domingo, 30 de noviembre de 2014

Boletín nº 65: ADVIENTO: TIEMPO DE ESPERANZA

Queridos amigos de la dinámica de oración por las vocaciones “Amor de Dios”:

Una vez más nos disponemos a celebrar el Adviento, como tiempo de preparación a la Navidad. Como cada año por estas fechas,  la Iglesia nos invita a preparar el corazón para hacernos pesebre que acoja al Dios que nace. Lo hace sin guirnaldas luminosas, sólo con la serena fuerza de la Palabra, que en el tiempo del Adviento es rica en desafíos y también en ternura. Así nos preparamos a la Navidad que se acerca, con un ánimo distinto del que impone la cultura circundante, buscando y construyendo con perseverancia las actitudes interiores y comunitarias que mejor acojan a Dios en el pesebre de cada ser humano.
            Muchos de los textos bíblicos, que se leen en la liturgia de  este tiempo, son de una gran belleza, nos interpelan a redescubrir el Adviento permanente de Dios en nuestras vidas, viviendo el compromiso y la esperanza. Las figuras de María, de los profetas y de Juan Bautista, con su fuerza y radicalidad, pueden ayudarnos a disponer el corazón a la venida del Señor.

Feliz tiempo de adviento y Feliz Navidad para todos.
                                                                                                             
Con cariño y unión de oraciones.




El ser humano necesita la esperanza como el aire para respirar. Es en la esperanza viva donde se encuentran las fuerzas y el ánimo para construir la fraternidad propia del Reino que nos ha sido prometido como realización de la felicidad esperada.
El adviento es un tiempo que nos invita a renovar y avivar la esperanza como Iglesia. La escucha de la Palabra de Dios en este tiempo será un aliciente que nos puede ayudar a recuperar algunos rasgos vivos para abrir caminos de esperanza.
·        Esperanza lúcida y vigilante: Ser profetas y vigías para que nada de lo sencillo, de lo humano y lo cotidiano se nos escape. Hoy necesitamos ser Nazaret –taller de lo profundo en lo sencillo- en medio del mundo para contemplar y comunicar lo contemplado y ser así voz, incluso de los que no la tienen,  pero a quienes el Padre se ha dado sin duda, en la Palabra hecha carne.
·        Esperanza inconformista y creativa: Nos sabemos llamados a una vocación que nos interpela por un estado de vida que sea profético, que muestre una alternativa a nivel personal y comunitario capaz de trascender la miopía de una inseguridad que excluye y divide. Necesitamos apostar por un modo de vivir marcado por la fraternidad que da señales de que otro mundo es posible.
·        Esperanza compartida y solidaria: Se trata de compartir y caminar juntos. Hacer caminos de ilusión y de esperanza, construir señales de comunión incluso  allí donde el ser humano parece más destrozado y desesperado pero también donde se genere vida.

·        Esperanza enraizada en Cristo: Jesús de Nazaret es para nosotros el fundamento de la esperanza plena. En Él se nos ha mostrado por donde viene la verdad, el camino y la luz. Él supo vivir en medio del pueblo, andar por todos sus caminos, encontrarse con toda la gente, acompañando, comiendo el mismo pan y bebiendo el mismo vino. Jesús de Nazaret supo  crear ambientes de calor para el amor y la confianza serena y fraterna e hizo sentirse  privilegiados y queridos a los humillados de la historia.

ORACIÓN DESDE LA PALABRA DE DIOS


- Texto Bíblico: Is. 40,1-5

Consolad, consolad a mi pueblo, dice vuestro Dios: hablad al corazón de Jerusalén,  gritadle que se ha cumplido su servicio y está pagado su crimen, pues de la mano del Señor ha recibido doble castigo por sus pecados.  Una voz grita: En el desierto preparad un camino al Señor; allanad en la estepa una calzada para nuestro Dios;  que los valles se levanten, que los montes y las colinas se abajen, que lo torcido se enderece y lo escabroso se nivele; y se revelará la gloria del Señor y la verán todos los hombres juntos -ha hablado la boca del Señor.


PASOS PARA LA LECTIO DIVINA
1. Lectura y comprensión del texto: Nos lleva a preguntarnos sobre el conocimiento auténtico de su contenido ¿Qué dice el texto bíblico en sí? ¿Qué dice la Palabra?.
2. Meditación: Sentido del texto hoy para mí ¿Qué me dice, qué nos dice hoy el Señor a través de este texto bíblico?. Dejo que el texto ilumine mi vida, la vida de la comunidad o de mi familia, la vida de la Iglesia en este momento.
3. Oración: Orar el texto supone otra pregunta: ¿Qué le digo yo al Señor como respuesta a su Palabra?. El corazón se abre a la alabanza de Dios, a la gratitud, implora y pide su ayuda, se abre a la conversión y al perdón, etc.

4. Contemplación, compromiso: El corazón se centra en Dios. Con su misma mirada contemplo y juzgo mi propia vida y la realidad y me pregunto: ¿Quién eres, Señor? ¿Qué quieres que haga?.


- COMENTARIO:

El texto de Isaías es un canto de esperanza: el Dios que nos hace su visita no es el Dios del castigo, ni del temor, sino el Pastor que consuela a su pueblo. Esta es hoy su respuesta de consuelo a nuestra necesidad de ser animados; y en esta respuesta consoladora sabemos que el Padre siempre nos remite a su propio Hijo como un “esperado”. El precursor nos invita a preparar el camino a reorientar nuestras vidas.
Quizás podríamos decir que es el mismo mensaje, extraño y desconcertante de todos los advientos; pero también es verdad que como todos los advientos este mensaje vuelve a desconcertarnos llamándonos a volver a nuestras “raíces” más auténticas. A descubrir en el desierto el valor de lo que es esencial para vivir, como nos recuerda el Papa en la exhortación Evangelii Gaudium (86): “Es cierto que en algunos lugares se produjo una “desertización” espiritual, fruto del proyecto de sociedades que quieren construirse sin Dios o que destruyen sus raíces cristianas. Allí el mundo cristiano se está haciendo estéril y se agota como una tierra sobreexplotada, que se convierte en arena. En otros países, la resistencia violenta al cristianismo obliga a los cristianos a vivir su fe casi a escondidas en el país que aman. Esta es otra forma muy dolorosa de desierto. También la propia familia o el propio lugar de trabajo puede ser ese ambiente árido donde hay que conservar la fe y tratar de irradiarla. Pero precisamente a partir de la experiencia de este desierto, de este vacío, es como podemos descubrir nuevamente la alegría de creer, su importancia vital para nosotros, hombres y mujeres. En el  desierto se vuelve a descubrir el valor de lo que es esencial para vivir; así, en el mundo contemporáneo son muchos los signos de la sed de  Dios, del sentido último de la vida, a menudo  manifestados de forma implícita y negativa.  Y en el desierto se necesitan sobre todo personas de fe que, con su propia vida, indiquen el camino hacia la Tierra Prometida y de esta forma mantengan viva la esperanza. En todo caso allí estamos llamados a ser personas-cántaros para dar de beber a los demás. A veces el cántaro se convierte en una pesada cruz, pero fue precisamente en la cruz donde, traspasado, el Señor se nos entregó como fuente de agua viva. ¡No nos dejemos robar la esperanza!”
Es desde esta experiencia alentadora, desde la que nos sentimos llamados a la misión del consuelo y la libertad. Es una llamada a hacer efectivas las palabras de Isaías: “Consolad, consolad a mi pueblo, dice vuestro Dios”. Consolar en Isaías quiere decir liberar. Estamos llamados a ser profetas que consuelen: liberen, sanen, anuncien la aurora de la salvación, y acompañen a las personas rotas, para que salgan del desierto en el que habitan.


ORACIÓN POR LAS VOCACIONES “AMOR DE DIOS”

Padre bueno, Jesús nos dijo: “La mies es mucha y los obreros pocos, rogad al Dueño de la mies para que envíe obreros a sus campos”. Y además afirmó: “Todo lo que pidáis al Padre en mi nombre, os lo concederá”.
Confiados en esta palabra de Jesús y en tu bondad, te pedimos vocaciones para la Iglesia y para la Familia “Amor de Dios”, que se entreguen a la construcción del Reino desde la civilización del amor.
Santa María, Virgen Inmaculada, protege con tu maternal intercesión a las familias y a las comunidades cristianas para que animen la vida de los niños y ayuden a los jóvenes a responder con generosidad a la llamada de Jesús, para manifestar el amor gratuito de Dios a los hombres. Amén.

“A este Dios veraz y bienhechor del hombre se debe toda acción de gracias”. (J. Usera)





Para todos una muy feliz navidad y próspero año nuevo.