"ROGAD AL DUEÑO DE LA MIES..."
En nuestra sociedad, centrada en lo económico y en el lucro, todo se mide por el dinero y,
muchas veces, se confunde el valor con el precio. Lo más humano no se compra ni
se vende: se da y se recibe como un don, comenzando por la vida, la amistad y
la alegría. Nadie puede comprar una sonrisa. La gratuidad, el abrirse al
regalo, a gozar lo que hay que gozar como un don, es de máxima relevancia en
una sociedad que todo lo calcula, todo lo mide, todo lo pesa. ¡Qué bien nos hace
promover una cultura del don y de la gratuidad!
El cristianismo es la religión de lo gratuito. El Adviento es tiempo de GRACIA, de gratuidad.
Nos acercamos a la fiesta en que la humanidad revive el mayor Regalo que hemos
recibido en nuestra historia: a Dios hecho hombre en Jesucristo. Dios viene a
nuestra historia porque nos ama. Su escuela es la esperanza. Su espacio es la
paz. Siempre viene, siempre acoge. Siempre ofrece. El tiempo de adviento nos
invita a disponernos para dejarnos alcanzar por el amor de Dios, a dejarnos
acoger por Él y por los demás.
María ocupa un lugar central en este tiempo
porque en ella queda de manifiesto que todo es obra de Dios, gracia, regalo. La
Virgen fue llena de gracia no por sus méritos sino porque Dios se prendó de ella
y la amó hasta el extremo, y por eso fue bienaventurada. En ella “el Señor hizo
obras grandes” porque humildemente se abrió a sus dones y ella colaboró.
María agraciada es símbolo de la humanidad capaz de ser agraciada. No es ella sola la dichosa, sino todos aquellos que caen en la cuenta, al escuchar la palabra de Dios, de haber sido objeto de gracia, de haber sido inmensamente amados. Y desde esa experiencia responden con una vida agradecida a Dios y una entrega gratuita a los hermanos.
ORACIÓN DESDE LA PALABRA DE DIOS
-Texto Bíblico: Ef 2, 4-10.
-Pasos
para la lectio divina
1.
Lectura y comprensión del texto: Nos lleva a preguntarnos sobre el
conocimiento auténtico de su contenido ¿Qué dice el texto bíblico en sí? ¿Qué
dice la Palabra?
2.
Meditación: Sentido del texto hoy para mí ¿Qué me dice, qué nos dice hoy
el Señor a través de este texto bíblico? Dejo
que el texto ilumine mi vida, la vida de la comunidad o de mi familia, la vida
de la Iglesia en este momento.
3.
Oración: Orar el texto supone otra pregunta: ¿Qué le digo yo al Señor
como respuesta a su Palabra? El corazón se abre a la alabanza de Dios, a la
gratitud, implora y pide su ayuda, se abre a la conversión y al perdón, etc.
4.
Contemplación, compromiso: El corazón se centra en Dios. Con su misma
mirada contemplo y juzgo mi propia vida y la realidad y me pregunto: ¿Quién
eres, Señor? ¿Qué quieres que haga?
- Comentario
El texto es un
himno que celebra el amor gratuito de Dios. Nos ayuda a comprender el misterio
de la salvación que se ha realizado en Cristo. En primer lugar, hemos sido
vivificados con Cristo y sentados en el cielo con él. Luego nos indica que la
finalidad de esta acción salvífica es para alabanza de la gloria de su gracia.
Pasa a continuación a señalar que la salvación se ha realizado por la gracia a
través de la fe, no por las obras. Finalmente, nos recuerda que hemos sido
creados de nuevo en Cristo para hacer el bien.
"Dios, rico en misericordia", "por el gran amor"
La iniciativa y
realización completa de la "salvación" se debe única y exclusivamente
a Dios. La salvación tiene un carácter marcadamente gratuito. Es puro don del
amor de Dios. No somos amados por Dios porque seamos amables, sino que somos
amables porque somos amados por Dios. Por eso, el énfasis está en la palabra
GRACIA, es decir, GENEROSIDAD, INICIATIVA DE DIOS. La salvación no viene de
nosotros, es DON DE DIOS. No nos hacemos acreedores de ella por nuestras obras
sino que reconocemos que viene de Dios.
A este
reconocimiento, Pablo lo denomina FE. Creer quiere decir acoger, recibir,
aceptar lo que Dios da: su salvación obrada en Cristo. Creer implica aceptar la
salvación como un don de Dios y abrirse a la acogida gozosa y agradecida. A
creer se contrapone gloriarse, es decir, querer vivir desde la propia
afirmación, querer vivir no de lo recibido, de la Gracia de Otro, sino desde lo
que uno mismo crea, sabe y es.
“Somos hechura de Dios… creados
en Cristo Jesús”
La palabra “hechura” viene
del griego “poiema” y da la idea de algo hermoso, de una obra de arte. Somos
para Dios una obra de arte. Sin embargo, el maligno cambió esta hechura de Dios
e intentó deshacerla, pero Dios nos ha vuelto a recrear en Cristo Jesús. Éste
es el nuevo orden de Dios: Aquí nace la criatura nueva. Ya no hay esclavos ni
libres, judío ni gentil, hombre o mujer, porque todos somos una nueva creación
en Cristo Jesús. Corresponde al cristiano
abrirse, en libertad, al proceso de salvación iniciado en el bautismo y vivir
haciendo el bien para el que ha sido creado. Al hacer el bien secundamos la
acción de la gracia de Dios en nuestras vidas, pues hacemos "el bien que Dios de antemano dispuso que
practicásemos". Hemos pasado de la muerte a la vida y de las tinieblas
a la luz. Jesucristo es nuestra vida y nuestra Luz. Caminamos en la luz y
facilitamos la vida cuando hacemos el bien a nuestro alrededor, cuando amamos a
cada persona, cuando encarnamos el evangelio: tuve hambre, sed, necesité
alojamiento, ropa, estuve enfermo, en cárcel y me ayudasteis.
ORACIÓN
POR LAS VOCACIONES “AMOR DE DIOS”
Padre bueno,
Jesús nos dijo: “La mies es mucha y los obreros pocos, rogad al Dueño de la
mies para que envíe obreros a sus campos”. Y además afirmó: “Todo lo que pidáis
al Padre en mi nombre, os lo concederá”.
Confiados en esta
palabra de Jesús y en tu bondad, te pedimos vocaciones para la Iglesia y para
la Familia “Amor de Dios”, que se entreguen a la construcción del Reino desde
la civilización del amor.
Santa María, Virgen
Inmaculada, protege con tu maternal intercesión a las familias y a las
comunidades cristianas para que animen la vida de los niños y ayuden a los
jóvenes a responder con generosidad a la llamada de Jesús, para manifestar el
amor gratuito de Dios a los hombres. Amén.
“Cuanto más se reflexiona sobre el misterio de la Encarnación,
tanto más se admira, y cuanto más se admira, más nos llena de asombro la
dignidad a la que fue elevada la Virgen María”.
(J. Usera)