Queridos amigos de la Dinámica de Oración por las Vocaciones Amor de Dios:
Iniciamos el mes de noviembre con la celebración de Todos los Santos.
La historia de la Iglesia está marcada por estos hombres y mujeres que con su fe, con su caridad, con su vida han sido faros para muchas generaciones, y lo son también para nosotros. Los santos han dejado que se haga realidad en sus vidas la afirmación de San Pablo: “«Ya no vivo yo, es Cristo quien vive en mí» (Ga 2, 20). La santidad se mide por la estatura que Cristo alcanza en nosotros, por el grado como, con la fuerza del Espíritu Santo, modelamos toda nuestra vida según la suya. Dejándonos guiar en todas las acciones cotidianas por la acción del Espíritu Santo, que transforma nuestra vida, cada uno de nosotros podremos llegar a ser parte del gran mosaico de santidad que Dios va creando en la historia.
Unidos en la oración.
Hna. Gloria Álvarez
Del 4 al 25 de octubre de 2015 se ha celebrado en Roma la XIV Asamblea General Ordinaria del sínodo de
obispos, que ha versado sobre el tema: «La vocación y la misión de la
familia en la Iglesia y en el mundo contemporáneo», con el fin de formular
orientaciones pastorales adecuadas para la atención pastoral de la persona y la
familia. La reflexión ha estado enfocada sobre los puntos tratados en el
Sínodo extraordinario de obispos, convocado por el papa Francisco
bajo el lema «Los desafíos pastorales de la familia en el contexto de la
evangelización», que se desarrolló en la
Ciudad del Vaticano entre el 5 y el 19 de octubre de 2014.
A
continuación se recogen algunas afirmaciones del papa
en la vigilia de oración por este
encuentro.
“Oremos, pues, para que el Sínodo sepa reorientar la
experiencia conyugal y familiar hacia una imagen plena del hombre; que sepa
reconocer, valorizar y proponer todo lo bello, bueno y santo que hay en ella;
abrazar las situaciones de vulnerabilidad que la ponen a prueba: la pobreza, la
guerra, la enfermedad, el luto, las relaciones laceradas y deshilachadas de las
que brotan dificultades, resentimientos y rupturas; que recuerde a estas
familias, y a todas las familias, que el Evangelio sigue siendo la «buena
noticia» desde la que se puede comenzar de nuevo. Que los Padres sinodales
sepan sacar del tesoro de la tradición viva palabras de consuelo y
orientaciones esperanzadoras para las familias, que están llamadas en este
tiempo a construir el futuro de la comunidad eclesial y de la ciudad del hombre.
Cada
familia es siempre una luz, por más débil que sea, en medio de la oscuridad del
mundo.
La
familia es lugar de santidad evangélica, llevada a cabo en las condiciones más
ordinarias. En ella se respira la memoria de las generaciones y se ahondan las
raíces que permiten ir más lejos. Es el lugar de discernimiento, donde se nos
educa para descubrir el plan de Dios para nuestra vida y saber acogerlo con
confianza. La familia es lugar de gratuidad, de presencia discreta, fraterna,
solidaria, que nos enseña a salir de nosotros mismos para acoger al otro, a
perdonar y ser perdonados.
ORACIÓN
DESDE LA PALABRA DE DIOS
- Texto Bíblico: Mc 1, 40-45
Se le acercó un leproso y le suplicó de rodillas: “Si quieres puedes
limpiarme”. Jesús se compadeció, extendió la mano, le tocó y le dijo: “Quiero,
queda limpio”. Al instante le desapareció la lepra y quedó limpio. Entonces lo
despidió, advirtiéndole severamente: “No se lo digas a nadie; vete, preséntate
al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés, para que les
sirva de testimonio”. Pero él, tan pronto como se fue, se puso a divulgar a
voces lo ocurrido, de modo que Jesús no podía ya entrar abiertamente en ninguna
ciudad. Tenía que quedarse fuera, en lugares despoblados. Y acudían a él de
todas partes.
Pasos
para la lectio divina
1.
Lectura y comprensión del texto: Nos lleva a preguntarnos sobre el
conocimiento auténtico de su contenido ¿Qué dice el texto bíblico en sí? ¿Qué
dice la Palabra?.
2.
Meditación: Sentido del texto hoy para mí ¿Qué me dice, qué nos dice hoy
el Señor a través de este texto bíblico?. Dejo
que el texto ilumine mi vida, la vida de la comunidad o de mi familia, la vida
de la Iglesia en este momento.
3.
Oración: Orar el texto supone otra pregunta: ¿Qué le digo yo al Señor
como respuesta a su Palabra?. El corazón se abre a la alabanza de Dios, a la
gratitud, implora y pide su ayuda, se abre a la conversión y al perdón, etc.
4.
Contemplación, compromiso: El corazón se centra en Dios. Con su misma
mirada contemplo y juzgo mi propia vida y la realidad y me pregunto: ¿Quién
eres, Señor? ¿Qué quieres que haga?.
- Comentario
Jesús anda predicando su mensaje por toda Galilea. De manera inesperada,
un “leproso”, rompiendo las normas religiosas y sociales que le obligan a vivir
excluido de todo contacto, “se acerca” a Jesús. Su deseo de salir de la miseria
y la marginación es más grande que su temor a infringir la ley.
El leproso no era solo un enfermo, sino un ser estigmatizado, sin sitio
en la sociedad, sin acogida en ninguna parte. El comportamiento sancionado por
las escrituras era claro: la sociedad debía excluir a los leprosos, pues eran
impuros. (Cf. Lv 13,45-46) En una sociedad como la de Galilea, donde el
individuo solo puede vivir integrado en
su familia y su aldea, esta exclusión significaba una tragedia.
Según el relato, el leproso se acerca Jesús, pero inmediatamente se
postra a sus pies y de rodillas le hace su súplica desde el suelo. Su gesto
está pidiendo agritos piedad. Su petición es breve y sencilla: “Si quieres,
puedes limpiarme”. Su confianza en el poder de Jesús es total, pero no está seguro de que quiera
hacerlo. El leproso no pide ser curado, sino quedar “limpio”, es decir, que
Jesús elimine el obstáculo que le separa de Dios y que lo excluye del pueblo.
Jesús no se echa atrás, “se compadeció”. Siente compasión no solo por
aquel leproso que tiene a sus pies, sino por la situación de miseria y
exclusión de tantos enfermos marginados por la religión de aquella sociedad que
se siente “pueblo santo” de Dios. Jesús “extendió la mano, le tocó y le dijo: “Quiero, queda
limpio”. El leproso tiene que saber lo que quiere Jesús: la ley no tiene piedad
de los excluidos, él, por el contrario, se conmueve hasta las entrañas, pone
siempre el bien de las personas por encima de la ley y nos revela que la
exclusión no es de Dios sino de los hombres. Al despedirlo Jesús le pide que
guarde silencio y que se presente al sacerdote para que lo declare oficialmente
limpio y pueda integrarse en el pueblo de Dios.
El relato
culmina con un final bastante enigmático y lleno de ironía. El leproso, que
había estado incomunicado, “se puso a divulgar a voces lo ocurrido”. Por el
contrario, Jesús, que lo ha liberado de la exclusión, se ve obligado a
“quedarse fuera en lugares despoblados”, como si fuera un leproso pero, el
evangelista pone fin al relato diciendo que “seguían acudiendo a él de todas
partes”.
De manera
inconsciente, también nosotros, vivimos cautivos de una red invisible de
barreras y prejuicios, tan profundamente interiorizados que son ellos los que
nos dictan a quien acoger y a quien rechazar, con quien tratar y a quien
evitar. Sin darnos cuenta levantamos muros y barreras para excluir a quienes
pueden poner en peligro nuestro bienestar.
Seguir a Jesús es comprometerse en ese “movimiento de compasión” que él
puso en marcha para introducir en la historia humana el amor que no excluye.
ORACIÓN
POR LAS VOCACIONES “AMOR DE DIOS”
Padre bueno,
Jesús nos dijo: “La mies es mucha y los obreros pocos, rogad al Dueño de la
mies para que envíe obreros a sus campos”. Y además afirmó: “Todo lo que pidáis
al Padre en mi nombre, os lo concederá”.
Confiados en esta
palabra de Jesús y en tu bondad, te pedimos vocaciones para la Iglesia y para
la Familia “Amor de Dios”, que se entreguen a la construcción del Reino desde
la civilización del amor.
Santa María, Virgen
Inmaculada, protege con tu maternal intercesión a las familias y a las
comunidades cristianas para que animen la vida de los niños y ayuden a los
jóvenes a responder con generosidad a la llamada de Jesús, para manifestar el
amor gratuito de Dios a los hombres. Amén.
"La mujer es la base de la
sociedad, porque tales cuales fueron los sentimientos de la madre, estos serán
siempre los sentimientos de la familia y por consiguiente los del pueblo."
(J. Usera)