viernes, 10 de julio de 2015

"Venid a mí... Yo os aliviaré". DICOVAD 72, julio 2015.

"ROGAD AL DUEÑO DE LA MIES", es una invitación a la oración. 

Una oración al Señor de la mies, para que envíe obreros, así hacemos una oración por las vocaciones. 

Únete y pide, ya que lo que pidas al padre del cielo te será concedido.


El día 18 de junio fue presentada la segunda encíclica del Papa Francisco titulada “Laudato Si’” (Alabado seas), en la que el Santo Padre reflexiona sobre la creación. A continuación se copia el contenido de los números 1, 2 y parte del 10.

1. «Laudato si’, mi’ Signore» – «Alabado seas, mi Señor», cantaba san Francisco de Asís. En ese hermoso cántico nos recordaba que nuestra casa común es también como una hermana, con la cual compartimos la existencia, y como una madre bella que nos acoge entre sus brazos: «Alabado seas, mi Señor, por la hermana nuestra madre tierra, la cual nos sustenta, y gobierna y produce diversos frutos con coloridas flores y hierba».

2. Esta hermana clama por el daño que le provocamos a causa del uso irresponsable y del abuso de los bienes que Dios ha puesto en ella. Hemos crecido pensando que éramos sus propietarios y dominadores, autorizados a expoliarla. La violencia que hay en el corazón humano, herido por el pecado, también se manifiesta en los síntomas de enfermedad que advertimos en el suelo, en el agua, en el aire y en los seres vivientes. Por eso, entre los pobres más abandonados y maltratados, está nuestra oprimida y devastada tierra, que «gime y sufre dolores de parto» (Rm 8,22). Olvidamos que nosotros mismos somos tierra (cf. Gn 2,7). Nuestro propio cuerpo está constituido por los elementos del planeta, su aire es el que nos da el aliento y su agua nos vivifica y restaura. Nada de este mundo nos resulta indiferente


10. No quiero desarrollar esta encíclica sin acudir a un modelo bello que puede motivarnos. Tomé su nombre como guía y como inspiración en el momento de mi elección como Obispo de Roma. Creo que Francisco es el ejemplo por excelencia del cuidado de lo que es débil y de una ecología integral, vivida con alegría y autenticidad. Es el santo patrono de todos los que estudian y trabajan en torno a la ecología, amado también por muchos que no son cristianos. Él manifestó una atención particular hacia la creación de Dios y hacia los más pobres y abandonados.

ORACIÓN DESDE LA PALABRA DE DIOS


- Texto Bíblico: Mt 11, 25-30

En aquel tiempo, tomando Jesús la palabra, dijo: “Yo te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has dado a conocer a los sencillos. Sí, Padre, así te ha parecido mejor. Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Hijo sino el Padre, y al Padre no lo conoce mas que el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy sencillo y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestras vidas. Porque mu yugo es llevadero y mi carga, ligera”.


Pasos para la lectio divina

1. Lectura y comprensión del texto: Nos lleva a preguntarnos sobre el conocimiento auténtico de su contenido ¿Qué dice el texto bíblico en sí? ¿Qué dice la Palabra?.

2. Meditación: Sentido del texto hoy para mí ¿Qué me dice, qué nos dice hoy el Señor a través de este texto bíblico?. Dejo que el texto ilumine mi vida, la vida de la comunidad o de mi familia, la vida de la Iglesia en este momento.

3. Oración: Orar el texto supone otra pregunta: ¿Qué le digo yo al Señor como respuesta a su Palabra?. El corazón se abre a la alabanza de Dios, a la gratitud, implora y pide su ayuda, se abre a la conversión y al perdón, etc.

4. Contemplación, compromiso: El corazón se centra en Dios. Con su misma mirada contemplo y juzgo mi propia vida y la realidad y me pregunto: ¿Quién eres, Señor? ¿Qué quieres que haga?.



- Comentario

Jesús no tuvo problemas con la gente sencilla del pueblo. Sentía que lo entendían. Lo que le preocupaba era si algún día llegarían a captar su mensaje los líderes religiosos, los especialistas de la ley, los grandes maestros de Israel. Lo que al pueblo sencillo le llenaba de alegría, a ellos los dejaba indiferentes.
La gente sencilla sintonizaba con Jesús porque el Dios que Él les anunciaba era el que anhelaban y necesitaban.

Un día, Jesús desnudó su corazón y descubrió lo que sentía en su interior al ver lo que estaba ocurriendo. Lleno de  alegría alabó así a Dios delante de todos: “Te doy gracias, Padre Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y las has dado a conocer a los sencillos”. Los “sabios y entendidos” creen saberlo todo, pero no entienden nada. Tienen su propia visión docta de Dios y de la religión. No necesitan aprender nada nuevo de Jesús. Con esta actitud impide hacer un recorrido de conversión. Si ya lo sabemos todo, ¿Qué vamos a aprender de Jesús, de su Padre o de su proyecto del Reino de Dios?

La actitud de la gente sencilla es diferente. Están dispuestos a dejarse enseñar por Jesús. El Padre les está revelando su amor a través de sus palabras y de su vida entera. Entienden a Jesús como nadie. ¿No es esta la actitud que hemos de despertar en nosotros?

Terminada la alabanza al Padre, Jesús, les hace tres llamadas:

“Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados”. Esta primera llamada está dirigida a los que viven la religión como un peso, a los que se sienten agobiados por las doctrinas complicadas que les impiden captar la alegría de un Dios Amigo y Salvador. Si se encuentran vitalmente  con la persona de Jesús, experimentarán un respiro: “Yo os aliviaré”.

“Cargad con mi yugo… porque es llevadero y mi carga, ligera”. Es la segunda llamada. Hay que cambiar de yugo. Hemos de  abandonar el yugo de “los sabios y entendidos”, pues es abrumador, lleva a una  moral sin alegría, y cargar con el de Jesús, que hace la vida más llevadera. No porque Jesús exige menos, sino porque propone lo esencial: el amor que libera a las personas y despierta en el corazón humano el deseo de hacer el bien y el gozo de la alegría fraterna.

“Aprended de mí, que soy sencillo y humilde de corazón”. Es la tercera llamada. Hemos de aprender a cumplir la ley y vivir la religión como lo hacía Jesús, con su mismo espíritu. Jesús no “complica” la vida, libra lo mejor que hay en nosotros y nos enseña a vivir de manera más digna y humana.
Esta es la promesa de Jesús: si venís a mi… si cargáis con mi yugo.. si aprendéis de mi a vivir de forma diferente, “encontraréis descanso para vuestras vidas”. (J.A. P.)



ORACIÓN POR LAS VOCACIONES “AMOR DE DIOS”

Padre bueno, Jesús nos dijo: “La mies es mucha y los obreros pocos, rogad al Dueño de la mies para que envíe obreros a sus campos”. Y además afirmó: “Todo lo que pidáis al Padre en mi nombre, os lo concederá”.
Confiados en esta palabra de Jesús y en tu bondad, te pedimos vocaciones para la Iglesia y para la Familia “Amor de Dios”, que se entreguen a la construcción del Reino desde la civilización del amor.
Santa María, Virgen Inmaculada, protege con tu maternal intercesión a las familias y a las comunidades cristianas para que animen la vida de los niños y ayuden a los jóvenes a responder con generosidad a la llamada de Jesús, para manifestar el amor gratuito de Dios a los hombres. Amén.

“No hay cosa más agradable a Dios que la humildad”. (J. Usera)

La oración te haya sido fecunda y te acerque a Él.