martes, 2 de febrero de 2016

MISERICORDIOSOS COMO EL PADRE. (Boletín de vocaciones de las Hnas. del Amor de Dios)

LOGO Y LEMA DEL JUBILEO DE LA MISERICORDIA

Jubileo MisericordiaEl logo y el lema ofrecen una buena síntesis del año jubilar. En el lema “Misericordiosos como el Padre” (tomado del Evangelio de san Lucas 6,36) se propone vivir la misericordia siguiendo el ejemplo del Padre que pide no juzgar ni perdonar, sino perdonar y dar amor y perdón sin medida (cf. Lc 6, 37-38). El logo –obra del jesuita Padre Narko I. Rupnik- se presenta como una pequeña suma teológica del tema de la misericordia. Muestra, de hecho, al Hijo que carga sobre sus hombros  al hombre descarriado, recuperando una imagen muy querida en la Iglesia, porque indica el amor de Cristo que lleva a término el misterio de su encarnación con la redención. La obra está hecha de tal manera que pone de relieve al Buen Pastor el tocar en profundidad la carne del hombre, y lo hace con tal amor que cambia su vida. Un detalle, además, no puede pasar desapercibido: el Buen Pastor con extrema misericordia carga sobre sí a la humanidad, pero sus ojos se confunden con los del hombre. Cristo ve con el ojo de Adán y este con el ojo de Cristo. Cada hombre descubre de esta manera en Cristo, nuevo Adán, la propia humanidad y el futuro que le espera, contemplando en su mirada el amor del Padre. La escena se sitúa dentro de una mandorla, una imagen también muy querida por la iconografía antigua y medieval que recuerda la copresencia de las dos naturalezas, divina y humana, en Cristo. Los tres óvalos concéntricos, de color progresivamente más claros hacia el exterior, sugieren el movimiento de Cristo que lleva al hombre fuera de la noche del pecado y de la muerte. Por otra parte, la profundidad del color más oscuro sugiere también lo inescrutable del amor del Padre que todo perdona.
Esta explicación la podemos completar con las palabras del  Papa Francisco: “Este Año Extraordinario es un don de gracia. Entrar por la puerta santa significa descubrir la profundidad de la misericordia del Padre que acoge a todos y sale personalmente al encuentro de cada uno. Es Él el que nos busca. Abandonemos toda forma de miedo y temor, porque no es propio de quien es amado; vivamos, más bien, la alegría del encuentro con la gracia que lo transforma todo”.


ORACIÓN DESDE LA PALABRA DE DIOS

-Texto Bíblico: Lucas 10: 30-37                           
Respondió Jesús diciendo: «Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó, cayó en manos de unos bandidos, que lo desnudaron, lo molieron a palos y se marcharon, dejándolo medio muerto. Por casualidad, un sacerdote bajaba por aquel camino y, al verlo, dio un rodeo y pasó de largo. Y lo mismo hizo un levita que llegó a aquel sitio: al verlo dio un rodeo y pasó de largo. Pero un samaritano que iba de viaje llegó a donde estaba él y, al verlo, se compadeció,  y acercándose, le vendó las heridas, echándoles aceite y vino, y, montándolo en su propia cabalgadura, lo llevó a una posada y lo cuidó.  Al día siguiente, sacando dos denarios, se los dio al posadero y le dijo: “Cuida de él, y lo que gastes de más yo te lo pagaré cuando vuelva”. ¿Cuál de estos tres te parece que ha sido prójimo del que cayó en manos de los bandidos?». Él dijo: «El que practicó la misericordia con él». Jesús le dijo: «Anda y haz tú lo mismo».

- Pasos para la lectio divina
1. Lectura y comprensión del texto: Nos lleva a preguntarnos sobre el conocimiento auténtico de su contenido ¿Qué dice el texto bíblico en sí? ¿Qué dice la Palabra?
2. Meditación: Sentido del texto hoy para mí ¿Qué me dice, qué nos dice hoy el Señor a través de este texto bíblico? Dejo que el texto ilumine mi vida, la vida de la comunidad o de mi familia, la vida de la Iglesia en este momento.
3. Oración: Orar el texto supone otra pregunta: ¿Qué le digo yo al Señor como respuesta a su Palabra? El corazón se abre a la alabanza de Dios, a la gratitud, implora y pide su ayuda, se abre a la conversión y al perdón, etc.
4. Contemplación, compromiso: El corazón se centra en Dios. Con su misma mirada contemplo y juzgo mi propia vida y la realidad y me pregunto: ¿Quién eres, Señor? ¿Qué quieres que haga?


- Comentario               
manos en oraciónLa parábola del buen samaritano nos permite entender el lema del año jubilar de la misericordia: “Ser misericordiosos como el Padre”. Según Lucas, Jesús narra esta parábola para responder a la pregunta que le hace un maestro de la ley: “¿Quién es mi prójimo?”. Al maestro de la ley le interesa saber a quién tiene obligación de amar y a quien puede excluir de su amor. No conoce la compasión hacia los que sufren. Jesús, que vive aliviando el sufrimiento de quienes encuentra en su camino, le responde con un relato en el que expone de forma gráfica cómo actúa quien vive movido por la misericordia del Padre.
En el camino que baja de Jerusalén a Jericó, un hombre ha caído en manos de unos bandidos. Asaltado y despojado de todo, queda medio muerto, abandonado a su suerte. No sabemos quién es. Solo que es “un hombre”. Podría ser cualquiera de nosotros. Cualquier ser humano abatido por la violencia, la desgracia o el abandono.
Por el camino llegan primero un sacerdote y luego un levita. Al ver al herido, dan un rodeo, cierran sus ojos y su corazón. En su horizonte no están los que sufren en las cunetas de los caminos. ¿Estaremos también nosotros dando rodeos para no encontrarnos con los que sufren?
Aparece un tercer viajero: “un samaritano”, que al ver al herido “se compadeció” e hizo por él todo lo que estaba en sus manos. La mirada compasiva lleva a acercarnos al que sufre. El samaritano “se acercó” al herido se hizo prójimo de él. El maestro de la ley había preguntado a Jesús: “¿Quién es mi prójimo?”. El samaritano sabe que el hombre caído en el camino necesita su cercanía, no necesita saber más. Quien mira a las personas con misericordia no se pregunta quien es mi prójimo, a quien debo amar. Se pregunta quien está necesitado de que yo me acerque y me haga prójimo, cualquiera que sea su raza, su origen, su religión o su ideología.
“En este Año Santo, podremos realizar la experiencia de abrir el corazón a cuantos viven en las más contradictorias periferias existenciales, que con frecuencia el mundo moderno dramáticamente crea. ¡Cuántas situaciones de precariedad y sufrimiento existen en el mundo hoy! Cuántas heridas sellan la carne de muchos que no tienen voz porque su grito se ha debilitado y silenciado a causa de la indiferencia de los pueblos ricos. En este Jubileo la Iglesia será llamada a curar aún más estas heridas, a aliviarlas con el óleo de la consolación, a vendarlas con la misericordia y a curarlas con la solidaridad y la debida atención. No caigamos en la indiferencia que humilla, en la habitualidad que anestesia el ánimo e impide descubrir la novedad, en el cinismo que destruye. Abramos nuestros ojos para mirar las miserias del mundo, las heridas de tantos hermanos y hermanas privados de la dignidad, y sintámonos provocados a escuchar su grito de auxilio. Nuestras manos estrechen sus manos, y acerquémoslos a nosotros para que sientan el calor de nuestra presencia, de nuestra amistad y de la fraternidad. Que su grito se vuelva el nuestro y juntos podamos romper la barrera de la indiferencia que suele reinar campante para esconder la hipocresía y el egoísmo”.(MV 15)


ORACIÓN POR LAS VOCACIONES “AMOR DE DIOS”
Flor lila entre lo verdePadre bueno, Jesús nos dijo: ”La mies es mucha y los obreros pocos, rogad al Dueño de la mies para que envíe obreros a sus campos”. Y además afirmó: “Todo lo que pidáis al Padre en mi nombre, os lo concederá”.  Confiados en esta palabra de Jesús y en tu bondad, te pedimos vocaciones para la Iglesia y para la Familia “Amor de Dios”, que se entreguen a la construcción del Reino desde la civilización del amor.
Santa María, Virgen Inmaculada, protege con tu maternal intercesión a las familias y a las comunidades cristianas para que animen la vida de los niños y ayuden a los jóvenes a responder con generosidad a la llamada de Jesús, para manifestar el amor gratuito de Dios a los hombres. Amén.







"El católico lleva consigo un germen de vida social y pacífica." 
(J. Usera)

Un corazón dentro de un escudo rodeado de una pluma y una planta