domingo, 1 de julio de 2012

Boletín nº 36 - "Dios, fuente de alegría" (julio 2012)


Dios, fuente de alegría.

Dios quiere hacernos partícipes de su alegría, divina y eterna, haciendo que descubramos que el valor y el sentido profundo de nuestra vida está en el ser aceptados, acogidos y amados por Él, y no con una acogida frágil como puede ser la humana, sino con una acogida incondicional como lo es la divina: yo soy amado, tengo un puesto en el mundo y en la historia. Y si Dios me acepta, me ama y estoy seguro de ello, entonces sabré con claridad y certeza que es bueno que yo sea, que exista.
Este amor infinito de Dios para con cada uno de nosotros se manifiesta de modo pleno en Jesucristo. En Él se encuentra la alegría que buscamos. En el Evangelio vemos cómo los hechos que marcan el inicio de la vida de Jesús se caracterizan por la alegría. Cuando el arcángel Gabriel anuncia a la Virgen María que será madre del Salvador, comienza con esta palabra: «¡Alégrate!». En el nacimiento de Jesús, el Ángel dice a los pastores: «Os anuncio una buena noticia que será de gran alegría para todo el pueblo: hoy os ha nacido un Salvador,  el Señor». 
Recordemos la visita de Jesús a Zaqueo, un recaudador de impuestos deshonesto, a quien Jesús dice: «Es necesario que hoy me quede en tu casa». Y san Lucas dice que Zaqueo «lo recibió muy contento». Es la alegría del encuentro con el Señor; es sentir el amor de Dios que puede transformar toda la existencia y traer la salvación. 
El evangelio narra que María Magdalena y las otras las mujeres abandonaron el sepulcro a toda prisa, «llenas de miedo y de alegría», y corrieron a anunciar la feliz noticia a los discípulos. Jesús salió a su encuentro y dijo: «Alegraos». Es la alegría de la salvación que se les ofrece: Cristo es el viviente. Él está presente en medio de nosotros como el Resucitado, hasta el final de los tiempos. Esta profunda alegría es fruto del Espíritu Santo que nos hace hijos de Dios, capaces de vivir y gustar su bondad, de dirigirnos a Él con la expresión «Abba», Padre. (Mensaje de Benedicto XVI para la XXVII jornada mundial de la juventud 2012)


ORACIÓN DESDE LA PALABRA DE DIOS
  • Texto Bíblico: Flp 4,1. 4-9
“Así pues, hermanos míos queridos y añorados, mi alegría y mi corona, manteneos así, en el Señor, Alegraos siempre en el Señor; os lo repito, alegraos. Que vuestra mesura la conozca todo el mundo.  El Señor está cerca.  Nada os preocupe; sino que, en toda ocasión, en la oración y en la súplica, con acción de gracias, vuestras peticiones sean presentadas a Dios. Y la paz de Dios, que supera todo juicio, custodiará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús. Finalmente, hermanos, todo lo que es verdadero, noble, justo, puro, amable y laudable, todo lo que es virtud o mérito, tenedlo en cuenta. Lo que aprendisteis, recibisteis, oísteis y visteis en mí ponedlo por obra. Y el Dios de la paz estará con vosotros”.
-Pasos para la lectio divina
  1. Lectura y comprensión del texto: Nos lleva a preguntarnos sobre el conocimiento auténtico de su contenido ¿Qué dice el texto bíblico en sí? ¿Qué dice la Palabra? 
2. Meditación: Sentido del texto hoy para mí ¿Qué me dice, qué nos dice hoy el Señor a través de este texto bíblico? Dejo que el texto ilumine mi vida, la vida de la comunidad o de mi familia, la vida de la Iglesia en este momento.
3. Oración: Orar el texto supone otra pregunta: ¿Qué le digo yo al Señor como respuesta a su Palabra? El corazón se abre a la alabanza de Dios, a la gratitud, implora y pide su ayuda, se abre a la conversión y al perdón, etc.
4. Contemplación, compromiso: El corazón se centra en Dios. Con su misma mirada contemplo y juzgo mi propia vida y la realidad y me pregunto: ¿Quién eres, Señor? ¿Qué quieres que haga?


- Comentario
Esta parte de la carta a los Filipenses empalma con la primera sección. Pablo retoma el tema de la alegría, que era muy importante en el comienzo. Algunos exegetas creen que estos versículos fueron escritos por Pablo desde la prisión. En tal caso adquirirían un mérito y un valor especiales, dado que es una apremiante llamada a la concordia y a vivir la alegría cristiana. Ambos temas son muy frecuentes en los escritos del Apóstol.
Aparecen en el texto, además, una serie de instrucciones y exhortaciones dirigidas a toda la comunidad. 
Tened siempre la alegría del Señor…
La fuente de la alegría brota de lo más hondo de nuestro ser: Dios está cerca y viene a nosotros como Salvador, como Libertador. La raíz de nuestra alegría está  en que hemos sido rescatados del poder del maligno y trasladados a un mundo inundado por la gracia. Dios se ha hecho de nuestra carne y de nuestra sangre.
¡El Señor está cerca! No tenemos que buscarle lejos. Está aquí, está en medio de nosotros. Dios ha redimido a su pueblo. Y se halla en medio de su Iglesia. Su aliento vital, su vida divina respira en cada bautizado; de su fuerza y amor vivimos todos los que en El creemos. En cada uno de nosotros crece su vida. Todos sabemos, y en cada momento lo experimentamos, que "en El vivimos, nos movemos y existimos". Él es  "el que viene", el que sigue viniendo y se nos presenta cada día en la Palabra, en la Eucaristía, en los hermanos. Está en nosotros y viene para estar cada vez más en nosotros.
Se subraya en adverbio: “Siempre”. Estad alegres siempre, porque el Señor resucitado está entre vosotros. Él nos escucha y en él encontramos la verdadera paz. Por eso, la alegría cristiana no es superficial; nace de un corazón que está injertado o arraigado en Cristo y que participa de su misterio. Esta alegría, va unida a una paz profunda en el sentido de la bienaventuranza del Evangelio: es la armonía con Dios, con los demás y consigo mismo. Y cuando la paz y la alegría inundan nuestro interior, los frutos del Espíritu se hacen patentes: la búsqueda de la verdad, de lo justo, de lo honesto, de lo puro, de la virtud. Y nos convierte en seres amables, agradecidos y en continua actitud de alabanza de Dios.


ORACIÓN POR LAS VOCACIONES “AMOR DE DIOS”
Padre bueno, Jesús nos dijo: “La mies es mucha y los obreros pocos, rogad al Dueño de la mies para que envíe obreros a sus campos”. Y además afirmó: “Todo lo que pidáis al Padre en mi nombre, os lo concederá”. 


Confiados en esta palabra de Jesús y en tu bondad, te pedimos vocaciones para la Iglesia y para la Familia “Amor de Dios”, que se entreguen a la construcción del Reino desde la civilización del amor.
Santa María, Virgen Inmaculada, protege con tu maternal intercesión a las familias y a las comunidades cristianas para que animen la vida de los niños y ayuden a los jóvenes a responder con generosidad a la llamada de Jesús, para manifestar el amor gratuito de Dios a los hombres. Amén.
Noticias vocacionales  “Amor de Dios”
Las novicias del noviciado Interprovincial en México (D.F.) harán sus Ejercicios Espirituales del 19 al 26 de julio. 
El día 27 de julio comienzan el noviciado en México las jóvenes Odisleidy Ríos y María Elena Soliz.
El día 29 de julio emitirán su profesión religiosa, en el noviciado Interprovincial de México (D.F.), las Hnas. Trifonia Maraza, Alejandra Pamuri, Daniela García y Arely Piña.
“La caridad atrae con fuerza pero sin violencia, pues nadie se le resiste y a todos encanta.… Sólo deja de amar a la caridad quien no la conoce y la religión es la caridad misma”. (J. Usera)