El Evangelio tiene
que ser anunciado con sencillez y gratuidad. Una palabra clave de Jesús es: “Gratis habéis recibido, dad gratis”.
Todo
es gracia, y cuando la gracia es dejada un poco de lado, el evangelio no es
eficaz. La predicación del evangelio nace de la
gratuidad, del asombro de la salvación que viene, y aquello que me dieron de
forma gratuita, tengo que darlo de forma gratuita.
San Pedro no tenía una cuenta
bancaria, y cuando tuvo que pagar impuestos, el Señor lo envió al mar a pescar un pez y encontrar la moneda
dentro del pez, para pagar. Felipe, cuando encontró al
ministro de economía de la reina Candace, no pensó: Ah, bien, hagamos una
organización para sostener el Evangelio…’ ¡No! No ha hecho un ‘negocio’ con él:
anunció, bautizó y se marchó.
Siempre, en la Iglesia, ha existido la tentación de
buscar la fuerza fuera en la gratuidad. Y esto crea un poco de confusión y así
el anuncio parece proselitismo. El Señor nos ha invitado a anunciar, no a hacer
prosélitos. La Iglesia crece no por proselitismo, sino por atracción (Benedicto
XVI). Y esta atracción viene del testimonio de aquellos que desde la gratuidad
anuncian la gratuidad de la salvación: Todo es gracia. Los signos de que un apóstol vive esta
gratuidad son la pobreza y la alabanza. El anuncio del Evangelio debe ir por el
camino de la pobreza. El testimonio de esta pobreza: no tengo riquezas, mi
riqueza es solamente el don que he recibido, Dios. La gratuidad: ¡ésta es
nuestra riqueza! La pobreza nos salva del convertirnos en organizadores,
empresarios…. La Iglesia no es una ONG. La Iglesia nace de la gratuidad. El
otro signo es la capacidad de alabanza: cuando un apóstol no vive esta
gratuidad, pierde la capacidad de alabar al Señor. Alabar el Señor, de hecho,
es esencialmente gratuito: no pedimos, sólo alabamos. Cuando se quiere hacer
una Iglesia rica y sin la gratuidad de la alabanza, la Iglesia envejece, la Iglesia no tiene vida. (Homilía del papa Francisco 11 de junio de 2013)
ORACIÓN DESDE LA PALABRA DE DIOS
«7 Id y proclamad que ha llegado
el reino de los cielos. 8 Curad enfermos, resucitad muertos, limpiad
leprosos, arrojad demonios. Gratis habéis recibido, dad gratis. 9 No
os procuréis en la faja oro, plata ni cobre; 10 ni tampoco alforja
para el camino, ni dos túnicas, ni sandalias, ni bastón; bien merece el obrero
su sustento. 11 Cuando entréis en una ciudad o aldea, averiguad
quien hay de confianza y quedaos en su casa hasta que os vayáis. 12
Al entrar en la casa, saludadla con la paz; 13 si la casa se lo
merece, vuestra paz vendrá a ella. Si no se lo merece, la paz volverá a vosotros.
Pasos
para la lectio divina:
1.
Lectura y comprensión del texto: Nos lleva a preguntarnos sobre el
conocimiento auténtico de su contenido ¿Qué dice el texto bíblico en sí? ¿Qué
dice la Palabra?
2.
Meditación: Sentido del texto hoy para mí ¿Qué me dice, qué nos dice hoy
el Señor a través de este texto bíblico? Dejo
que el texto ilumine mi vida, la vida de la comunidad o de mi familia, la vida
de la Iglesia
en este momento.
3.
Oración: Orar el texto supone otra pregunta: ¿Qué le digo yo al Señor
como respuesta a su Palabra? El corazón se abre a la alabanza de Dios, a la
gratitud, implora y pide su ayuda, se abre a la conversión y al perdón, etc.
4.
Contemplación, compromiso: El corazón se centra en Dios. Con su misma
mirada contemplo y juzgo mi propia vida y la realidad y me pregunto: ¿Quién
eres, Señor? ¿Qué quieres que haga?
- Comentario
«Gratis hemos recibido»
Todo es gracia. La fe, el don más precioso, es
gratuita, es regalo de Dios. Toda la historia de la salvación es una
bellísima historia de amor de Dios al hombre. Dios nos ha dado libremente a su
Hijo. San Pablo dice: «todos pecaron y están privados de
la gloria de Dios y son justificados por el don de su gracia» (Rm 3, 23-24).
Dios nos ha amado con infinita misericordia y se ha inclinado con benevolencia
sobre nuestra debilidad, haciendo de ella la ocasión para una nueva y más
maravillosa efusión de su amor.
Por medio del
Espíritu Santo, Cristo nos hace partícipes de esa misma vida divina, nos introduce
en la intimidad de Dios y nos hace experimentar su amor desbordante. Este es un
regalo sublime, que el cristiano tiene que proclamar con alegría. San Juan
escribe: «Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios
verdadero, y al que tú has enviado, Jesucristo» (Jn 17, 3). Esta vida, que se
nos ha comunicado en el Bautismo, la alimentamos con una respuesta fiel
mediante la oración, la celebración de los Sacramentos y el testimonio
evangélico.
Nuestra
existencia está marcada por la benevolencia de Dios. El florecer de la vida y
su desarrollo es un don y por ser don, no podemos considerarla como propiedad
privada y constituirnos en «dueños». La vida humana es un don recibido gratis y
puesto gratuitamente al servicio de los demás.
« Dad gratis».
Es significativo
que Jesús pronuncie las palabras: «Gratis habéis recibido, dad gratis», antes
de enviar a los apóstoles a anunciar el Evangelio, primer y principal don que
Él ha dado a la humanidad. Jesús quiere que su Reino se propague con gestos de
amor gratuito. Como en la primera comunidad, también hoy el bien realizado por
los cristianos es un signo y una invitación a creer.
El primer don
que hemos de dar es el de una vida santa: dar testimonio del amor gratuito de
Dios. Como creyentes estamos llamados a vivir desde la «gratuidad»,
entregándonos sin reservas a Dios y al próximo porque todo lo que tenemos lo
hemos recibido. Cuanto mayor es la necesidad de los demás, más urgente es para
el creyente la tarea de serviles. Cuando nos hacemos cargo de las necesidades
del prójimo, como en el caso del buen samaritano, estamos anunciando el Reino. El
estilo cristiano está marcado por la generosidad hacia los hermanos más pobres.
El amor que Dios nos tiene lleva en sí mismo la llamada a darnos gratuitamente
a los otros. Los cristianos somos enviados a expresar en nuestro mundo la compasión
de Dios. Jesús nos invita a sumergirnos en su misma corriente de amor. Ésta nos
convierte interiormente y transforma nuestras relaciones.
Padre bueno, Jesús nos dijo:”La mies es mucha y los
obreros pocos, rogad al Dueño de la mies para que envíe obreros a sus campos”. Y
además afirmó: “Todo lo que pidáis al Padre en mi nombre, os lo concederá”. Confiados en esta palabra de Jesús y en tu bondad,
te pedimos vocaciones para la
Iglesia y para la
Familia “Amor de Dios”, que se entreguen a la construcción
del Reino desde la civilización del amor.
ORACIÓN POR LAS VOCACIONES “AMOR DE DIOS”
Padre bueno, Jesús nos dijo:”La mies es mucha y los
obreros pocos, rogad al Dueño de la mies para que envíe obreros a sus campos”. Y
además afirmó: “Todo lo que pidáis al Padre en mi nombre, os lo concederá”. Confiados en esta palabra de Jesús y en tu bondad,
te pedimos vocaciones para la
Iglesia y para la
Familia “Amor de Dios”, que se entreguen a la construcción
del Reino desde la civilización del amor.
Santa María, Virgen Inmaculada, protege con tu
maternal intercesión a las familias y a las comunidades cristianas para que
animen la vida de los niños y ayuden a los jóvenes a responder con generosidad
a la llamada de Jesús, para manifestar el amor gratuito de Dios a los hombres.
Amén.
Noticias vocacionales “Amor de Dios”
Des 8 al 31 de Julio tendrá lugar en
Madrid, el XV Capítulo General de la
Congregación de las Hermanas del Amor de Dios, con el lema: “Lo que
habéis recibido gratis, dadlo gratis.”
Ponemos este acontecimiento familiar y
eclesial en manos del Señor.
“Ya es tiempo de dar a conocer las
satisfacciones que experimenta una conciencia que obra el bien por el bien”.
(J. Usera)
(J. Usera)