han precedido. Ellas, impulsadas por el amor de Dios hicieron realidad en sus vidas las bienaventuranzas, carta magna de la nueva humanidad. Don de Dios y tarea para el día a día. Ellas vivieron el seguimiento de Jesús iluminadas e impulsadas por el Carisma congregacional.  Fueron testigos verdaderos y, con su entrega y dedicación, hicieron presente en sus vidas la ternura y el amor de Dios. Ellas vivieron de manera sencilla, hicieron quizá poco ruido y hoy, al recordarlas, proclamamos que el Señor ha estado grande con ellas y que su amor se hace presente entre nosotros generación tras generación.

El jubileo es tiempo de gozo y compromiso. Lo celebraremos como fiesta de familia: en intercambio de dones para que nadie se quede sin su ración de pan y gozo para el camino; en la comunión que fortalece toda debilidad y alienta toda esperanza, en la entrega y en el compromiso, en la acogida y en la donación. Todos juntos, en el amor, en la alegría, en la gratitud y en la fiesta haremos visible el amor de Dios, la fuente de donde surgió nuestro Carisma y  que sacia la sed de ayer, de hoy y de siempre. Al Señor la alabanza, la gloria, la sabiduría y la acción de gracias.


ORACIÓN DESDE LA PALABRA DE DIOS
- Texto Bíblico: I Jn 4, 7-16   

7Queridos, amémonos unos a otros, ya que el amor es de Dios y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. 8Quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor. 9En esto se manifestó el amor que Dios nos tiene: en que Dios  envió al mundo a su Unigénito, para que vivamos por medio de a él. 10En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo como víctima de propiciación por nuestros pecados.
11Queridos hermanos, si Dios nos amó de esta manera, también nosotros debemos amarnos unos a otros. 12A Dios nadie lo ha visto nunca. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros y su amor de Dios ha llegado en nosotros a su plenitud. 13En esto conocemos que permanecemos en él, y él en nosotros: en que nos ha dado su Espíritu. 14Y nosotros hemos visto y damos testimonio de que el Padre envió a su Hijo para ser Salvador del mundo. 15Quien confiese que Jesús es Hijo de Dios, Dios permanece en él, y él en Dios. 16Y nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él. Dios es amor, y quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él”.

- Pasos para la lectio divina
1. Lectura y comprensión del texto: Nos lleva a preguntarnos sobre el conocimiento auténtico de su contenido ¿Qué dice el texto bíblico en sí? ¿Qué dice la Palabra?
2. Meditación: Sentido del texto hoy para mí ¿Qué me dice, qué nos dice hoy el Señor a través de este texto bíblico? Dejo que el texto ilumine mi vida, la vida de la comunidad o de mi familia, la vida de la Iglesia en este momento.
3. Oración: Orar el texto supone otra pregunta: ¿Qué le digo yo al Señor como respuesta a su Palabra? El corazón se abre a la alabanza de Dios, a la gratitud, implora y pide su ayuda, se abre a la conversión y al perdón, etc.
4. Contemplación, compromiso: El corazón se centra en Dios. Con su misma mirada contemplo y juzgo mi propia vida y la realidad y me pregunto: ¿Quién eres, Señor? ¿Qué quieres que haga?

-  Comentario

En el texto se establece el criterio determinante de la identidad cristiana que consiste en una correcta relación entre la fe y el amor. La fe verdadera y el amor mutuo son dos aspectos inseparables de un único criterio y sirven para valorar en qué medida el cristiano es fiel a su fe en la vida de cada día.  El tema del amor centra la atención del pasaje. La afirmación central: Dios es amor, es una de las célebres descripciones de san Juan sobre la naturaleza profunda de Dios que, además de amor, es espíritu (Jn 4,24) y es luz, (I Jn 1,5).

Dios es amor
San Juan nos ofrece una descripción existencial de Dios, es decir, nos recuerda que Dios se ha dado a conocer en su Hijo, como un Dios que nos ama; un Dios cuya actividad más específica es el amor. El Padre es esencialmente don, comunicación; ama a su Hijo Jesucristo y a través de él nos ama a todos. Por esto envía al mundo a su Hijo y lo entrega hasta la muerte en la cruz. El amor ha adquirido así un nombre, un rostro: Jesucristo. Por él y en él sabemos lo que significa amar. Dios, que es Padre, vuelca en nuestro yo más profundo su amor, mediante el Espíritu Santo. Y este amor, que se ha manifestado plenamente en Jesucristo, interpela a nuestra existencia, pide una respuesta personal. El amor de Dios alcanza siempre a aquellos que se dejan encontrar. La fe se alimenta de esta certeza: «16Y nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él». Este amor nos alienta en el camino de la vida y en el futuro, nos hace confiar en nosotros, en la historia y en los demás.  Dios cuida del hombre desde la creación hasta el fin de los tiempos, cuando llevará a cabo su proyecto de salvación. ¡En el Señor resucitado tenemos la certeza de nuestra fe y de nuestra esperanza!

Si Dios nos ha amado así, también nosotros debemos amarnos mutuamente
La exhortación a amarnos como hermanos brota de la convicción de fe de que Dios ha tomado la iniciativa y nos ha amado primero. La respuesta al amor de Dios se concretiza en el amor a los hermanos. Un amor que tiene las mismas características del amor de Jesús: servicial, generoso, gratuito y sin medida. El único modo de verificar si somos hijos de Dios, si tenemos fe, es amar a los demás. Esta es la novedad del Evangelio: el amor al prójimo se convierte en signo sacramental del amor de Dios y en criterio verificador del amor a Dios. La consecuencia es clara: quien ama va adentrándose en el conocimiento de Dios, en una relación más íntima y personal con Él. Va descubriendo con más hondura su dignidad de hijo de Dios y de hermano de todos.




ORACIÓN POR LAS VOCACIONES “AMOR DE DIOS”
Padre bueno, Jesús nos dijo: “La mies es mucha y los obreros pocos, rogad al Dueño de la mies para que envíe obreros a sus campos”. Y además afirmó: “Todo lo que pidáis al Padre en mi nombre, os lo concederá”.
Confiados en esta palabra de Jesús y en tu bondad, te pedimos vocaciones para la Iglesia y para la Familia “Amor de Dios”, que se entreguen a la construcción del Reino desde la civilización del amor.
Santa María, Virgen Inmaculada, protege con tu maternal intercesión a las familias y a las comunidades cristianas para que animen la vida de los niños y ayuden a los jóvenes a responder con generosidad a la llamada de Jesús, para manifestar el amor gratuito de Dios a los hombres. Amén.

“Hacedlo todo por amor de Dios y para Dios, que es la manera más generosa y noble de amar. Tendréis como enseña entregaros por el santo amor de Dios”.  (J. Usera)