”Rogad al Dueño de la mies…”
Vocación al amor
Aprender a amar es un tema es central en la fe y en la vida cristiana.
El punto de partida de toda reflexión sobre el amor es el misterio mismo de
Dios, ya que el corazón de la revelación cristiana es éste: Deus caritas
est. Cristo, en su Pasión, en Su donación total, nos ha revelado el rostro
de Dios que es Amor.
La contemplación del misterio de la Trinidad nos hace entrar en este
misterio de Amor eterno, que es fundamental para nosotros. Las primeras páginas
de la Biblia afirman, de hecho, que “Dios
creó al hombre a su imagen; a imagen de Dios los creó: hombre y mujer los creó”.
Por el hecho mismo de que Dios es amor y el hombre ha sido creado a su imagen y
semejanza, comprendemos la identidad profunda de la persona, su vocación al
amor. El hombre está hecho para amar; su vida se realiza plenamente sólo si
vive en el amor. Tras haber buscado durante mucho tiempo, santa Teresita del
Niño Jesús comprendió así el sentido de su existencia: “¡Mi vocación es el
Amor!” (Manuscrito B, folio 3).
La vocación al amor toma formas diferentes según los estados de vida. Quiero recordar las palabras del Santo Cura de Ars: “El
Sacerdocio es el amor del corazón de Jesús”. En el seguimiento de Jesús,
muchos sacerdotes han dado la vida, para que los fieles puedan vivir del amor
de Cristo. Llamados por Dios para entregarse enteramente a Él, con corazón
íntegro, las personas consagradas en el celibato son también un signo elocuente
del amor de Dios para el mundo y de la vocación a amar a Dios por encima de
todo.
Quisiera además exhortar a los jóvenes a descubrir la grandeza y la
belleza del Matrimonio: la relación entre el hombre y la mujer refleja el amor
divino de manera completamente especial; por ello el vínculo conyugal asume una
dignidad inmensa. Mediante el Sacramento del Matrimonio, los esposos están
unidos por Dios y con su relación manifiestan el amor de Cristo, que ha dado su
vida por la salvación del mundo. (Benedicto XVI, Mensaje a los participantes en el X Foro
Internacional de los Jóvenes, 24 de marzo de
2010)
ORACIÓN
DESDE LA PALABRA DE DIOS
-
Texto Bíblico: Jer 1, 1-2. 4-10
«Palabras de Jeremías, hijo de Jilquías, uno de los
sacerdotes de Anatot, en territorio de Benjamín. Vino la palabra del Señor sobre
él en tiempos de Josías, hijo de Amón, rey de Judá, … .
El Señor me dirigió la palabra:
Antes de formarte en el vientre, te elegí; antes de que
salieras del seno materno, te consagré: te constituí profeta de las naciones.
Yo repuse:
–¡Ay, Señor, Dios mío! Mira que no sé hablar, que solo
soy un niño.
El Señor me contestó:
–No digas que eres un niño, pues irás adonde yo te envíe
y dirás lo que yo te ordene. No les tengas miedo, que yo estoy contigo para
librarte –oráculo del Señor–.
El Señor extendió la mano, tocó mi boca y me dijo:
–Voy a poner mis palabras en tu boca. Desde hoy te doy
poder sobre pueblos y reinos para arrancar y arrasar, para destruir y demoler,
para reedificar y plantar».
- Pasos
para la lectio divina
1.
Lectura y comprensión del texto: Nos lleva a preguntarnos sobre el
conocimiento auténtico de su contenido ¿Qué dice el texto bíblico en sí? ¿Qué
dice la Palabra?
2.
Meditación: Sentido del texto hoy para mí ¿Qué me dice, qué nos dice hoy
el Señor a través de este texto bíblico? Dejo
que el texto ilumine mi vida, la vida de la comunidad o de mi familia, la vida
de la Iglesia en este momento.
3.
Oración: Orar el texto supone otra pregunta: ¿Qué le digo yo al Señor
como respuesta a su Palabra? El corazón se abre a la alabanza de Dios, a la
gratitud, implora y pide su ayuda, se abre a la conversión y al perdón, etc.
4.
Contemplación, compromiso: El corazón se centra en Dios. Con su misma mirada
contemplo y juzgo mi propia vida y la realidad y me pregunto: ¿Quién eres,
Señor? ¿Qué quieres que haga?
-Comentario:
No les tengas miedo,…. Voy a poner mis palabras en tu boca.
-Comentario:
En la narración de la vocación de Jeremías
aparecen los elementos típicos de la descripción de la llamada en la biblia: la
manifestación de Dios, la objeción de la persona, la confirmación con la
fórmula “yo estoy contigo” y los signos de la intervención divina. La vocación
del profeta se caracteriza por el protagonismo de la Palabra. La Palabra lo
elije, lo consagra y lo envía. La objeción que pone el profeta es su dificultad
con la palabra. Se trata de una Palabra que transforma su vida y
transformará también la nuestra.
Antes de… te elegí… te consagré…, te constituí profeta
de las naciones.
Jeremías no decide ser profeta. Es el Señor quien
le llama primero. La certeza de que
Dios nos ha hablado al corazón primero, que nos ha amado primero y desde siempre
es un principio central de la Escritura. Israel está convencido del amor
que Dios le tiene, de que Yahvé toma la iniciativa y se adelanta siempre para
ayudarlo y salvarlo: He
visto la aflicción de mi pueblo, he oído el clamor… Voy a bajar para librarlo.
Conocer a alguien significa además proteger
y cuidar. Dios conoce a Jeremías como una madre, le protege antes de nacer.
Dios nos conoce porque teje nuestras entrañas en el seno materno y nos
protege durante toda la vida. Dios es para nosotros como padre y
madre. Jeremías sabe por Dios mismo que ha sido consagrado desde siempre. Dios es como un amigo que le
comunica su propia intimidad. Solo la santidad de Dios puede hacerle santo o
consagrado. Jeremías es constituido profeta: piensa,
habla, vive y revela al pueblo las entrañas de Dios. Un Dios madre que le ha
conocido desde el seno, le ha mostrado su intimidad consagrándolo y ahora le da
una misión universal.
No les tengas miedo,…. Voy a poner mis palabras en tu boca.
La Palabra se impone. El profeta es forjado por
la Palabra: Irás… dirás. Dios
nos pide esta obediencia plena, abandonar nuestra vida en sus manos, creer que
para Él todo es posible, incluso con instrumentos poco eficaces. Dios cuenta
con nosotros para encomendarnos su obra. La fuerza de Jeremías y la nuestra brota
de la palabra de Dios: Yo estoy contigo. Desde esta certeza la garantía de
éxito está asegurada. Dios acompaña
siempre a su pueblo.
Dios toca en la boca a Jeremías y lo habilita
así para la misión: ya no necesitará buscar palabras, será Dios mismo el que
las ponga en su boca. Queda investido como portavoz de Dios: Desde hoy te doy poder sobre pueblos y
reinos para
arrancar y arrasar, destruir y demoler, reedificar
y plantar.
La disponibilidad total para la misión es una nota distintiva del verdadero discípulo de Jesús.
ORACIÓN
POR LAS VOCACIONES “AMOR DE DIOS”
Padre bueno,
Jesús nos dijo:”La mies es mucha y los obreros pocos, rogad al Dueño de la mies
para que envíe obreros a sus campos”. Y además afirmó: “Todo lo que pidáis al
Padre en mi nombre, os lo concederá”.
Confiados en esta
palabra de Jesús y en tu bondad, te pedimos vocaciones para la Iglesia y para
la Familia “Amor de Dios”, que se entreguen a la construcción del Reino desde
la civilización del amor.
Santa María, Virgen
Inmaculada, protege con tu maternal intercesión a las familias y a las
comunidades cristianas para que animen la vida de los niños y ayuden a los
jóvenes a responder con generosidad a la llamada de Jesús, para manifestar el
amor gratuito de Dios a los hombres. Amén.
«Amemos solo
a Jesús y a los demás en Él y por Él. Así será mayor el amor a las criaturas
porque participará del amor de Jesús». (Sor Rocío)