viernes, 31 de octubre de 2014

Boletín nº 64 (noviembre 2014): BELLEZA de la SANTIDAD

manos bocarriba


Cuando nos disponemos a celebrar la fiesta de Todos los Santos, recordamos que todos los cristianos estamos llamados a la santidad y a ser configurados con Cristo.

Hoy reavivamos la vocación a la santidad, testimoniada a lo largo de los siglos. La santidad es de Dios. Solamente Dios es Santo, pero por su gracia, muchos han participado de esa santidad y han reflejado ante el mundo la belleza divina. Los discípulos del Maestro de Nazaret, los que fueron detrás de Él y lo sirvieron con sus bienes, dejándolo todo por Él, se convirtieron en el mejor reflejo de lo que significa ser amigos de Jesús. Siempre serán referencia evangélica. Los que se configuraron con el Crucificado y dieron la vida por Él y como Él, de forma martirial son antorchas de fe en medio de la noche.


flores de colores en un florero Desde muy temprano, hubo quienes, siguiendo a Jesús, se retiraron al desierto para dar la vida de otra manera, con la radicalidad de vivir las Bienaventuranzas. Nuestros claustros siguen habitados por hermanos que testimonian el rostro luminoso de Jesús. A lo largo de siglos, destacan los ungidos por el Espíritu con el don de la caridad, que tuvieron la sagacidad de ver el rostro de Cristo en los más pobres, y lo sirvieron como a su Señor. En medio del anonimato doméstico, viven personas que se profesan el amor, sacramento del que Cristo tiene a su Iglesia, y se convierten en recintos entrañables y fecundos, matriz de santidad de vida. Hay casos en la historia de familias enteras con todos sus miembros santos. Todos los que llevan en su cuerpo las señales de la Pasión de Cristo serán llamados benditos, y quienes estén cerca de ellos de manera compasiva recibirán el título de bienaventurados.
La santidad huele a Dios y atrae como el perfume. Necesitamos santos. Ellos son los mejores intercesores y benefactores de la sociedad, porque son los que obtienen la misericordia de Dios sobre el mundo.



ORACIÓN DESDE LA PALABRA DE DIOS

- Texto Bíblico: I Ped 1, 1-5
circunferencias de colores psicodelicas1 Pedro, apóstol de Jesucristo, a los elegidos, los peregrinos de la diáspora en el Ponto, Galacia, Capadocia, Asia y Bitinia, 2 conforme al  previo conocimiento de Dios Padre, mediante la santificación con el Espíritu, por la obediencia y la aspersión de la sangre de Jesucristo: a vosotros gracia y paz abundantes. 
3 Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que, por su gran misericordia, mediante la resurrección de Jesucristo de entre los muertos, nos ha regenerado para una esperanza viva, 4 para una herencia incorruptible, intachable e inmarcesible, reservada en el cielo a vosotros,  5 que mediante la fe estáis protegidos con la fuerza de Dios; para una salvación dispuesta a revelarse en el momento final”.


Pasos para la lectio divina

1. Lectura y comprensión del texto: Nos lleva a preguntarnos sobre el conocimiento auténtico de su contenido ¿Qué dice el texto bíblico en sí? ¿Qué dice la Palabra? 
2. Meditación: Sentido del texto hoy para mí ¿Qué me dice, qué nos dice hoy el Señor a través de este texto bíblico? Dejo que el texto ilumine mi vida, la vida de la comunidad o de mi familia, la vida de la Iglesia en este momento.
3. Oración: Orar el texto supone otra pregunta: ¿Qué le digo yo al Señor como respuesta a su Palabra? El corazón se abre a la alabanza de Dios, a la gratitud, implora y pide su ayuda, se abre a la conversión y al perdón, etc.
4. Contemplación, compromiso: El corazón se centra en Dios. Con su misma mirada contemplo y juzgo mi propia vida y la realidad y me pregunto: ¿Quién eres, Señor? ¿Qué quieres que haga?


-Comentario:

El apóstol Pedro habla desde Roma y habla a la Iglesia de todos los tiempos.  Habla aquel que encontró en Cristo Jesús al Mesías de Dios, aquél a quien el Señor le dijo: «Te entrego las llaves del reino de los cielos», y le confió su rebaño. Este hombre apasionado, es también el hombre que pecó, pero que permaneció bajo la mirada del Señor y portador de su amor. 
“los elegidos, los peregrinos de la diáspora”
Elegidos: Era el título de gloria de Israel: se sabía elegido de Dios. Pueblo pequeño elegido no por ser grande, sino porque Dios lo ama (cf. Dt 7, 7-8). San Pedro traslada esta expresión a los bautizados.  Somos elegidos. Dios nos conoce desde siempre, antes del  nacimiento. Dios ha pensado en mí, me ha buscado y me ha elegido, no por mis méritos, sino por su bondad. Me ha querido portador de su elección, de su Evangelio, que es siempre misión y responsabilidad por los demás. ¡Qué gran don ser amado por Dios, conocer a Jesucristo, rostro humano de Dios, en este mundo! Estamos alegres porque somos elegidos, porque Dios nos ha dado la gracia de conocer la plenitud de su verdad y de su amor. Elegidos: una palabra de privilegio y de humildad al mismo tiempo. Pero «elegidos» va acompañado del término peregrinos de la diáspora. Como cristianos somos también extranjeros: es la forma de ser con Cristo Crucificado; es vivir no según el mundo, sino según Dios. San Agustín dijo una vez: «Los cristianos son aquellos que no tienen las raíces hacia abajo como los árboles, sino que tienen las raíces hacia arriba, y viven esta gravitación no en la gravitación natural hacia abajo». 
“Regenerados, herencia y protegidos por la fe”
Regenerados. La regeneración es un acto de Dios. Se comienza y se llega a ser cristiano por una acción de Dios que rehace la profundidad del ser. Nos dejamos formar, transformar y regenerar por la Palabra. Ser regenerados, indica también entrar en una nueva familia: Dios, mi Padre; la Iglesia, mi Madre; los demás cristianos, mis hermanos y hermanas. 
Herencia: Término muy importante en el A. Testamento. Era la promesa de siempre: ‘heredaréis la tierra’. En el N. Testamento los cristianos sonmos los herederos de la tierra de Dios, del futuro de Dios. La Iglesia es el árbol de Dios que vive y lleva en sí la eternidad y la verdadera herencia: la vida eterna.
Custodiados por la fe. El texto usa una palabra rara, phrouroumenoi,: «los vigilantes».  La fe es como «el vigilante» que custodia la integridad de nuestro ser. Así la fe es «vigilante» de mi ser, de mi vida, de mi herencia. Estamos agradecidos por la vigilancia de la fe que nos protege y nos guía: Dios no me deja caer de sus manos. (Cfr BENEDICTO XVI  Viernes 8 de febrero de 2013)


ORACIÓN POR LAS VOCACIONES “AMOR DE DIOS”

Padre bueno, Jesús nos dijo: “La mies es mucha y los obreros pocos, rogad al Dueño de la mies para que envíe obreros a sus campos”. Y además afirmó: “Todo lo que pidáis al Padre en mi nombre, os lo concederá”. 
Arriba de la montaña viendo un valleConfiados en esta palabra de Jesús y en tu bondad, te pedimos vocaciones para la Iglesia y para la Familia “Amor de Dios”, que se entreguen a la construcción del Reino desde la civilización del amor.
Santa María, Virgen Inmaculada, protege con tu maternal intercesión a las familias y a las comunidades cristianas para que animen la vida de los niños y ayuden a los jóvenes a responder con generosidad a la llamada de Jesús, para manifestar el amor gratuito de Dios a los hombres. Amén.


Cristo escoge para sí lo peor; para nacer elige un miserable establo; para morir un suplicio infame. Nace en una pobre aldea y en medio del silencio de la noche y muere ignominiosamente en medio del día y en la ciudad mejor y más concurrida del mundo”. (J. Usera)