sábado, 2 de mayo de 2015

¡VEN, Espíritu SANTO! Boletín nº 70 - mayo 2015

«Todos quedaron llenos del Espíritu Santo» (Hech 2,4).

Hablando a los Apóstoles en la Última Cena, Jesús les dijo que, luego de su partida de este mundo, les enviaría el don del Padre, o sea el Espíritu Santo (cfr Jn 15,26). Esta promesa se realiza con potencia en el día de Pentecostés,
Aquella efusión, si bien extraordinaria, no permaneció única y limitada a aquel momento, sino que es un evento que se ha renovado y se renueva todavía. Cristo glorificado a la derecha del Padre continúa realizando su promesa, enviando sobre la Iglesia el Espíritu vivificante, que nos enseña, nos recuerda, nos hace hablar.
El Espíritu Santo nos enseña, es el Maestro interior. Nos guía por el camino justo, a través de las situaciones de la vida. Él nos enseña el camino.
El Espíritu Santo nos recuerda  todo aquello que Jesús ha dicho. Es la memoria viviente de la Iglesia. Y mientras nos hace recordar, nos hace entender las palabras del Señor… 
El Espíritu Santo nos enseña, nos recuerda, y  nos hace hablar, con Dios y con los hombres. Nos hace hablar con Dios en la oración. La oración es un don que recibimos gratuitamente; es diálogo con Él en el Espíritu Santo, que ora en nosotros y nos permite dirigirnos a Dios llamándolo Padre, Papá, Abba (cfr Rm 8,15; Gal 4,4). Y el Espíritu nos hace hablar con los hombres en el diálogo fraterno, comprendiendo las angustias y las esperanzas, las tristezas y las alegrías de los demás.
Pero el Espíritu Santo nos hace también hablar a los hombres en la profecía.  Penetrados por el Espíritu de amor, podemos ser signos e instrumentos de Dios que ama, que sirve, que dona la vida.
El día de Pentecostés, cuando los discípulos «quedaron llenos de Espíritu Santo», fue el bautismo de la Iglesia, que nació “en salida”, en “partida” para anunciar a todos la Buena Noticia. Jesús fue perentorio con los Apóstoles: no debían alejarse de Jerusalén antes de haber recibido desde lo alto la fuerza del Espíritu Santo (cfr.  Hech 1,4.8). Sin Él no existe la misión, no hay evangelización. Por esto con toda la Iglesia invocamos: ¡Ven, Santo Espíritu!

(De la Homilía Papa Francisco, Misa de Pentecostés, basílica vaticana, domingo 8 junio 2014)


ORACIÓN DESDE LA PALABRA DE DIOS


- Texto Bíblico: Jn 16,12-15
Mucho tengo todavía que deciros, pero ahora no podéis con ello.
Cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad completa; pues no hablará por su cuenta, sino que hablará lo que oiga, y os anunciará lo que ha de venir.
El me dará gloria, porque recibirá de lo mío y os lo anunciará a vosotros.
Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso he dicho: Recibirá de lo mío y os lo anunciará a vosotros.


Pasos para la lectio divina
1. Lectura y comprensión del texto: Nos lleva a preguntarnos sobre el conocimiento auténtico de su contenido ¿Qué dice el texto bíblico en sí? ¿Qué dice la Palabra?.
2. Meditación: Sentido del texto hoy para mí ¿Qué me dice, qué nos dice hoy el Señor a través de este texto bíblico?. Dejo que el texto ilumine mi vida, la vida de la comunidad o de mi familia, la vida de la Iglesia en este momento.
3. Oración: Orar el texto supone otra pregunta: ¿Qué le digo yo al Señor como respuesta a su Palabra?. El corazón se abre a la alabanza de Dios, a la gratitud, implora y pide su ayuda, se abre a la conversión y al perdón, etc.
4. Contemplación, compromiso: El corazón se centra en Dios. Con su misma mirada contemplo y juzgo mi propia vida y la realidad y me pregunto: ¿Quién eres, Señor? ¿Qué quieres que haga?.


- COMENTARIO

El evangelista Juan recuerda con ternura esas largas conversaciones con Jesús al despedirse de los discípulos.  Estaban cerca los días de su Muerte y Resurrección.  Algunos ubican este diálogo en la Ultima Cena.  El va a dejar a Alguien “que les ayude y consuele.  Alguien que les va a enseñar toda la Verdad, recibirá de lo Mío y os lo dará a conocer”.
Es la promesa del Espíritu Santo que les enviará.  Se trata de su propio espíritu, que conducirá al mundo y a la Iglesia a la plenitud de lo que ha sido el proyecto de Dios, su Plan de Salvación.  Él no estará como lo ha estado hasta ahora, más aún, les dice que “conviene que Yo me vaya… para que Él venga” y esté con vosotros para apoyaros en la Misión. Nosotros vivimos actualmente en los tiempos del Espíritu.
Jesús les dice: “he concluido la obra encomendada, es bueno que así sea, porque os dejaré mi Espíritu que no os dejará huérfanos, estará con vosotros guiándoos para continuar con la Misión en el mundo que el Padre me confió.  Yo os he elegido para que vayáis y  deis  fruto…”
Los Padres de la Iglesia, antes de Santo Tomás, decían que en el mundo hay una Providencia de Dios y le llamaban “la creación continuada”.  Existe un continuum entre la acción del Padre al crear: “… el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas” (Génesis 1), y lo que ocurre ahora.  Existe una continuidad de presencia de Dios a lo largo de la historia, hasta nuestros días. Antes y ahora el Espíritu de Dios “se mueve”, está presente en el mundo y entre los hombres.  El mundo vive y progresa por una “creación continuada”, que es la obra del Espíritu.
Existe una sola historia de la humanidad, guiada por el Espíritu de Dios, a través de los siglos. No son dos historias, la de Dios y la de los hombres. Es una sola.  Ciertamente se desenvuelven entrelazadamente, más aun las podemos analizar separadamente: esta es la obra de los hombres y esta es la de Dios mediante su Espíritu.   No son dos historias, es una sola donde coexisten “las obras del Espíritu y las obras de la carne”.  El trigo y la cizaña, el bien y el mal.
La obra del Espíritu es conducir a la humanidad y al mundo a la plenitud  del Plan de Dios.  San Pablo dirá “que hemos recibido no el Espíritu del mundo, sino el que proviene de Dios y qué los que viven por El serán constructores de humanidad: amor, alegría, paz, paciencia, generosidad, fidelidad y unión entre los hermanos (Cfr. Gal 5).

¿Qué decir de todo esto?  Hay una sola historia, y es el Señor, por su Espíritu, quien la guía.


ORACIÓN POR LAS VOCACIONES “AMOR DE DIOS”

Padre bueno, Jesús nos dijo: “La mies es mucha y los obreros pocos, rogad al Dueño de la mies para que envíe obreros a sus campos”. Y además afirmó: “Todo lo que pidáis al Padre en mi nombre, os lo concederá”.
Confiados en esta palabra de Jesús y en tu bondad, te pedimos vocaciones para la Iglesia y para la Familia “Amor de Dios”, que se entreguen a la construcción del Reino desde la civilización del amor.
Santa María, Virgen Inmaculada, protege con tu maternal intercesión a las familias y a las comunidades cristianas para que animen la vida de los niños y ayuden a los jóvenes a responder con generosidad a la llamada de Jesús, para manifestar el amor gratuito de Dios a los hombres. Amén.

"La Madre de Dios es también la madre tierna y cariñosa de todos los hombres." (J. Usera)