La
familia es la vocación que Dios ha escrito en la naturaleza del hombre y de la
mujer, pero hay otra vocación complementaria al matrimonio: la llamada a la
virginidad por el Reino de los Cielos. Es la vocación que el mismo Jesús vivió.
Hay dos elementos esenciales para reconocer la vocación al sacerdocio o a la vida
consagrada. Orar y caminar en la Iglesia.
Las dos van de la mano, se entrelazan. En el origen de toda vocación a la vida
consagrada siempre hay una fuerte experiencia de Dios ¡una experiencia que no
se olvida, se recuerda para toda la vida! Es aquella que
tuvo Francisco. Y esto no lo podemos ni calcular ni programar. ¡Dios
siempre nos sorprende! Es Dios el que llama; pero es importante tener una
relación diaria con Él, escucharlo en silencio ante el Tabernáculo y dentro de
nosotros mismos, hablarle, acercarse a los Sacramentos. Tener esta relación
familiar con el Señor es como tener abierta la ventana de nuestra vida, para
que Él nos haga escuchar su voz, lo que quiere de nosotros. Sería lindo
escuchar aquí a los sacerdotes, a las religiosas… Sería lindísimo, porque cada
historia es única, pero todas empiezan con un encuentro que ilumina en lo
profundo, que toca el corazón y envuelve a toda la persona: afecto, intelecto,
sentidos, todo. La relación con Dios no concierne sólo a una parte de nosotros
mismos, sino que abarca todo. Es un amor tan grande, tan hermoso, tan
verdadero, que merece todo y merece toda nuestra confianza. Me gustaría decir
una cosa con fuerza, sobre todo hoy: ¡la virginidad por el Reino de Dios no es
un “no” es un “sí”! Por supuesto, implica la renuncia a un vínculo conyugal y a
una familia propia, pero la base es el “sí” como respuesta al “sí” total de
Cristo hacia nosotros, y este “sí” hace fecundos.
ORACIÓN
DESDE LA PALABRA DE DIOS

« Yendo camino de Jerusalén, Jesús pasaba entre
Samaría y Galilea. Cuando iba a entrar en una ciudad, vinieron a su encuentro
diez hombres leprosos, que se pararon a lo lejos y a gritos le decían: «
¡Jesús, maestro, ten compasión de nosotros!» Al verlos, les dijo: «Id a
presentaros a los sacerdotes.» Y sucedió que, mientras iban de camino, quedaron
limpios. Uno de ellos, viendo que estaba curado, se volvió alabando a Dios a
grandes gritos y se postró a los pies de Jesús, rostro en tierra, dándole
gracias. Este era un samaritano. Jesús, tomó la palabra y dijo: « ¿No han
quedado limpios los diez; los otros nueve, ¿dónde están? ¿No ha habido quien
volviera a dar gloria más que este extranjero?» Y dijo: «Levántate y vete; tu
fe te ha salvado.»
- Pasos para la lectio divina
1.
Lectura y comprensión del texto: Nos lleva a preguntarnos sobre el
conocimiento auténtico de su contenido ¿Qué dice el texto bíblico en sí? ¿Qué
dice la Palabra?
2.
Meditación: Sentido del texto hoy para mí ¿Qué me dice, qué nos dice hoy
el Señor a través de este texto bíblico? Dejo
que el texto ilumine mi vida, la vida de la comunidad o de mi familia, la vida
de la Iglesia en este momento.
3.
Oración: Orar el texto supone otra pregunta: ¿Qué le digo yo al Señor
como respuesta a su Palabra? El corazón se abre a la alabanza de Dios, a la
gratitud, implora y pide su ayuda, se abre a la conversión y al perdón, etc.
4.
Contemplación, compromiso: El corazón se centra en Dios. Con su misma mirada
contemplo y juzgo mi propia vida y la realidad y me pregunto: ¿Quién eres,
Señor? ¿Qué quieres que haga?
- Comentario
El que recibe el
don de Dios debe ser agradecido. Para ilustrar esta actitud del creyente, Lucas
cuenta la curación de los diez leprosos que acuden a Jesús pidiendo compasión.
Sólo un extranjero tuvo bastante fe para reconocer la bondad de Dios que
actuaba en Jesús. El elogio del samaritano se convierte en un reproche para los
hijos de Israel, y en anuncio de la entrada de los paganos en la Iglesia.
“Viendo que estaba curado, se
volvió….”
Jesús esperaba
que volvieran todos. Pero sólo uno de ellos, samaritano, se volvió para buscar
a Jesús. Necesita encontrarse con Jesús. Al encontrarlo, se postró a los pies, rostro en tierra, dándole gracias. Siente que
para él comienza una vida nueva. En adelante, todo será diferente: podrá vivir
de manera más digna y dichosa. Sabe a quién se lo debe. Sabe que la fuerza
salvadora de Jesús solo puede tener su origen en Dios. Sabe que Jesús es su
único Salvador. Ahora siente algo nuevo por ese Padre Bueno del que habla
Jesús. No lo olvidará jamás. En adelante vivirá dando gracias a Dios. Lo
alabará gritando con todas sus fuerzas. Todos han de saber que se siente amado
por él.
En el samaritano
encontramos la gratitud, la alabanza, la confesión de la propia pobreza delante
de Dios. Sólo cuando se experimenta la gratuidad de la salvación, se siente la
gratitud. La gratitud es respuesta a una experiencia personal determinante:
“Dios me ha salvado”. Dios continúa salvándome. Dios va entretejiendo con un "hilo
de oro" nuestra historia de salvación, los momentos gozosos y los
dolorosos. Agradecer es la forma más sencilla de reconocer lo que Dios nos da gratis.
“Levántate y vete; tu fe te ha
salvado.”
Jesús denuncia
los privilegios de Israel para ofrecer una salvación que alcanza a todos. Dios
ama sin fronteras y ofrece una salvación sin fronteras.
El camino de la
salvación está abierto a todos, incluso a los extranjeros, a los pecadores, a
los gentiles. Lo que salva es la fe, la decisión y entrega a la palabra de
Jesús y a la acción salvífica de Dios a través de él.
Los discípulos
de Jesús sabemos y sentimos que la salvación de Jesús humaniza y rompe
fronteras. Nuestro mundo necesita recibir el mensaje salvador. Estamos llamados
a ser testigos convincentes y convencidos de esta verdad consoladora: anunciar a todos el amor de Dios. Hemos recibido amor
y lo damos gratuitamente a todos.
Noticias vocacionales “Amor de Dios”
El día 1 de
febrero emitirán su profesión religiosa, en el noviciado de Lubango
(Angola), las novicias: Rotina Artur
António, Beatriz Manuel Tubarão, Berta Alberto Lopes, Sebastiana Francisco
Castiano, Teresa Benedita Vahueque, Joana Ernesto José e Albertina Bonita
Alberto Emílio.
El
día 25 de enero comenzaron el noviciado en Lubango las
postulantes: Graciela Carvalho Jacinto, Angilda Maria João Joaquim, Celestina
Paulo António, Marnela Vasco Sulemane, Francisca Tarcisio Matola.
ORACIÓN
POR LAS VOCACIONES “AMOR DE DIOS”
Padre bueno, Jesús nos dijo:”La mies es mucha y los obreros pocos, rogad
al Dueño de la mies para que envíe obreros a sus campos”. Y además afirmó:
“Todo lo que pidáis al Padre en mi nombre, os lo concederá”.
Confiados en esta palabra de Jesús y en tu bondad, te pedimos vocaciones
para la Iglesia y para la Familia “Amor de Dios”, que se entreguen a la
construcción del Reino desde la civilización del amor.
Santa María, Virgen Inmaculada, protege con tu maternal intercesión a las
familias y a las comunidades cristianas para que animen la vida de los niños y
ayuden a los jóvenes a responder con generosidad a la llamada de Jesús, para manifestar
el amor gratuito de Dios a los hombres. Amén.
« ¡Cuantas gracias debemos al
Señor por la señala merced que hizo a la Santísima Virgen, y al mundo por ella,
escogiéndola por madre suya y abogada de los pecadores! Por mediación de María
todos tenemos entrada hasta el trono de la divina misericordia.» (J.
Usera)

