sábado, 31 de octubre de 2015

¡QUIERO, QUEDA LIMPIO! Boletín nº 76 DICOVAD

Queridos amigos de la Dinámica de Oración por las Vocaciones Amor de Dios: 

Iniciamos el mes de noviembre con la celebración de Todos los Santos. 

La historia de la Iglesia está marcada por estos hombres y mujeres que con su fe, con su caridad, con su vida han sido faros para muchas generaciones, y lo son también para nosotros. Los santos han dejado que se haga realidad en sus vidas la afirmación de  San Pablo: “«Ya no vivo yo, es Cristo quien vive en mí» (Ga 2, 20). La santidad se mide por la estatura que Cristo alcanza en nosotros, por el grado como, con la fuerza del Espíritu Santo, modelamos toda nuestra vida según la suya. Dejándonos guiar en todas las acciones cotidianas por la acción del Espíritu Santo, que transforma nuestra vida, cada uno de nosotros podremos llegar a ser parte del gran mosaico de santidad que Dios va creando en la historia.

Unidos en la oración.
Hna. Gloria Álvarez

Del 4 al 25 de octubre de 2015 se ha celebrado en Roma la XIV Asamblea General Ordinaria del sínodo de obispos, que ha versado sobre el tema: «La vocación y la misión de la familia en la Iglesia y en el mundo contemporáneo», con el fin de formular orientaciones pastorales adecuadas para la atención pastoral de la persona y la familia. La reflexión ha estado enfocada sobre los puntos tratados en el Sínodo extraordinario de obispos, convocado por el papa Francisco bajo el lema «Los desafíos pastorales de la familia en el contexto de la evangelización»,  que se desarrolló en la Ciudad del Vaticano entre el 5 y el 19 de octubre de 2014.[
A continuación se recogen algunas afirmaciones del papa en la vigilia de oración por este encuentro.
“Oremos, pues, para que el Sínodo sepa reorientar la experiencia conyugal y familiar hacia una imagen plena del hombre; que sepa reconocer, valorizar y proponer todo lo bello, bueno y santo que hay en ella; abrazar las situaciones de vulnerabilidad que la ponen a prueba: la pobreza, la guerra, la enfermedad, el luto, las relaciones laceradas y deshilachadas de las que brotan dificultades, resentimientos y rupturas; que recuerde a estas familias, y a todas las familias, que el Evangelio sigue siendo la «buena noticia» desde la que se puede comenzar de nuevo. Que los Padres sinodales sepan sacar del tesoro de la tradición viva palabras de consuelo y orientaciones esperanzadoras para las familias, que están llamadas en este tiempo a construir el futuro de la comunidad eclesial y de la ciudad del hombre.
Cada familia es siempre una luz, por más débil que sea, en medio de la oscuridad del mundo.
La familia es lugar de santidad evangélica, llevada a cabo en las condiciones más ordinarias. En ella se respira la memoria de las generaciones y se ahondan las raíces que permiten ir más lejos. Es el lugar de discernimiento, donde se nos educa para descubrir el plan de Dios para nuestra vida y saber acogerlo con confianza. La familia es lugar de gratuidad, de presencia discreta, fraterna, solidaria, que nos enseña a salir de nosotros mismos para acoger al otro, a perdonar y ser perdonados.




ORACIÓN DESDE LA PALABRA DE DIOS


- Texto Bíblico: Mc 1, 40-45
Se le acercó un leproso y le suplicó de rodillas: “Si quieres puedes limpiarme”. Jesús se compadeció, extendió la mano, le tocó y le dijo: “Quiero, queda limpio”. Al instante le desapareció la lepra y quedó limpio. Entonces lo despidió, advirtiéndole severamente: “No se lo digas a nadie; vete, preséntate al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés, para que les sirva de testimonio”. Pero él, tan pronto como se fue, se puso a divulgar a voces lo ocurrido, de modo que Jesús no podía ya entrar abiertamente en ninguna ciudad. Tenía que quedarse fuera, en lugares despoblados. Y acudían a él de todas partes.



Pasos para la lectio divina
1. Lectura y comprensión del texto: Nos lleva a preguntarnos sobre el conocimiento auténtico de su contenido ¿Qué dice el texto bíblico en sí? ¿Qué dice la Palabra?.
2. Meditación: Sentido del texto hoy para mí ¿Qué me dice, qué nos dice hoy el Señor a través de este texto bíblico?. Dejo que el texto ilumine mi vida, la vida de la comunidad o de mi familia, la vida de la Iglesia en este momento.
3. Oración: Orar el texto supone otra pregunta: ¿Qué le digo yo al Señor como respuesta a su Palabra?. El corazón se abre a la alabanza de Dios, a la gratitud, implora y pide su ayuda, se abre a la conversión y al perdón, etc.
4. Contemplación, compromiso: El corazón se centra en Dios. Con su misma mirada contemplo y juzgo mi propia vida y la realidad y me pregunto: ¿Quién eres, Señor? ¿Qué quieres que haga?.


- Comentario
Jesús anda predicando su mensaje por toda Galilea. De manera inesperada, un “leproso”, rompiendo las normas religiosas y sociales que le obligan a vivir excluido de todo contacto, “se acerca” a Jesús. Su deseo de salir de la miseria y la marginación es más grande que su temor a infringir la ley.
El leproso no era solo un enfermo, sino un ser estigmatizado, sin sitio en la sociedad, sin acogida en ninguna parte. El comportamiento sancionado por las escrituras era claro: la sociedad debía excluir a los leprosos, pues eran impuros. (Cf. Lv 13,45-46) En una sociedad como la de Galilea, donde el individuo solo puede vivir  integrado en su familia y su aldea, esta exclusión significaba una tragedia.
Según el relato, el leproso se acerca Jesús, pero inmediatamente se postra a sus pies y de rodillas le hace su súplica desde el suelo. Su gesto está pidiendo agritos piedad. Su petición es breve y sencilla: “Si quieres, puedes limpiarme”. Su confianza en el poder de Jesús es  total, pero no está seguro de que quiera hacerlo. El leproso no pide ser curado, sino quedar “limpio”, es decir, que Jesús elimine el obstáculo que le separa de Dios y que lo excluye del pueblo.
Jesús no se echa atrás, “se compadeció”. Siente compasión no solo por aquel leproso que tiene a sus pies, sino por la situación de miseria y exclusión de tantos enfermos marginados por la religión de aquella sociedad que se siente “pueblo santo” de Dios. Jesús “extendió la mano, le tocó y le dijo: “Quiero, queda limpio”.  El leproso tiene que saber lo que quiere Jesús: la ley no tiene piedad de los excluidos, él, por el contrario, se conmueve hasta las entrañas, pone siempre el bien de las personas por encima de la ley y nos revela que la exclusión no es de Dios sino de los hombres. Al despedirlo Jesús le pide que guarde silencio y que se presente al sacerdote para que lo declare oficialmente limpio y pueda integrarse en el pueblo de Dios.
El relato culmina con un final bastante enigmático y lleno de ironía. El leproso, que había estado incomunicado, “se puso a divulgar a voces lo ocurrido”. Por el contrario, Jesús, que lo ha liberado de la exclusión, se ve obligado a “quedarse fuera en lugares despoblados”, como si fuera un leproso pero, el evangelista pone fin al relato diciendo que “seguían acudiendo a él de todas partes”.
De manera inconsciente, también nosotros, vivimos cautivos de una red invisible de barreras y prejuicios, tan profundamente interiorizados que son ellos los que nos dictan a quien acoger y a quien rechazar, con quien tratar y a quien evitar. Sin darnos cuenta levantamos muros y barreras para excluir a quienes pueden poner en peligro nuestro bienestar.
Seguir a Jesús es comprometerse en ese “movimiento de compasión” que él puso en marcha para introducir en la historia humana el amor que no excluye.


ORACIÓN POR LAS VOCACIONES “AMOR DE DIOS”

Padre bueno, Jesús nos dijo: “La mies es mucha y los obreros pocos, rogad al Dueño de la mies para que envíe obreros a sus campos”. Y además afirmó: “Todo lo que pidáis al Padre en mi nombre, os lo concederá”.
Confiados en esta palabra de Jesús y en tu bondad, te pedimos vocaciones para la Iglesia y para la Familia “Amor de Dios”, que se entreguen a la construcción del Reino desde la civilización del amor.
Santa María, Virgen Inmaculada, protege con tu maternal intercesión a las familias y a las comunidades cristianas para que animen la vida de los niños y ayuden a los jóvenes a responder con generosidad a la llamada de Jesús, para manifestar el amor gratuito de Dios a los hombres. Amén.

"La mujer es la base de la sociedad, porque tales cuales fueron los sentimientos de la madre, estos serán siempre los sentimientos de la familia y por consiguiente los del pueblo."
(J. Usera)