sábado, 2 de enero de 2016

Boletín DICOVAD nº 78: VENCE LA INDIFERENCIA Y CONQUISTA LA PAZ

El Tema del mensaje del Papa Francisco para la 49° Jornada Mundial de la Paz que se celebra el 1 de enero de 2016 es: “Vence la indiferencia y conquista la paz”.

El Papa nos recuerda que “la indiferencia en relación a los flagelos de nuestro tiempo es una de las causas fundamentales que va en desmedro de la paz en el mundo. La indiferencia actual, es a menudo, vinculada a diversas formas de individualismo que producen aislamiento, ignorancia, egoísmo y, esto lleva al desinterés”.
Tras señalar que la indiferencia “se puede vencer solamente afrontando juntos este desafío”, resalta que “la paz debe ser conquistada: no es un bien que se obtiene sin esfuerzos, sin conversión, sin creatividad y sin dialéctica”.

“Se trata de sensibilizar y formar al sentido de responsabilidad respecto a las gravísimas cuestiones que afligen la familia humana, como el fundamentalismo y sus masacres, las persecuciones a causa de la fe y de la pertenencia étnica, las violaciones de la libertad y de los derechos de los pueblos, el abuso y la esclavitud de las personas, la corrupción y el crimen organizado, las guerras que causan el drama de los refugiados y de los emigrantes forzados”.


Luego de recordar que el tema de la Jornada del año 2015 ha sido “No esclavos sino hermanos”, el comunicado resalta que el mensaje para el 2016 quiere ser “punto de partida para que todos los hombres de buena voluntad, y en particular aquellos que operan en la instrucción, en la cultura y en los medios de comunicación, actúen cada uno de acuerdo a las propias posibilidades y de acuerdo a las mejores aspiraciones para construir juntos un mundo más consciente y misericordioso, y por tanto más libre y justo”. ”. “La paz, concluye el documento, es posible allí donde el derecho de todo ser humano es reconocido y respetado, según la libertad y la justicia”.


ORACIÓN DESDE LA PALABRA DE DIOS
- Texto Bíblico: Mc 1 9-11

Y Sucedió que por aquellos días llegó Jesús desde Nazaret de Galilea y fue bautizado por Juan en el Jordán. Apenas salió del agua, vio rasgarse los cielos y al Espíritu que bajaba hacia él como una paloma. Se oyó una voz desde los cielos: «Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco».



Pasos para la lectio divina

1. Lectura y comprensión del texto: Nos lleva a preguntarnos sobre el conocimiento auténtico de su contenido ¿Qué dice el texto bíblico en sí? ¿Qué dice la Palabra?
2. Meditación: Sentido del texto hoy para mí ¿Qué me dice, qué nos dice hoy el Señor a través de este texto bíblico? Dejo que el texto ilumine mi vida, la vida de la comunidad o de mi familia, la vida de la Iglesia en este momento.
3. Oración: Orar el texto supone otra pregunta: ¿Qué le digo yo al Señor como respuesta a su Palabra? El corazón se abre a la alabanza de Dios, a la gratitud, implora y pide su ayuda, se abre a la conversión y al perdón, etc.


-Comentario

Jesús aparece como uno más en medio de las gentes que vienen al Jordán a recibir el bautismo de Juan. Nada se nos dice que podamos destacar de él. Solo que “llegó desde Nazaret de Galilea”, una aldea pequeña e insignificante, perdida en una región montañosa y cuyo nombre nunca es mencionado en los libros sagrados de Israel.
Jesús llega para “ser bautizado por Juan”. Esto significa que comparte su visión sobre la situación crítica que vive Israel: el pueblo necesita una conversión radical para acoger a su Dios. Comparte también la esperanza del Bautista: pronto conocerán todos la irrupción salvadora de Dios; la Alianza será renovada, las gentes podrán vivir una vida digna, propia del pueblo de Dios.
Al salir del agua, Jesús va a vivir una experiencia difícil de expresar y que Marcos trata de evocar empleando diversos recursos literarios. Según el relato Jesús ve que “los cielos se rasgan”. El pueblo llevaba mucho tiempo con la impresión de que los cielos estaban cerrados. Ya no había profetas. Nadie era capaz de escuchar la palabra de Dios. Ahora “los cielos se rasgan”. Dios se va a comunicar de manera directa con Jesús.
En el relato se habla de una doble experiencia.  En primer lugar, Jesús “ve al Espíritu descender sobre él como una paloma”. Luego oye una voz del cielo que dice: “Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco”. Jesús responderá a lo largo de toda su vida, a ese amor del Padre, con una sola palabra: Abbá, padre querido, una expresión que  en las familias de Galilea evocaba habitualmente el cariño, la intimidad y la confianza del niño con su padre.
Jesús, lleno del  Espíritu de Dios, va a  curar, liberar y dar vida: “Yo he venido para que tengan vida, y la tengan en abundancia” (Jn 10,10). Jesús actúa siempre confiando espontáneamente en Dios. Busca su voluntad sin recelos, sin cálculos. Esta confianza le hace vivir de manera creativa, le lleva a ser “el rostro de la misericordia del Padre”. Así lo expresa el Papa Francisco en el número 1 de la Bula del jubileo de la Misericordia, que hemos iniciado: “Jesucristo es el rostro de la misericordia del Padre. El misterio de la fe cristiana parece encontrar su síntesis en esta palabra. Ella se ha vuelto viva, visible y ha alcanzado su culmen en Jesús de Nazaret. El Padre, « rico en misericordia » (Ef 2,4), después de haber revelado su nombre a Moisés como
« Dios compasivo y misericordioso, lento a la ira, y pródigo en amor y fidelidad » (Ex 34,6) no ha cesado de dar a conocer en varios modos y en tantos momentos de la historia su naturaleza divina. En la « plenitud del tiempo » (Gal 4,4), cuando todo estaba dispuesto según su plan de salvación, Él envió a su Hijo nacido de la Virgen María para revelarnos de manera definitiva su amor. Quien lo ve a Él ve al Padre (cfr Jn 14,9). Jesús de Nazaret con su palabra, con sus gestos y con toda su persona revela la misericordia de Dios”.


ORACIÓN POR LAS VOCACIONES  “AMOR DE DIOS”

Padre bueno, Jesús nos dijo: “La mies es mucha y los obreros pocos, rogad al Dueño de la mies para que envíe obreros a sus campos”. Y además afirmó: “Todo lo que pidáis al Padre en mi nombre, os lo concederá”.
Confiados en esta palabra de Jesús y en tu bondad,  te pedimos vocaciones para la Iglesia y para la Familia “Amor de Dios”, que se entreguen a la construcción del Reino desde la civilización del amor.
Santa María, Virgen Inmaculada, protege con tu maternal intercesión a las familias y a las comunidades cristianas para que animen la vida de los niños y ayuden a los jóvenes a responder con generosidad a la llamada de Jesús, para manifestar el amor gratuito de Dios a los hombres. Amén.


 “A este Dios veraz y bienhechor del hombre se debe toda acción de gracias”. (J. Usera)