lunes, 2 de diciembre de 2013

Adviento: Tiempo de Gratuidad (Boletín 53) Diciembre 2013




"ROGAD AL DUEÑO DE LA MIES..."

En nuestra sociedad, centrada en lo económico y en el lucro, todo se mide por el dinero y, muchas veces, se confunde el valor con el precio. Lo más humano no se compra ni se vende: se da y se recibe como un don, comenzando por la vida, la amistad y la alegría. Nadie puede comprar una sonrisa. La gratuidad, el abrirse al regalo, a gozar lo que hay que gozar como un don, es de máxima relevancia en una sociedad que todo lo calcula, todo lo mide, todo lo pesa. ¡Qué bien nos hace promover una cultura del don y de la gratuidad! El cristianismo es la religión de lo gratuito. El Adviento es tiempo de GRACIA, de gratuidad. Nos acercamos a la fiesta en que la humanidad revive el mayor Regalo que hemos recibido en nuestra historia: a Dios hecho hombre en Jesucristo. Dios viene a nuestra historia porque nos ama. Su escuela es la esperanza. Su espacio es la paz. Siempre viene, siempre acoge. Siempre ofrece. El tiempo de adviento nos invita a disponernos para dejarnos alcanzar por el amor de Dios, a dejarnos acoger por Él y por los demás. María ocupa un lugar central en este tiempo porque en ella queda de manifiesto que todo es obra de Dios, gracia, regalo. La Virgen fue llena de gracia no por sus méritos sino porque Dios se prendó de ella y la amó hasta el extremo, y por eso fue bienaventurada. En ella “el Señor hizo obras grandes” porque humildemente se abrió a sus dones y ella colaboró. María agraciada es símbolo de la humanidad capaz de ser agraciada. No es ella sola la dichosa, sino todos aquellos que caen en la cuenta, al escuchar la palabra de Dios, de haber sido objeto de gracia, de haber sido inmensamente amados. Y desde esa experiencia responden con una vida agradecida a Dios y una entrega gratuita a los hermanos.

ORACIÓN DESDE LA PALABRA DE DIOS 

-Texto Bíblico: Ef 2, 4-10. 

"Dios, rico en misericordia, por el gran amor con que nos amó, estando nosotros muertos por los pecados, nos ha hecho revivir con Cristo. ¡Por pura gracia habéis sido salvados!; nos ha resucitado con Cristo Jesús, nos ha sentado en el cielo con él, para revelar en los tiempos siglos venideros la inmensa riqueza de su gracia, mediante su bondad para con nosotros en Cristo Jesús. En efecto, por pura gracia estáis salvados, mediante la fe. Y esto no viene de vosotros: es don de Dios. Tampoco viene de las obras, para que nadie se gloríe. Somos, pues, hechura de Dios. Dios nos ha creado en Cristo Jesús, para que nos dediquemos a las buenas obras, que de antemano dispuso él que practicásemos".


-Pasos para la lectio divina

1. Lectura y comprensión del texto: Nos lleva a preguntarnos sobre el conocimiento auténtico de su contenido ¿Qué dice el texto bíblico en sí? ¿Qué dice la Palabra?
2. Meditación: Sentido del texto hoy para mí ¿Qué me dice, qué nos dice hoy el Señor a través de este texto bíblico? Dejo que el texto ilumine mi vida, la vida de la comunidad o de mi familia, la vida de la Iglesia en este momento.
3. Oración: Orar el texto supone otra pregunta: ¿Qué le digo yo al Señor como respuesta a su Palabra? El corazón se abre a la alabanza de Dios, a la gratitud, implora y pide su ayuda, se abre a la conversión y al perdón, etc.
4. Contemplación, compromiso: El corazón se centra en Dios. Con su misma mirada contemplo y juzgo mi propia vida y la realidad y me pregunto: ¿Quién eres, Señor? ¿Qué quieres que haga?


- Comentario

El texto es un himno que celebra el amor gratuito de Dios. Nos ayuda a comprender el misterio de la salvación que se ha realizado en Cristo. En primer lugar, hemos sido vivificados con Cristo y sentados en el cielo con él. Luego nos indica que la finalidad de esta acción salvífica es para alabanza de la gloria de su gracia. Pasa a continuación a señalar que la salvación se ha realizado por la gracia a través de la fe, no por las obras. Finalmente, nos recuerda que hemos sido creados de nuevo en Cristo para hacer el bien.

"Dios, rico en misericordia", "por el gran amor"
La iniciativa y realización completa de la "salvación" se debe única y exclusivamente a Dios. La salvación tiene un carácter marcadamente gratuito. Es puro don del amor de Dios. No somos amados por Dios porque seamos amables, sino que somos amables porque somos amados por Dios. Por eso, el énfasis está en la palabra GRACIA, es decir, GENEROSIDAD, INICIATIVA DE DIOS. La salvación no viene de nosotros, es DON DE DIOS. No nos hacemos acreedores de ella por nuestras obras sino que reconocemos que viene de Dios.
A este reconocimiento, Pablo lo denomina FE. Creer quiere decir acoger, recibir, aceptar lo que Dios da: su salvación obrada en Cristo. Creer implica aceptar la salvación como un don de Dios y abrirse a la acogida gozosa y agradecida. A creer se contrapone gloriarse, es decir, querer vivir desde la propia afirmación, querer vivir no de lo recibido, de la Gracia de Otro, sino desde lo que uno mismo crea, sabe y es. 

“Somos hechura de Dios…  creados en Cristo Jesús”
La palabra “hechura” viene del griego “poiema” y da la idea de algo hermoso, de una obra de arte. Somos para Dios una obra de arte. Sin embargo, el maligno cambió esta hechura de Dios e intentó deshacerla, pero Dios nos ha vuelto a recrear en Cristo Jesús. Éste es el nuevo orden de Dios: Aquí nace la criatura nueva. Ya no hay esclavos ni libres, judío ni gentil, hombre o mujer, porque todos somos una nueva creación en Cristo Jesús. Corresponde al cristiano abrirse, en libertad, al proceso de salvación iniciado en el bautismo y vivir haciendo el bien para el que ha sido creado. Al hacer el bien secundamos la acción de la gracia de Dios en nuestras vidas, pues hacemos "el bien que Dios de antemano dispuso que practicásemos". Hemos pasado de la muerte a la vida y de las tinieblas a la luz. Jesucristo es nuestra vida y nuestra Luz. Caminamos en la luz y facilitamos la vida cuando hacemos el bien a nuestro alrededor, cuando amamos a cada persona, cuando encarnamos el evangelio: tuve hambre, sed, necesité alojamiento, ropa, estuve enfermo, en cárcel y me ayudasteis.

ORACIÓN POR LAS VOCACIONES “AMOR DE DIOS”

Padre bueno, Jesús nos dijo: “La mies es mucha y los obreros pocos, rogad al Dueño de la mies para que envíe obreros a sus campos”. Y además afirmó: “Todo lo que pidáis al Padre en mi nombre, os lo concederá”.
Confiados en esta palabra de Jesús y en tu bondad, te pedimos vocaciones para la Iglesia y para la Familia “Amor de Dios”, que se entreguen a la construcción del Reino desde la civilización del amor.
Santa María, Virgen Inmaculada, protege con tu maternal intercesión a las familias y a las comunidades cristianas para que animen la vida de los niños y ayuden a los jóvenes a responder con generosidad a la llamada de Jesús, para manifestar el amor gratuito de Dios a los hombres. Amén.


Cuanto más se reflexiona sobre el misterio de la Encarnación, tanto más se admira, y cuanto más se admira, más nos llena de asombro la dignidad a la que fue elevada la Virgen María”.
(J. Usera)