viernes, 28 de febrero de 2014

Boletín nº 56: ¡EVANGELIO, EVANGELIO! (marzo 2014)


"ROGAD AL DUEÑO DE LA MIES..."


San Francisco nos repite: “¡Evangelio, Evangelio!” Me lo dice también a mí: ¡Papa Francisco, sé servidor del Evangelio! Si yo no logro ser un servidor del Evangelio, ¡mi vida no vale nada! El Evangelio es el mensaje de salvación de Dios para la humanidad. ¡Pero cuando decimos “mensaje de salvación”, no es una forma de hablar, no son meras palabras! ¡La humanidad necesita realmente ser salvada! Lo vemos todos los días cuando leemos el periódico, o escuchamos las noticias, pero también lo vemos a nuestro alrededor, en las personas, en las situaciones…, y lo vemos en nosotros mismos! ¡Cada uno de nosotros tiene necesidad de salvación! ¡Solos no podemos! ¡Tenemos necesidad de salvación! ¿Salvación de qué? Del mal. El mal obra, hace su trabajo. Pero el mal no es invencible y el cristiano no se resigna ante el mal. Nuestro secreto es que Dios es más grande que el mal: ¡es verdad, Dios es más grande que el mal! Dios es amor infinito, misericordia sin límites, y este Amor ha vencido el mal en su raíz en la muerte y resurrección de Cristo. ¡Éste es el Evangelio, la Buena Nueva: el amor de Dios ha ganado! Cristo murió en la cruz por nuestros pecados y resucitó. Con Él podemos luchar contra el mal y vencerlo todos los días. ¿Creemos en ello, o no? El sí de la fe debe ir en la vida. Si yo creo que Jesús venció el mal y me salvará, debo seguir a Jesús, debo ir por el camino de Jesús toda la vida. El Evangelio tiene dos destinos: suscitar la fe, y ésta es la evangelización; y transformar el mundo según el designio de Dios, y ésta es la animación cristiana de la sociedad. Pero no son dos cosas separadas, son una sola misión: ¡llevar el Evangelio a través del testimonio de nuestras vidas transforma el mundo! San Francisco dijo a sus hermanos: “Prediquen siempre el Evangelio y, si fuera necesario, ¡también con las palabras!” El Evangelio se puede anunciar sin las palabras ¡Sí, con el testimonio! Primero, el testimonio, luego, las palabras. (Papa Francisco en Asís, 4 /10/ 2013)


ORACIÓN DESDE LA PALABRA DE DIOS

- Texto Bíblico: 2 Cor 5,14-17
« 14Porque nos apremia el amor de Cristo al considerar que, si uno murió por todos, todos murieron. 15 Y Cristo murió por todos, para que los que  vive, ya no vivan para sí, sino para el que murió y resucitó por ellos.
16De modo que, desde ahora no conocemos a nadie según la carne; si alguna vez conocimos a Cristo según la carne, ahora ya no lo conocemos así. 17 Por tanto, si alguno está en Cristo es una criatura nueva. Lo viejo ha pasado, ha comenzado lo nuevo».

Pasos para la lectio divina

1. Lectura y comprensión del texto: Nos lleva a preguntarnos sobre el conocimiento auténtico de su contenido ¿Qué dice el texto bíblico en sí? ¿Qué dice la Palabra?
2. Meditación: Sentido del texto hoy para mí ¿Qué me dice, qué nos dice hoy el Señor a través de este texto bíblico? Dejo que el texto ilumine mi vida, la vida de la comunidad o de mi familia, la vida de la Iglesia en este momento.
3. Oración: Orar el texto supone otra pregunta: ¿Qué le digo yo al Señor como respuesta a su Palabra? El corazón se abre a la alabanza de Dios, a la gratitud, implora y pide su ayuda, se abre a la conversión y al perdón, etc.
4. Contemplación, compromiso: El corazón se centra en Dios. Con su misma mirada contemplo y juzgo mi propia vida y la realidad y me pregunto: ¿Quién eres, Señor? ¿Qué quieres que haga?

COMENTARIO
San Pablo explica su modo de comportarse: el amor de Cristo lo apremia. Esta expresión, "el amor de Cristo" no es tanto el amor del Apóstol por Cristo, sino el amor de Cristo hacia él. La convicción de que Cristo ha muerto por todos ha transformado la vida de Pablo y su comprensión de Cristo. El Apóstol llega a esta conclusión: los que están en Cristo son "una nueva creación". Son la Nueva Humanidad inaugurada.

“Nos apremia el amor de Cristo”
Pablo está poseído por una fuerza extraña que lo "apremia": El amor de Cristo. Cristo lo ha alcanzado con su amor, lo sostiene y lo impulsa. Y así dice: "Es Cristo quien vive en mí... me amó y se entregó por mí" (Gal 2,20).EI amor de Cristo se reveló en plenitud cuando Cristo murió por todos. Este "por" puede significar una sustitución: murió "en lugar de" aquellos que eran reos de muerte. O puede significar también que Él entregó su vida "en favor de" los hombres y para su salvación. Por lo cual todos participamos de los dones de Cristo: su amor, el Espíritu, la bendición divina, su filiación divina y la participación en la vida prometida.
La comunión en la muerte de Cristo es también comunión en su vida. Vivimos con Cristo resucitado: «Si hemos muerto con Cristo, también viviremos con él». Los que participan de esta vida nueva, no pueden vivir para sí, sino que viven para Aquel que murió y resucitó por ellos: «Ninguno de nosotros vive para sí mismo, y ninguno muere para sí mismo... pertenecemos al Señor» (Rom 14,7-8). Como Cristo vivió por todos, también los cristianos estamos llamados a dejarnos penetrar por su amor y pode decir: "el amor de Cristo nos apremia...", Por eso nos entregamos sin límites a Él y a los demás.


“Si alguno está en Cristo es una nueva criatura”
De la muerte de Cristo surge la Nueva Vida, de la que participan quienes han muerto con Cristo. La Iglesia es una nueva creación. El cristiano es el hombre nuevo. El viejo mundo, con su pecado ha desaparecido. La nueva creación existe, aunque está aun oculta en Cristo. Cuando Cristo se manifieste en su gloria, se manifestará esta nueva creación. Mientras tanto, realizamos la nueva vida día a día, como una tarea. Pablo no alude a una salvación lejana y futura, sino que anuncia una salvación que ya se ha realizado. «Ahora es el tiempo favorable; ahora es el día de la salvación» (2Cor 6,2).  La fe lo sabe con certeza y vive de ella. La palabra de Dios lo confirma: « Todo lo hago nuevo» (Ap 21,5).

ORACIÓN POR LAS VOCACIONES  “AMOR DE DIOS”

Padre bueno, Jesús nos dijo: “La mies es mucha y los obreros pocos, rogad al Dueño de la mies para que envíe obreros a sus campos”.
Y además afirmó: “Todo lo que pidáis al Padre en mi nombre, os lo concederá”.
Confiados en esta palabra de Jesús y en tu bondad,  te pedimos vocaciones para la Iglesia y para la Familia “Amor de Dios”, que se entreguen a la construcción del Reino desde la civilización del amor.
Santa María, Virgen Inmaculada, protege con tu maternal intercesión a las familias y a las comunidades cristianas para que animen la vida de los niños y ayuden a los jóvenes a responder con generosidad a la llamada de Jesús, para manifestar el amor gratuito de Dios a los hombres. Amén.



«El porvenir del mundo está reservado a la ley santa de Cristo. Ley de amor y de conveniencia para todos: para el pobre y para el rico: para el sabio y para el ignorante: para el que manda y para el que obedece para el que sufre y para el que no sufre, si por ventura hay alguno».


(J. Usera)