"ROGAD AL DUEÑO DE LA MIES..."
San Francisco
nos repite: “¡Evangelio, Evangelio!” Me lo dice también a mí: ¡Papa Francisco,
sé servidor del Evangelio! Si yo no logro ser un servidor del Evangelio, ¡mi
vida no vale nada! El Evangelio es el mensaje de salvación de Dios para la
humanidad. ¡Pero cuando decimos “mensaje de salvación”, no es una forma de
hablar, no son meras palabras! ¡La humanidad necesita realmente ser salvada! Lo
vemos todos los días cuando leemos el periódico, o escuchamos las noticias,
pero también lo vemos a nuestro alrededor, en las personas, en las
situaciones…, y lo vemos en nosotros mismos! ¡Cada uno de nosotros tiene
necesidad de salvación! ¡Solos no podemos! ¡Tenemos necesidad de salvación!
¿Salvación de qué? Del mal. El mal obra, hace su trabajo. Pero el mal no es
invencible y el cristiano no se resigna ante el mal. Nuestro secreto es que
Dios es más grande que el mal: ¡es verdad, Dios es más grande que el mal! Dios
es amor infinito, misericordia sin límites, y este Amor ha vencido el mal en su
raíz en la muerte y resurrección de Cristo. ¡Éste es el Evangelio, la Buena
Nueva: el amor de Dios ha ganado! Cristo murió en la cruz por nuestros pecados
y resucitó. Con Él podemos luchar contra el mal y vencerlo todos los días.
¿Creemos en ello, o no? El sí de la fe debe ir en la vida. Si yo creo que Jesús
venció el mal y me salvará, debo seguir a Jesús, debo ir por el camino de Jesús
toda la vida. El Evangelio tiene dos destinos: suscitar la fe, y ésta es la
evangelización; y transformar el mundo según el designio de Dios, y ésta es la
animación cristiana de la sociedad. Pero no son dos cosas separadas, son una
sola misión: ¡llevar el Evangelio a través del testimonio de nuestras vidas
transforma el mundo! San Francisco dijo a sus hermanos: “Prediquen siempre el
Evangelio y, si fuera necesario, ¡también con las palabras!” El Evangelio se
puede anunciar sin las palabras ¡Sí, con el testimonio! Primero, el testimonio,
luego, las palabras. (Papa Francisco en Asís, 4 /10/ 2013)
ORACIÓN
DESDE LA PALABRA DE DIOS
- Texto
Bíblico: 2 Cor 5,14-17
16De modo que, desde ahora no conocemos a nadie según la carne; si alguna vez
conocimos a Cristo según la carne, ahora ya no lo conocemos así. 17 Por
tanto, si alguno está en Cristo es una criatura nueva. Lo viejo ha pasado, ha
comenzado lo nuevo».
Pasos
para la lectio divina
1.
Lectura y comprensión del texto: Nos lleva a preguntarnos sobre el
conocimiento auténtico de su contenido ¿Qué dice el texto bíblico en sí? ¿Qué
dice la Palabra?
2.
Meditación: Sentido del texto hoy para mí ¿Qué me dice, qué nos dice hoy
el Señor a través de este texto bíblico? Dejo
que el texto ilumine mi vida, la vida de la comunidad o de mi familia, la vida
de la Iglesia en este momento.
3.
Oración: Orar el texto supone otra pregunta: ¿Qué le digo yo al Señor
como respuesta a su Palabra? El corazón se abre a la alabanza de Dios, a la
gratitud, implora y pide su ayuda, se abre a la conversión y al perdón, etc.
4.
Contemplación, compromiso: El corazón se centra en Dios. Con su misma
mirada contemplo y juzgo mi propia vida y la realidad y me pregunto: ¿Quién
eres, Señor? ¿Qué quieres que haga?
COMENTARIO
San Pablo
explica su modo de comportarse: el amor de Cristo lo apremia. Esta expresión,
"el amor de Cristo" no es tanto el amor del Apóstol por Cristo, sino
el amor de Cristo hacia él. La convicción de que Cristo ha muerto por todos ha
transformado la vida de Pablo y su comprensión de Cristo. El Apóstol llega a
esta conclusión: los que están en Cristo son "una nueva creación".
Son la Nueva Humanidad inaugurada.
“Nos apremia el amor de
Cristo”
Pablo está
poseído por una fuerza extraña que lo "apremia": El amor de Cristo.
Cristo lo ha alcanzado con su amor, lo sostiene y lo impulsa. Y así dice:
"Es Cristo quien vive en mí... me amó y se entregó por mí" (Gal 2,20).EI amor de
Cristo se reveló en plenitud cuando Cristo murió por todos. Este
"por" puede significar una sustitución: murió "en lugar de"
aquellos que eran reos de muerte. O puede significar también que Él entregó su
vida "en favor de" los hombres y para su salvación. Por lo cual todos participamos
de los dones de Cristo: su amor, el Espíritu, la bendición divina, su filiación
divina y la participación en la vida prometida.
La
comunión en la muerte de Cristo es también comunión en su vida. Vivimos con Cristo
resucitado: «Si hemos muerto con Cristo, también viviremos con él». Los que
participan de esta vida nueva, no pueden vivir para sí, sino que viven para Aquel
que murió y resucitó por ellos: «Ninguno de nosotros vive para sí mismo, y
ninguno muere para sí mismo... pertenecemos al Señor» (Rom 14,7-8). Como
Cristo vivió por todos, también los cristianos estamos llamados a dejarnos
penetrar por su amor y pode decir: "el amor de Cristo
nos apremia...", Por eso nos entregamos sin
límites a Él y a los demás.
“Si alguno está en Cristo es
una nueva criatura”
De la muerte de
Cristo surge la Nueva Vida, de la que participan quienes han muerto con Cristo.
La Iglesia es una nueva creación. El cristiano es el hombre nuevo. El viejo
mundo, con su pecado ha desaparecido. La nueva creación existe, aunque está aun
oculta en Cristo. Cuando Cristo se manifieste en su gloria, se manifestará esta
nueva creación. Mientras tanto, realizamos la nueva vida día a día, como una
tarea. Pablo no alude a una salvación lejana y futura, sino que anuncia una
salvación que ya se ha realizado. «Ahora es el tiempo favorable; ahora es el
día de la salvación» (2Cor 6,2). La fe
lo sabe con certeza y vive de ella. La palabra de Dios lo confirma: « Todo lo
hago nuevo» (Ap 21,5).
ORACIÓN
POR LAS VOCACIONES “AMOR DE DIOS”
Padre bueno,
Jesús nos dijo: “La mies es mucha y los obreros pocos, rogad al Dueño de la
mies para que envíe obreros a sus campos”.
Y además afirmó: “Todo
lo que pidáis al Padre en mi nombre, os lo concederá”.
Confiados en esta
palabra de Jesús y en tu bondad, te
pedimos vocaciones para la Iglesia y para la Familia “Amor de Dios”, que se
entreguen a la construcción del Reino desde la civilización del amor.
Santa María, Virgen
Inmaculada, protege con tu maternal intercesión a las familias y a las
comunidades cristianas para que animen la vida de los niños y ayuden a los
jóvenes a responder con generosidad a la llamada de Jesús, para manifestar el
amor gratuito de Dios a los hombres. Amén.
«El
porvenir del mundo está reservado a la ley santa de Cristo. Ley de amor y de
conveniencia para todos: para el pobre y para el rico: para el sabio y para el
ignorante: para el que manda y para el que obedece para el que sufre y para el
que no sufre, si por ventura hay alguno».
(J. Usera)