martes, 30 de septiembre de 2014

Boletín nº 63: "RENACE LA ALEGRÍA" (DOMUND 2014)

         Renace  la  alegría


Todavía hay mucha gente que no conoce a Jesucristo. Por eso es tan urgente la misión ad gentes, en la que todos los miembros de la iglesia están llamados a participar, ya que la iglesia es misionera por naturaleza: la iglesia ha nacido “en salida”. La Jornada Mundial de las Misiones es un momento privilegiado en el que los fieles de los diferentes continentes para ayudar a las iglesias jóvenes en los territorios de misión. Se trata de una celebración de gracia y de alegría. De gracia, porque el Espíritu Santo, mandado por el Padre, ofrece sabiduría y fortaleza a aquellos que son dóciles a su acción. De alegría, porque Jesucristo, Hijo del Padre, enviado para evangelizar al mundo, sostiene y acompaña nuestra obra misionera….
La humanidad tiene una gran necesidad de aprovechar la salvación que nos ha traído Cristo. Los discípulos son los que se dejan aferrar cada vez más por el amor de Jesús y marcar por el fuego de la pasión por el Reino de Dios, para ser portadores de la alegría del Evangelio. Todos los discípulos del Señor están llamados a cultivar la alegría de la evangelización…
La alegría del Evangelio nace del encuentro con Cristo y del compartir con los pobres. Por tanto, animo a las comunidades parroquiales, asociaciones y grupos a vivir una vida fraterna intensa, basada en el amor a Jesús y atenta a las necesidades de los más desfavorecidos. Donde hay alegría, fervor, deseo de llevar a Cristo a los demás, surgen las verdaderas vocaciones. Os exhorto a recordar el “primer amor” con el que el Señor Jesucristo ha encendido los corazones de cada uno, no por un sentimiento de nostalgia, sino para perseverar en la alegría. El discípulo del Señor persevera con alegría cuando  está con Él, cuando hace su voluntad, cuando comparte la fe, la esperanza y la caridad evangélica. (Mensaje del Papa Francisco para la Jornada Mundial Misionera 2014)



ORACIÓN DESDE LA PALABRA DE DIOS


- Texto Bíblico: Is 52, 7-10
 
7¡Qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que proclama la paz, que anuncia la buena noticia, que pregona la justicia, que dice a Sión: «¡Tu Dios reina!» 8Escucha: tus vigías gritan, cantan a coro porque ven cara a cara al Señor, que vuelve a Sión. 9 Romped a cantar a coro, ruinas de Jerusalén, porque el Señor ha consolado a su pueblo, ha rescatado a Jerusalén.10Ha descubierto el Señor su santo brazo a los ojos de todas las naciones, y verán los confines de la tierra la salvación de nuestro Dios.  


Pasos para la lectio divina

1. Lectura y comprensión del texto: Nos lleva a preguntarnos sobre el conocimiento auténtico de su contenido ¿Qué dice el texto bíblico en sí? ¿Qué dice la Palabra?
2. Meditación: Sentido del texto hoy para mí ¿Qué me dice, qué nos dice hoy el Señor a través de este texto bíblico? Dejo que el texto ilumine mi vida, la vida de la comunidad o de mi familia, la vida de la Iglesia en este momento.
3. Oración: Orar el texto supone otra pregunta: ¿Qué le digo yo al Señor como respuesta a su Palabra? El corazón se abre a la alabanza de Dios, a la gratitud, implora y pide su ayuda, se abre a la conversión y al perdón, etc.
4. Contemplación, compromiso: El corazón se centra en Dios. Con su misma mirada contemplo y juzgo mi propia vida y la realidad y me pregunto: ¿Quién eres, Señor? ¿Qué quieres que haga?


- Comentario
La imagen responde a la antigua forma de pregonar y transmitir los mensajes: un emisario corría hasta lo alto de una colina, allí voceaba la noticia, que, percibida por otro, era llevada hasta el monte siguiente, y así sucesivamente. Y de monte en monte, y de generación en generación, el anuncio de aquel profeta llega hoy hasta nosotros. Es el eco vivo de la palabra de Dios que, sin interrumpirse, sigue proclamando a la humanidad entera, un mensaje de esperanza. En clave cristiana podemos decir que aún no había llegado el tiempo definitivo. Llegado éste, Dios actúa por medio de su Hijo. Esa es la gran alegría que la Iglesia celebra y proclama. ¡Buena Noticia para todos!

¡Qué hermosos los pies del mensajero!
La imagen de Isaías describe a los mensajeros de Jesús que comunican la más hermosa noticia jamás escuchada. Jesús confió a la Iglesia los tesoros de la Gracia. La Iglesia es así evangelizadora por vocación. Ésta es su misión. El Espíritu del Maestro la guía por los recovecos de la historia.
La vocación cristiana nace del encuentro con otros creyentes y mensajeros. Hoy somos nosotros los mensajeros del Señor. Él quiere contagiarnos con su vida y su evangelio y transformarnos en mensajeros de la Buena Nueva en nuestra familia, en nuestras comunidades y en la sociedad. Estamos llamados a ser los mensajeros que atraen con su vida y con su alegría, que actúan como la levadura en la masa y sal que da sabor a la existencia. Somos los mensajeros que hablamos de Jesucristo, que anunciamos el amor de Dios, la Buena Noticia de la salvación y de la paz.

Tus vigías gritan, cantan a coro porque ven cara a cara al Señor
El anuncio del mensajero es acogido con júbilo por los vigías de la ciudad, que lo transmiten con gritos de alegría contagiosa. Y no lo comunica uno solo, sino todos juntos, a coro. Porque todos  ven cara a cara al Señor que vuelve a Sión. Lo que en otro tiempo había sido privilegio de Moisés, ahora es ofrecido a todos: la experiencia gozosa de la presencia del Señor: «aquí estoy».
No se nos anuncia el fin del destierro, sino algo mucho más grande: Cristo nos ha liberado del pecado, la muerte no tiene la última palabra, se nos ofrece la vida. Cristo ha vencido el mal definitivamente y está con nosotros hasta el fin del mundo, vive en nosotros y nos ama hasta el extremo... Esta Buena Noticia sólo puede ser recibida y transmitida con estremecimiento, con gozo y con asombro. En ella nos va la vida y la felicidad. De ella depende nuestra eternidad. A su lado toda otra noticia resulta insignificante.

ORACIÓN POR LAS VOCACIONES “AMOR DE DIOS”

Padre bueno, Jesús nos dijo: “La mies es mucha y los obreros pocos, rogad al Dueño de la mies para que envíe obreros a sus campos”. Y además afirmó: “Todo lo que pidáis al Padre en mi nombre, os lo concederá”.
Confiados en esta palabra de Jesús y en tu bondad, te pedimos vocaciones para la Iglesia y para la Familia “Amor de Dios”, que se entreguen a la construcción del Reino desde la civilización del amor.
Santa María, Virgen Inmaculada, protege con tu maternal intercesión a las familias y a las comunidades cristianas para que animen la vida de los niños y ayuden a los jóvenes a responder con generosidad a la llamada de Jesús, para manifestar el amor gratuito de Dios a los hombres. Amén.



“El pensamiento de las misiones es el más grande que ha podido inspirar Dios a los hombres”.  (J. Usera)