domingo, 31 de agosto de 2014

Boletín nº 62: "Vocación al Amor"

”Rogad al Dueño de la mies…”
Vocación al amor

Aprender a amar es un tema es central en la fe y en la vida cristiana. El punto de partida de toda reflexión sobre el amor es el misterio mismo de Dios, ya que el corazón de la revelación cristiana es éste: Deus caritas est. Cristo, en su Pasión, en Su donación total, nos ha revelado el rostro de Dios que es Amor.
La contemplación del misterio de la Trinidad nos hace entrar en este misterio de Amor eterno, que es fundamental para nosotros. Las primeras páginas de la Biblia afirman, de hecho, que “Dios creó al hombre a su imagen; a imagen de Dios los creó: hombre y mujer los creó”. Por el hecho mismo de que Dios es amor y el hombre ha sido creado a su imagen y semejanza, comprendemos la identidad profunda de la persona, su vocación al amor. El hombre está hecho para amar; su vida se realiza plenamente sólo si vive en el amor. Tras haber buscado durante mucho tiempo, santa Teresita del Niño Jesús comprendió así el sentido de su existencia: “¡Mi vocación es el Amor!” (Manuscrito B, folio 3).
La vocación al amor toma formas diferentes según los estados de vida. Quiero recordar las palabras del Santo Cura de Ars: “El Sacerdocio es el amor del corazón de Jesús”. En el seguimiento de Jesús, muchos sacerdotes han dado la vida, para que los fieles puedan vivir del amor de Cristo. Llamados por Dios para entregarse enteramente a Él, con corazón íntegro, las personas consagradas en el celibato son también un signo elocuente del amor de Dios para el mundo y de la vocación a amar a Dios por encima de todo.
Quisiera además exhortar a los jóvenes a descubrir la grandeza y la belleza del Matrimonio: la relación entre el hombre y la mujer refleja el amor divino de manera completamente especial; por ello el vínculo conyugal asume una dignidad inmensa. Mediante el Sacramento del Matrimonio, los esposos están unidos por Dios y con su relación manifiestan el amor de Cristo, que ha dado su vida por la salvación del mundo. (Benedicto XVI, Mensaje a los participantes en el X Foro Internacional de los Jóvenes, 24 de marzo de 2010)

ORACIÓN DESDE LA PALABRA DE DIOS

- Texto Bíblico: Jer 1, 1-2. 4-10                       

«Palabras de Jeremías, hijo de Jilquías, uno de los sacerdotes de Anatot, en territorio de Benjamín. Vino la palabra del Señor sobre él en tiempos de Josías, hijo de Amón, rey de Judá, … .
El Señor me dirigió la palabra:
Antes de formarte en el vientre, te elegí; antes de que salieras del seno materno, te consagré: te constituí profeta de las naciones.
Yo repuse:
–¡Ay, Señor, Dios mío! Mira que no sé hablar, que solo soy un niño.
El Señor me contestó:
–No digas que eres un niño, pues irás adonde yo te envíe y dirás lo que yo te ordene. No les tengas miedo, que yo estoy contigo para librarte –oráculo del Señor–.
El Señor extendió la mano, tocó mi boca y me dijo:
–Voy a poner mis palabras en tu boca. Desde hoy te doy poder sobre pueblos y reinos para arrancar y arrasar, para destruir y de­moler, para reedificar y plantar».  



- Pasos para la lectio divina

1. Lectura y comprensión del texto: Nos lleva a preguntarnos sobre el conocimiento auténtico de su contenido ¿Qué dice el texto bíblico en sí? ¿Qué dice la Palabra?
2. Meditación: Sentido del texto hoy para mí ¿Qué me dice, qué nos dice hoy el Señor a través de este texto bíblico? Dejo que el texto ilumine mi vida, la vida de la comunidad o de mi familia, la vida de la Iglesia en este momento.
3. Oración: Orar el texto supone otra pregunta: ¿Qué le digo yo al Señor como respuesta a su Palabra? El corazón se abre a la alabanza de Dios, a la gratitud, implora y pide su ayuda, se abre a la conversión y al perdón, etc.
4. Contemplación, compromiso: El corazón se centra en Dios. Con su misma mirada contemplo y juzgo mi propia vida y la realidad y me pregunto: ¿Quién eres, Señor? ¿Qué quieres que haga?


-Comentario:
En la narración de la vocación de Jeremías aparecen los elementos típicos de la descripción de la llamada en la biblia: la manifestación de Dios, la objeción de la persona, la confirmación con la fórmula “yo estoy contigo” y los signos de la intervención divina. La vocación del profeta se caracteriza por el protagonismo de la Palabra. La Palabra lo elije, lo consagra y lo envía. La objeción que pone el profeta es su dificultad con la palabra. Se trata de una Palabra que transforma su vida y transformará  también la nuestra.

Antes de… te elegí… te consagré…, te constituí profeta de las naciones.
Jeremías no decide ser profeta. Es el Señor quien le llama primero. La certeza de que Dios nos ha hablado al corazón primero, que nos ha amado primero y desde siempre es un principio central de la Escritura. Israel está convencido del amor que Dios le tiene, de que Yahvé toma la iniciativa y se adelanta siempre para ayudarlo  y salvarlo: He visto la aflicción de mi pueblo, he oído el clamor…  Voy a bajar para librarlo.
Conocer a alguien significa además proteger y cuidar. Dios conoce a Jeremías como una madre, le protege antes de nacer. Dios nos conoce porque teje nuestras entrañas en el seno materno y nos protege durante toda la vida. Dios es para nosotros como padre y madre. Jeremías sabe por Dios mismo que ha sido consagrado desde siempre. Dios es como un amigo que le comunica su propia intimidad. Solo la santidad de Dios puede hacerle santo o consagrado. Jeremías es constituido profeta: piensa, habla, vive y revela al pueblo las entrañas de Dios. Un Dios madre que le ha conocido desde el seno, le ha mostrado su intimidad consagrándolo y ahora le da una misión universal.
 
No les tengas miedo,…. Voy a poner mis palabras en tu boca.
La Palabra se impone. El profeta es forjado por la Palabra: Irás… dirás. Dios nos pide esta obediencia plena, abandonar nuestra vida en sus manos, creer que para Él todo es posible, incluso con instrumentos poco eficaces. Dios cuenta con nosotros para encomendarnos su obra. La fuerza de Jeremías y la nuestra brota de la palabra de Dios: Yo estoy contigo. Desde esta certeza la garantía de éxito está asegurada. Dios acompaña siempre a su pueblo.

Dios toca en la boca a Jeremías y lo habilita así para la misión: ya no necesitará buscar palabras, será Dios mismo el que las ponga en su boca. Queda investido como portavoz de Dios: Desde hoy te doy poder sobre pueblos y reinos para arrancar y arrasar, destruir y de­moler, reedificar y plantar. La disponibilidad total para la misión es una nota distintiva del verdadero discípulo de Jesús.



ORACIÓN POR LAS VOCACIONES “AMOR DE DIOS”

Padre bueno, Jesús nos dijo:”La mies es mucha y los obreros pocos, rogad al Dueño de la mies para que envíe obreros a sus campos”. Y además afirmó: “Todo lo que pidáis al Padre en mi nombre, os lo concederá”.
Confiados en esta palabra de Jesús y en tu bondad, te pedimos vocaciones para la Iglesia y para la Familia “Amor de Dios”, que se entreguen a la construcción del Reino desde la civilización del amor.
Santa María, Virgen Inmaculada, protege con tu maternal intercesión a las familias y a las comunidades cristianas para que animen la vida de los niños y ayuden a los jóvenes a responder con generosidad a la llamada de Jesús, para manifestar el amor gratuito de Dios a los hombres. Amén.



«Amemos solo a Jesús y a los demás en Él y por Él. Así será mayor el amor a las criaturas porque participará del amor de Jesús».  (Sor Rocío)