martes, 1 de mayo de 2012

Boletín nº 34 - "El don de la alegría"


El don de la alegría 
La alegría es la manifestación de estar en armonía consigo mismo, lo cual sólo puede derivar de estar en armonía con Dios, con los demás  y con su creación.
Jesús ha experimentado, conocido, apreciado y ensalzado todas esas alegrías sencillas y cotidianas que están al alcance de todos. Admira los pajarillos del cielo y los lirios del campo, exalta la alegría del sembrador y del segador; la del pastor que encuentra la oveja perdida o de la mujer que halla la dracma; la alegría de las bodas y la alegría de los invitados al banquete; la alegría del padre cuando recibe a su hijo que vuelve a casa; la de la mujer que acaba de dar a luz un niño... Estas alegrías son para Jesús signos de las alegrías espirituales del Reino de Dios: alegría de los hombres que entran en el Reino, vuelven a él o trabajan en él, y alegría del Padre que los recibe. El secreto de la alegría de Jesús, de su paz, de su seguridad y de su disponibilidad está en el gran amor con que se sabe amado por su Padre. Este amor, presente desde la Encarnación, que se manifiesta abiertamente en el bautismo: «Tu eres mi hijo amado» y que lo acompaña a lo largo de su vida: «El Padre siempre está conmigo». Los discípulos de Jesús están llamados a participar de esta alegría. Jesús quiere que sientan su misma alegría en plenitud: «Yo les he revelado tu nombre, para que el amor con que tú me has amado esté en ellos y también yo esté en ellos». 
La alegría es fruto del Espíritu Santo. El Espíritu hizo a Jesús atento a las alegrías de la vida y lo acompañó en la realización de la misión que el Padre le había encomendado. El Espíritu descendió sobre María, la llenó de alegría y la hizo Madre del Hijo de Dios. El Espíritu sigue impulsando a muchos discípulos de Jesucristo por los caminos de la oración y en la alegría de una alabanza filial, hacia el servicio humilde y gozoso de los desheredados y de los marginados de nuestra sociedad. Porque la alegría no puede separarse de la participación. En el mismo Dios, todo es alegría porque todo es don.


ORACIÓN desde la PALABRA de DIOS
- Texto Bíblico: Gal 5, 16-18. 22-25
16 Caminad según el Espíritu y no realicéis los deseos de la carne; 17 pues la carne desea contra el espíritu y el espíritu contra la carne; efectivamente, hay  entre ellos un antagonismo tal que no hacéis lo que quisierais.
18 Pero si sois conducidos por el Espíritu, no estáis bajo la ley….   22 En cambio, el fruto del Espíritu es: amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, lealtad, 23 modestia, dominio de sí. Contra estas cosas no hay ley. 24 Y los que son de Cristo Jesús han crucificado la carne con las pasiones y deseos.25 Si vivimos por el Espíritu, marchemos tras el Espíritu.”

-Pasos para la "lectio divina".
1. Lectura y comprensión del texto: Nos lleva a preguntarnos sobre el conocimiento auténtico de su contenido ¿Qué dice el texto bíblico en sí? ¿Qué dice la Palabra? 
2. Meditación: Sentido del texto hoy para mí ¿Qué me dice, qué nos dice hoy el Señor a través de este texto bíblico? Dejo que el texto ilumine mi vida, la vida de la comunidad o de mi familia, la vida de la Iglesia en este momento.
3. Oración: Orar el texto supone otra pregunta: ¿Qué le digo yo al Señor como respuesta a su Palabra? El corazón se abre a la alabanza de Dios, a la gratitud, implora y pide su ayuda, se abre a la conversión y al perdón, etc.
4. Contemplación, compromiso: El corazón se centra en Dios. Con su misma mirada contemplo y juzgo mi propia vida y la realidad y me pregunto: ¿Quién eres, Señor? ¿Qué quieres que haga?



- Comentario                                                          
El texto está integrado en una exhortación moral de carácter general que Pablo dirige a los cristianos de Galacia. (5,13—6,10). El apóstol desarrolla en su discurso dos temas: amor y libertad. En el texto se habla de las «obras de la carne» (quince) para referirse a las pasiones y del «fruto del Espíritu» para referirse (quince)a las actitudes del corazón, es decir al amor y sus expresiones. 
El fruto del Espíritu es: amor…
La expresión «fruto del Espíritu» hace referencia al principio de la existencia cristiana, o también al hombre que se deja guiar por el Espíritu. El fruto es el resultado de la colaboración entre el Espíritu Santo y la respuesta libre de la persona. 
El texto habla de «fruto», en singular, y no de frutos. La vida moral del cristiano se resume en servir por amor. En el Espíritu, el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones. En el amor, la fe pasa a la acción y se expresa en diferentes “frutos” o actitudes. Todos los cristianos están llamados a ser caritativos, pacientes, humildes, pacíficos…
Los frutos del Espíritu son frutos «cristológicos», es decir, están estrechamente relacionados con Cristo. Jesús había dicho: «El que permanece en mí y yo en él da mucho fruto», y también: «Mi Padre recibe gloria cuando producís fruto en abundancia». Para Pablo, «tener los mismos sentimientos que Cristo Jesús» y “revestirse de Cristo” son expresiones que se refieren a la misma realidad: vivir los frutos del Espíritu. Jesús es la vid, el Espíritu es la savia gracias a la cual los discípulos, que son los sarmientos, dan mucho fruto.

Si vivimos por el Espíritu, marchemos tras el Espíritu.
Vivir en el Espíritu es el punto de partida de la vida cristiana. En el bautismo, por la acción del Espíritu hemos recibido la vida nueva y hemos sido incorporados sacramentalmente a Cristo y revestidos de él. Pertenecemos a Cristo. El cristiano  se ha entregado a Cristo Jesús y, mediante él, al Espíritu: pertenece al mundo de la nueva creación. «En Cristo» es «una nueva criatura» (2Cor 5,17). 
En el bautismo hemos optado por Cristo y  por su Espíritu, hemos crucificado la carne con las pasiones y deseos. Ahora estamos capacitados para iniciar la vida en eI Espíritu. Si caminamos en el Espíritu, viviremos de acuerdo con nuestra esencia íntima de cristianos. Pablo designa aquí el caminar con una palabra que proviene del lenguaje militar, cuyo significado primitivo es «ponerse en fila, marchar en fila, alinearse». El cristiano, como persona que vive en el Espíritu, está llamado a ajustarse a ese Espíritu, a tender hacia ese Espíritu.

ORACIÓN POR LAS VOCACIONES “AMOR DE DIOS”
Padre bueno, Jesús nos dijo: “La mies es mucha y los obreros pocos, rogad al Dueño de la mies para que envíe obreros a sus campos”. Y además afirmó: “Todo lo que pidáis al Padre en mi nombre, os lo concederá”. 
Confiados en esta palabra de Jesús y en tu bondad, te pedimos vocaciones para la Iglesia y para la Familia “Amor de Dios”, que se entreguen a la construcción del Reino desde la civilización del amor.

Santa María, Virgen Inmaculada, protege con tu maternal intercesión a las familias y a las comunidades cristianas para que animen la vida de los niños y ayuden a los jóvenes a responder con generosidad a la llamada de Jesús, para manifestar el amor gratuito de Dios a los hombres. Amén.

“Sed muy humildes y si hay unión y paz entre vosotros, estad seguros de que entre vosotros está Cristo”. (J. Usera)