Quieres orar por las vocaciones, las Hnas del Amor de Dios, te invitan a la oración:
“Rogad al Dueño de la mies…”
Mirad las aves… Mirad los lirios…
Escuchemos,
una vez más, lo que nos dice el Papa Francisco en la encíclica Laudato Si´, en
los números 84 y 85 hablando sobre “El mensaje de cada criatura en la armonía
de todo lo creado”.
84. Cuando insistimos en decir que el ser humano
es imagen de Dios, eso no debería llevarnos a olvidar que cada criatura tiene
una función y ninguna es superflua. Todo el universo material es un lenguaje
del amor de Dios, de su desmesurado cariño hacia nosotros. El suelo, el agua,
las montañas, todo es caricia de Dios. La historia de la propia amistad con
Dios siempre se desarrolla en un espacio geográfico que se convierte en un
signo personalísimo, y cada uno de nosotros guarda en la memoria lugares cuyo
recuerdo le hace mucho bien. Quien ha crecido entre los montes, o quien de niño
se sentaba junto al arroyo a beber, o quien jugaba en una plaza de su barrio,
cuando vuelve a esos lugares, se siente llamado a recuperar su propia
identidad.
85. Dios ha escrito un libro precioso, «cuyas
letras son la multitud de criaturas presentes en el universo». Bien expresaron
los Obispos de Canadá que ninguna criatura queda fuera de esta manifestación de
Dios: «Desde los panoramas más amplios a la forma de vida más ínfima, la
naturaleza es un continuo manantial de maravilla y de temor. Ella es, además,
una continua revelación de lo divino». Los Obispos de Japón, por su parte,
dijeron algo muy sugestivo: «Percibir a cada criatura cantando el himno de su
existencia es vivir gozosamente en el amor de Dios y en la esperanza». Esta
contemplación de lo creado nos permite descubrir a través de cada cosa alguna
enseñanza que Dios nos quiere transmitir, porque «para el creyente contemplar
lo creado es también escuchar un mensaje, oír una voz paradójica y silenciosa».
Podemos decir que, «junto a la Revelación propiamente dicha, contenida en la
sagrada Escritura, se da una manifestación divina cuando brilla el sol y cuando
cae la noche». Prestando atención a esa manifestación, el ser humano aprende a
reconocerse a sí mismo en la relación con las demás criaturas: «Yo me
autoexpreso al expresar el mundo; yo exploro mi propia sacralidad al intentar
descifrar la del mundo».
ORACIÓN
DESDE LA PALABRA DE DIOS
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Texto Bíblico: Mt 6, 25-30
Mirad las aves del cielo: no siembran, ni cosechan, ni
recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis
vosotros más que ellas?
Por lo demás, ¿quién de vosotros puede, por
más que se preocupe, añadir un solo codo a la medida de su vida? Y del vestido,
¿por qué preocuparos? Observad los lirios del campo, cómo crecen; no se
fatigan, ni hilan. Pero yo os digo que ni Salomón, en toda su gloria, se vistió
como uno de ellos. Pues si a la hierba del campo, que hoy es y mañana se echa
al horno, Dios así la viste, ¿no lo hará mucho más con vosotros, hombres de
poca fe?
Pasos
para la lectio divina
1.
Lectura y comprensión del texto: Nos lleva a preguntarnos sobre el
conocimiento auténtico de su contenido ¿Qué dice el texto bíblico en sí? ¿Qué
dice la Palabra?.
2.
Meditación: Sentido del texto hoy para mí ¿Qué me dice, qué nos dice hoy
el Señor a través de este texto bíblico?. Dejo
que el texto ilumine mi vida, la vida de la comunidad o de mi familia, la vida
de la Iglesia en este momento.
3.
Oración: Orar el texto supone otra pregunta: ¿Qué le digo yo al Señor
como respuesta a su Palabra?. El corazón se abre a la alabanza de Dios, a la
gratitud, implora y pide su ayuda, se abre a la conversión y al perdón, etc.
4.
Contemplación, compromiso: El corazón se centra en Dios. Con su misma
mirada contemplo y juzgo mi propia vida y la realidad y me pregunto: ¿Quién
eres, Señor? ¿Qué quieres que haga?.
Se
ha escrito, atinadamente, que Jesús apenas habla de Dios pero que siempre habla
desde Dios, a quien siente, a quien ama, con quien vive. En el texto que se
propone para la reflexión Jesús habla de Dios. ¡Qué sencillamente lo hace! ¡Qué
maravillosamente! Este sí que es el Dios verdadero, el que hace posible que
desaparezca el agobio por la comida, la bebida y el vestido.
El
símil de los pájaros no viene aquí a resaltar su inactividad, sino su serena
actividad, sin inquietudes ni agobios. Dios colma sobradamente la actividad
pequeña y elemental de los pájaros. ¡Cuánto más colmará el deseo profundo del
hombre! Dios solamente rompe el círculo opresor de la limitación y de la
necesidad del hombre. Sólo Dios da continuidad y perpetuidad a la aspiración
más íntima del hombre.
El
segundo símil para aclarar la idea que se quiere exponer es el de los lirios,
asimilados a la hierba en (cf. Sal 103, 15). Difícil de expresar de forma tan
sencilla la fe de Jesús y de sus discípulos en Dios creador. Dios lejano, pero
inmensamente cercano al hombre. Dios potente, pero delicado en su amor para
cada persona y cada cosa.
Para
llegar a descubrir esta naturaleza fundamentalmente bienhechora de Dios y
encontrar en ella una llamada a la confianza, es necesaria la fe.
Todo
esto no enseña una confianza pasiva en la providencia, ni el desprecio de las
necesidades del cuerpo, como opuestas a las del alma, sino que llama a una
búsqueda de lo esencial y, en consecuencia, a una sosegada simplificación del
tren de vida que llevamos. Son dos concepciones diferentes de la vida, pero
nunca una oposición entre trabajo y ocio. La confianza en Dios da al creyente
una mayor actividad.
El
discípulo está llamado a vivir como hombre de fe en Dios, de quien provienen
todos los bienes, especialmente la vida. Y vivir con esta actitud de fe en
Dios, que se preocupa incluso de los pájaros del cielo y de la hierba de los
prados -sinónimo de algo pasajero- supone orientar la vida de cara al Reino y
trabajar con paz en el corazón y sin agobios por la vida de cada día.
Si
éste es el comportamiento de Dios hacia los pájaros, mucho más lo será hacia
los hombres. Dios es el creador y el señor de la vida, y la da a manos llenas.
El hombre es invitado a la confianza alegre y no a la angustia desesperanzada,
buscando él solo el sentido de su existencia.
Noticias vocacionales
El día 12 de Julio inició
el postulantado, en
México D.F., la joven brasileña Jakeline
Monteiro da Silva.
El día 9 de Agosto iniciaron
el noviciado, en el noviciado de México, D.F.: Claudia Yanet, Villalobos Martínez, de México; Beatriz, Couto Ferreira Lopes y Arlete, Rodrigues do Nascimento, de
Portugal; Yisel del Castillo
Cruz y Odeisy Roque Camacho, de
Cuba.
ORACIÓN
POR LAS VOCACIONES “AMOR DE DIOS”
Padre bueno,
Jesús nos dijo: “La mies es mucha y los obreros pocos, rogad al Dueño de la
mies para que envíe obreros a sus campos”. Y además afirmó: “Todo lo que pidáis
al Padre en mi nombre, os lo concederá”.
Confiados en esta
palabra de Jesús y en tu bondad, te pedimos vocaciones para la Iglesia y para
la Familia “Amor de Dios”, que se entreguen a la construcción del Reino desde
la civilización del amor.
Santa María, Virgen
Inmaculada, protege con tu maternal intercesión a las familias y a las
comunidades cristianas para que animen la vida de los niños y ayuden a los
jóvenes a responder con generosidad a la llamada de Jesús, para manifestar el
amor gratuito de Dios a los hombres. Amén.
"El hombre lleva a Dios en el fondo de su corazón".
(J. Usera)