viernes, 1 de febrero de 2013

Boletín nº 43: "Qué es la fe"


Rogad al Dueño de la mies…”

Boletín  DICOVAD  nº 43
Febrero  2013

¿Qué es la fe?
Para vivir tenemos necesidad de amor y de esperanza, de un fundamento seguro que nos ayude a vivir con un sentido también en la crisis y los problemas cotidianos. La fe nos dona precisamente esto: es un confiado entregarse a un «Tú» que es Dios, quien nos da una certeza distinta, pero no menos sólida que la que llega del cálculo exacto o de la ciencia. La fe no es un simple asentimiento intelectual del hombre a las verdades particulares sobre Dios; es un acto con el que la persona se confía libremente a un Dios que es Padre y la ama; es adhesión a un «Tú» que dona esperanza y confianza. Cierto, esta adhesión a Dios no carece de contenidos: con ella somos conscientes de que Dios mismo se ha mostrado a nosotros en Cristo; ha dado a ver su rostro y se ha hecho realmente cercano a cada uno de nosotros. Es más, Dios ha revelado que su amor es sin medida: en la Cruz, Jesús de Nazaret, nos muestra hasta qué punto llega este amor, hasta el don de sí mismo, hasta el sacrificio total. Con el misterio de la muerte y resurrección de Cristo, Dios desciende hasta el fondo de nuestra humanidad para volver a llevarla a Él. La fe es creer en este amor de Dios que no decae frente a la maldad del hombre, sino que es capaz de transformar toda forma de esclavitud, donando la posibilidad de la salvación.
La fe es, ante todo, un don de Dios: el Espíritu Santo, nos hace capaces de acoger al Dios viviente. Pero la fe es también un acto profundamente libre y humano. El Catecismo de la Iglesia católica lo dice con claridad: «Sólo es posible creer por la gracia y los auxilios interiores del Espíritu Santo. Pero no es menos cierto que creer es un acto auténticamente humano. No es contrario ni a la libertad ni a la inteligencia del hombre» (n. 154). Creer es fiarse con toda libertad y alegría del proyecto de Dios sobre la historia, como lo hizo Abrahán y María de Nazaret. La fe es un asentimiento con el que nuestra mente y nuestro corazón dicen su «sí» a Dios, confesando que Jesús es el Señor. Y este «sí» transforma la vida, le abre el camino hacia una plenitud de significado, la hace nueva, rica de alegría y de esperanza. (Cf. BENEDICTO XVI, audiencia General, 24 /10/2012)


ORACIÓN DESDE LA PALABRA DE DIOS

- Texto Bíblico: Ef 1, 7-14
7 En Cristo, por su sangre, tenemos la redención, el perdón de los pecados conforme a la riqueza de la gracia 8 que en su sabiduría y prudencia ha derrochado sobre nosotros, 9 dándonos a conocer el misterio de su voluntad: el plan que había proyectado 10 realizar por Cristo, en la plenitud de los tiempos: recapitular en Cristo todas las cosas del cielo y de la tierra. 11 En él hemos heredado también los que estábamos destinados por decisión del que lo hace todo según su voluntad, 12 para que seamos alabanza de su gloria quienes antes esperábamos en el Mesías. 13 En él también vosotros, después de haber escuchado la palabra de la verdad – el evangelio de vuestra salvación-, creyendo en él habéis sido marcados con el sello del Espíritu Santo prometido. 14 Él es la prenda de nuestra herencia, mientras llega la redención del pueblo de su propiedad, para alabanza de su gloria”.


-Pasos para la lectio divina

1. Lectura y comprensión del texto: Nos lleva a preguntarnos sobre el conocimiento auténtico de su contenido ¿Qué dice el texto bíblico en sí? ¿Qué dice la Palabra?

2. Meditación: Sentido del texto hoy para mí ¿Qué me dice, qué nos dice hoy el Señor a través de este texto bíblico? Dejo que el texto ilumine mi vida, la vida de la comunidad o de mi familia, la vida de la Iglesia en este momento.

3. Oración: Orar el texto supone otra pregunta: ¿Qué le digo yo al Señor como respuesta a su Palabra? El corazón se abre a la alabanza de Dios, a la gratitud, implora y pide su ayuda, se abre a la conversión y al perdón, etc.

4. Contemplación, compromiso: El corazón se centra en Dios. Con su misma mirada contemplo y juzgo mi propia vida y la realidad y me pregunto: ¿Quién eres, Señor? ¿Qué quieres que haga?

- Comentario
El texto es el centro de la oración de bendición con la que Pablo comienza la Carta a los Efesios. El Apóstol ilustra el modo como se realiza el plan salvador del Padre en Cristo, en su Hijo amado.

“Por su sangre, tenemos la redención
El sacrificio de Cristo es el acontecimiento único e irrepetible con el que el Padre nos ha mostrado su amor, no sólo de palabra, sino de manera concreta. Dios entra en la historia, se hace hombre y acepta el camino del sufrimiento hasta la muerte en cruz. Es tan concreto el amor de Dios que participa no sólo en nuestro ser, sino también en nuestro sufrir y morir. El sacrificio de la cruz hace que nos convirtamos en «propiedad de Dios», porque la sangre de Cristo nos rescata de la culpa, nos libra de la esclavitud del pecado y de la muerte. San Pablo invita a considerar cuán profundo es el amor de Dios que transforma la historia. Resuenan las palabras de la Carta a los Romanos: «Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros? El que no se reservó a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará todo con él? (...) Pues yo estoy convencido de que ni muerte, ni vida, ni ángeles, ni principados, ni presente, ni futuro, ni potencias, … ni ninguna otra criatura podrá separarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús » (Rm 8, 31-32.38-39). Esta certeza —Dios está con nosotros, y ninguna criatura puede separarnos de él, porque su amor es más fuerte— nos llega de la fe y orienta nuestro ser y nuestro hacer como cristianos.


“Espíritu Santo prometido es la prenda de nuestra herencia”

La bendición divina se concluye con la referencia al Espíritu Santo que ha sido derramado en nuestros corazones;  al Paráclito que hemos recibido como sello prometido. La redención aún no ha concluido —lo percibimos—, sino que tendrá su pleno cumplimiento cuando sean totalmente salvados los que Dios se ha adquirido. Estamos en camino hacia la redención definitiva, hacia la plena liberación de los hijos de Dios. Y el Espíritu Santo es la certeza de que Dios llevará a cumplimiento su designio de salvación, cuando recapitulará «en Cristo, única cabeza, todas las cosas del cielo y de la tierra».
San Juan Crisóstomo comenta sobre este punto: «Dios nos ha elegido por la fe y ha impreso en nosotros el sello para la herencia de la gloria futura». El camino de la redención es también nuestro camino, porque Dios quiere criaturas libres, que digan libremente sí. Estamos en sus manos, y ahora depende de nuestra libertad seguir el camino que él abrió.

Mirad: viene entre las nubes…. Todo ojo lo verá,

El lector recuerda a la asamblea, aferrada por el amor de Cristo, el compromiso de descubrir su presencia en la propia vida. Dice así: «Mirad: viene entre las nubes….». Después de subir al cielo Jesucristo volverá tal como subió. Entonces todos los pueblos lo reconocerán. Pensarán en sus propios pecados y le pedirán perdón, para seguirlo en la vida y preparar así la comunión plena con él en su regreso final. La asamblea responde: «Sí. Amén!». Expresa con su «sí» la aceptación plena de lo que se le ha comunicado y pide que eso se haga realidad. Es la oración de la asamblea, que medita en el amor de Dios manifestado de modo supremo en la cruz y pide vivir con coherencia como discípulos de Cristo. Y luego viene la respuesta de Dios: «Yo soy el Alfa y la Omega,…”. Dios acoge la petición de la asamblea. Él ha estado, está y estará presente y activo con su amor en las vicisitudes humanas. Aquí encontramos otro elemento importante: la oración constante despierta en nosotros el sentido de la presencia del Señor en nuestra vida y en la historia, y su presencia nos sostiene, nos guía y nos da una gran esperanza incluso en medio de la oscuridad; además, ninguna oración, ni siquiera la que se eleva en la soledad más radical, es aislarse; nunca es estéril; es la savia vital para alimentar una vida cristiana cada vez más comprometida y coherente. (cf.  Benedicto XVI,  Audiencia general del 5 de septiembre de 2012)



ORACIÓN POR LAS VOCACIONES “AMOR DE DIOS”
Padre bueno, Jesús nos dijo: “La mies es mucha y los obreros pocos, rogad al Dueño de la mies para que envíe obreros a sus campos”. Y además afirmó: “Todo lo que pidáis al Padre en mi nombre, os lo concederá”.

Confiados en esta palabra de Jesús y en tu bondad, te pedimos vocaciones para la Iglesia y para la Familia “Amor de Dios”, que se entreguen a la construcción del Reino desde la civilización del amor.

Santa María, Virgen Inmaculada, protege con tu maternal intercesión a las familias y a las comunidades cristianas para que animen la vida de los niños y ayuden a los jóvenes a responder con generosidad a la llamada de Jesús, para manifestar el amor gratuito de Dios a los hombres. Amén.

Noticias vocacionales  “Amor de Dios”

El día 16 de Febrero emiten su primera profesión, en el noviciado de África (Lubango-Angola), las Hnas: Eveline Luisa Daniel Sitolé, Ergues Carlos Cipriano, Sara Jaime Livia, Gilda Luis Sel y Floresa da Conceição Pedro.

“Nada importa que la sangre de Jesús haya sido derramada en el calvario, si vosotros, a fuerza de ser injustos no imitáis su justicia”. (J. Usera)