Reflexionaremos sobre la respuesta de Dios ante nuestras necesidades. Pedid... buscad... llamad... y veremos que somos nosotros los que nos escondemos de Él.
El Papa Francisco nos dice en los números 13 y 14 de la encíclica Laudato si´:
13. El desafío urgente de proteger nuestra casa común incluye la
preocupación de unir a toda la familia humana en la búsqueda de un desarrollo
sostenible e integral, pues sabemos que las cosas pueden cambiar. El Creador no
nos abandona, nunca hizo marcha atrás en su proyecto de amor, no se arrepiente
de habernos creado. La humanidad aún posee la capacidad de colaborar para
construir nuestra casa común. Deseo reconocer, alentar y dar las gracias a
todos los que, en los más variados sectores de la actividad humana, están
trabajando para garantizar la protección de la casa que compartimos. Merecen
una gratitud especial quienes luchan con vigor para resolver las consecuencias
dramáticas de la degradación ambiental en las vidas de los más pobres del
mundo. Los jóvenes nos reclaman un cambio. Ellos se preguntan cómo es posible
que se pretenda construir un futuro mejor sin pensar en la crisis del ambiente
y en los sufrimientos de los excluidos.
14. Hago una invitación urgente a un nuevo diálogo sobre el modo como
estamos construyendo el futuro del planeta. Necesitamos una conversación que
nos una a todos, porque el desafío ambiental que vivimos, y sus raíces humanas,
nos interesan y nos impactan a todos. El movimiento ecológico mundial ya ha
recorrido un largo y rico camino, y ha generado numerosas agrupaciones
ciudadanas que ayudaron a la concientización. Lamentablemente, muchos esfuerzos
para buscar soluciones concretas a la crisis ambiental suelen ser frustrados no
sólo por el rechazo de los poderosos, sino también por la falta de interés de
los demás. Las actitudes que obstruyen los caminos de solución, aun entre los
creyentes, van de la negación del problema a la indiferencia, la resignación
cómoda o la confianza ciega en las soluciones técnicas. Necesitamos una
solidaridad universal nueva. Como dijeron los Obispos de Sudáfrica, «se
necesitan los talentos y la implicación de todos para reparar el daño
causado por el abuso humano a la creación de Dios.
Todos podemos colaborar como instrumentos de Dios para el cuidado de la
creación, cada uno desde su cultura, su experiencia, sus iniciativas y sus
capacidades.
ORACIÓN DESDE LA PALABRA DE DIOS
- Texto Bíblico: Lc 11, 9-13
Yo
os digo: “Pedid y se os dará; buscad y hallaréis,
llamad y se os abrirá. Porque todo el que pide recibe; el que busca, halla; y
al que llama, se le abrirá. ¿Qué padre hay entre vosotros que, si su hijo le
pide pan le dará una piedra; si le pide un pez le dará una culebra; o, si le
pide un huevo, le dará un escorpión? Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar
cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más vuestro Padre del cielo dará el
Espíritu Santo a los que se lo pidan!”
-
Pasos para la lectio
divina
1.
Lectura y comprensión del texto: Nos lleva a preguntarnos sobre el
conocimiento auténtico de su contenido ¿Qué dice el texto bíblico en sí? ¿Qué
dice la Palabra?
2.
Meditación: Sentido del texto hoy para mí ¿Qué me dice, qué nos dice hoy
el Señor a través de este texto bíblico? Dejo
que el texto ilumine mi vida, la vida de la comunidad o de mi familia, la vida
de la Iglesia en este momento.
3.
Oración: Orar el texto supone otra pregunta: ¿Qué le digo yo al Señor
como respuesta a su Palabra? El corazón se abre a la alabanza de Dios, a la
gratitud, implora y pide su ayuda, se abre a la conversión y al perdón, etc.
4.
Contemplación, compromiso: El corazón se centra en Dios. Con su misma
mirada contemplo y juzgo mi propia vida y la realidad y me pregunto: ¿Quién
eres, Señor? ¿Qué quieres que haga?
Comentario
Jesús vive
confiando en el Padre. Esta es su reacción: “Yo os digo: Pedid y se os
dará; buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá. Porque todo el que pide
recibe; el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá”. Así hay que vivir
ante el Padre, como pobres que necesitan pedir lo que no tienen, como perdidos
que necesitan buscar el camino que no conocen, como huérfanos sin hogar que necesitan llamar a la puerta de
Dios.
En ningún momento Jesús nos dice qué es lo que hemos de pedir, que es
lo que hemos de buscar ni a qué puerta hemos de llamar. Lo importante es la
actitud: como vivimos ante Dios. Si hacemos nuestro recorrido suplicando,
buscando y llamando, conscientes de nuestra insuficiencia, pero poniendo
nuestra confianza en Dios, nos veremos atraídos hacia la conversión: Dios se
nos abrirá.
Aunque las tres invitaciones de Jesús apuntan a la misma actitud de
fondo, parecen sugerir matices algo diferentes.
“Pedir” es
suplicar algo que hemos de recibir de otro como regalo, pues no podemos
dárnoslo a nosotros mismos; es la actitud ante Dios: “Todo lo que pidáis al
Padre en mi nombre os lo concederá”. “Buscar”
es rastrear, indagar algo que se nos oculta o está escondido; es la actitud
ante el reino de Dios: “Buscad ante todo el reino de Dios y su justicia”. “Llamar” es gritar, atraer la atención
de alguien que no parece escucharnos; es la actitud de los salmistas cuando
sienten a Dios lejano: “A ti grito, Señor, inclina tu oído hacia mí, no te
quedes lejos, respóndeme, ven en mi ayuda”.
Pero Jesús no solo desea despertar estas actitudes en sus discípulos.
Quiere, sobretodo, reavivar su confianza en Dios. Para ello les pone tres
comparaciones que pueden entender muy bien los padres y las madres que hay
entre sus seguidores.
Una madre o un padre no se burlan de su hijo pequeño, no lo engañan, no
abusan de él, precisamente porque es pequeño y no sabe todavía distinguir entre
lo que es malo y lo que es bueno. Es inconcebible que, cuando su hijo le pide algo bueno para
alimentarse, le dé otra cosa parecida que puede hacerle daño. Al contrario, le
dará siempre lo mejor. Jesús saca rápidamente una conclusión: “Si vosotros,
siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos ¡cuánto más el padre del Cielo, en el que no hay
sombra de maldad, dará cosas buenas a sus hijos! ¡Cómo no va a ser Dios mejor
que vosotros!” Así recoge Mateo el pensamiento de Jesús, pero Lucas introduce
una novedad muy importante. Jesús dice: “¡cuánto más vuestro Padre del cielo
dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan!” A Dios le podemos pedir muchas
cosas buenas, pero ninguna mejor que el “Espíritu
Santo”. Con estas palabras los judíos
designaban el aliento de Dios, que crea y da vida, que cura y purifica,
que renueva, transforma y reaviva todo.
Lo más grande que podemos pedir es ese “Espíritu Santo” que Jesús recibe de su Padre y le hace vivir “haciendo el bien” y “curando a los
oprimidos”. Ese Espíritu nos va a ir transformando y convirtiendo. Dios nos lo
va a regalar porque es para nosotros el mejor de los padres. (J.A. P.)
ORACIÓN POR LAS VOCACIONES
“AMOR DE DIOS”
Padre bueno,
Jesús nos dijo: “La mies es mucha y los obreros pocos, rogad al Dueño de la
mies para que envíe obreros a sus campos”. Y además
afirmó: “Todo lo que pidáis al Padre en mi nombre, os lo concederá”.
Confiados en esta
palabra de Jesús y en tu bondad, te pedimos vocaciones para la Iglesia y para
la Familia “Amor de Dios”, que se entreguen a la construcción del Reino desde
la civilización del amor.
Santa María,
Virgen Inmaculada, protege con tu maternal intercesión a las familias y a las
comunidades cristianas para que animen la vida de los niños y ayuden a los
jóvenes a responder con generosidad a la llamada de Jesús, para manifestar el
amor gratuito de Dios a los hombres. Amén.
Pedid... buscad... llamad...
"...la
buena semilla da, al debido tiempo, su fruto, con naturalidad y sin
violencia." (J. Usera)