viernes, 1 de abril de 2016

Rogad al Dueño de la mies. Boletín nº 81 DICOVAD - ABRIL - 2016


Rogad al Dueño de la mies…”
Misericordiosos como el Padre

Con la mirada fija en Jesús y en su rostro misericordioso podemos percibir el amor de la Santísima Trinidad. La misión que Jesús ha recibido del Padre ha sido la de revelar el misterio del amor divino en plenitud. « Dios es amor » (1 Jn 4,8.16), afirma por la primera y única vez en toda la Sagrada Escritura el evangelista Juan. Este amor se ha hecho ahora visible y tangible en toda la vida de Jesús. Su persona no es otra cosa sino amor. Un amor que se dona gratuitamente. Sus relaciones con las personas que se le acercan dejan ver algo único e irrepetible. Los signos que realiza, sobre todo hacia los pecadores, hacia las personas pobres, excluidas, enfermas y sufrientes llevan consigo el distintivo de la misericordia. En Él todo habla de misericordia. Nada en Él es falto de compasión.
Cuando encontró la viuda de Naim, que llevaba su único hijo al sepulcro, sintió gran compasión por el inmenso dolor de la madre en lágrimas, y le devolvió a su hijo resucitándolo de la muerte (cfr Lc 7,15). Después de haber liberado el endemoniado de Gerasa, le confía esta misión: « Anuncia todo lo que el Señor te ha hecho y la misericordia que ha obrado contigo » (Mc 5,19). También la vocación de Mateo se coloca en el horizonte de la misericordia. Pasando delante del banco de los impuestos, los ojos de Jesús se posan sobre los de Mateo. Era una mirada cargada de misericordia que perdonaba los pecados de aquel hombre y, venciendo la resistencia de los otros discípulos, lo escoge a él, el pecador y publicano, para que sea uno de los Doce (MV 8).


ORACIÓN DESDE LA PALABRA DE DIOS

- Texto Bíblico: Lc 24, 44-49
Y les dijo: «Esto es lo que os dije mientras estaba con vosotros: que era necesario que se cumpliera todo lo escrito en la Ley de Moisés y en los Profetas y Salmos acerca de mí».  Entonces les abrió el entendimiento para comprender las Escrituras. Y les dijo: «Así está escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día y en su nombre se proclamará la conversión para el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén. Vosotros sois testigos de esto.  Mirad, yo voy a enviar sobre vosotros la promesa de mi Padre; vosotros, por vuestra parte, quedaos en la ciudad hasta que os revistáis de la fuerza que viene de lo alto».

Pasos para la lectio divina
1. Lectura y comprensión del texto: Nos lleva a preguntarnos sobre el conocimiento auténtico de su contenido ¿Qué dice el texto bíblico en sí? ¿Qué dice la Palabra?
2. Meditación: Sentido del texto hoy para mí ¿Qué me dice, qué nos dice hoy el Señor a través de este texto bíblico? Dejo que el texto ilumine mi vida, la vida de la comunidad o de mi familia, la vida de la Iglesia en este momento.
3. Oración: Orar el texto supone otra pregunta: ¿Qué le digo yo al Señor como respuesta a su Palabra? El corazón se abre a la alabanza de Dios, a la gratitud, implora y pide su ayuda, se abre a la conversión y al perdón, etc.
4. Contemplación, compromiso: El corazón se centra en Dios. Con su misma mirada contemplo y juzgo mi propia vida y la realidad y me pregunto: ¿Quién eres, Señor? ¿Qué quieres que haga?




- Comentario
Mediante sucesivas experiencias, Jesús fue convenciendo a sus discípulos de la realidad de su resurrección y los preparó para su misión futura. Jesús ya no estará presente en medio de sus discípulos en forma visible sino que continuará presente a lo largo de sus caminos, se hará continuamente el huésped de honor en sus cenas, su voz se hará sentir en la interpretación de las Escrituras puesto que en Él han alcanzado la plenitud.

La Iglesia no se inventó un mensaje sino que lo recibió del mismo Jesús. Este mensaje atañe al sentido de su obra de salvación en el mundo, el dinamismo de vida que introdujo en la historia humana por su muerte y resurrección. Este mensaje tiene la fuerza suficiente para transformar todo y a todos desde el fondo, es anunciado por personas que han hecho la experiencia de él.  Con la muerte y resurrección de Jesús queda completo el contenido del mensaje que los apóstoles deben proclamar a todos los pueblos: “Así está escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día…”. El camino salvífico de Jesús ha sido recorrido en su totalidad. Ahora cada persona está invitada a recorrerlo. La manera de recorrerlo es mediante el itinerario de la conversión. Mediante la actitud de apertura al Dios con rostro misericordioso que nos busca con afán, allí donde se cruzan los caminos de Dios con los caminos de vuelta a casa trazados por Jesús a lo largo del Evangelio. El poder de la muerte y resurrección de Jesús se hacen sentir al interior del pecado de la persona humana y le alcanzan el perdón. Todo el amor del Crucificado se vacía al interior de quien le abre espacio a esta poderosa semilla que el Resucitado hace presente por el don de su Espíritu.  Desde Jerusalén irradia esta nueva Palabra de Dios para todas las naciones del mundo. Mediante el perdón de los pecados, Jesús atrae a todos a la comunión con Dios y a generar –desde la Alianza con Él- el proyecto de fraternidad y solidaridad que le da una nueva orientación al mundo. Comenzando por la comunidad-madre de Jerusalén todos son atraídos para este proyecto comunitario. Nadie podrá ser excluido del anuncio, nadie podrá autoexcluirse.

Los discípulos no estarán en capacidad de llevar adelante la misión que hace presente el “perdón”, si no son “revestidos de la fuerza que viene de lo alto”. Este “poder” es la fuerza del Espíritu Santo que ungió a Jesús y lo impulsó en su misión de misericordia


ORACIÓN POR LAS VOCACIONES  “AMOR DE DIOS”

Padre bueno, Jesús nos dijo: “La mies es mucha y los obreros pocos, rogad al Dueño de la mies para que envíe obreros a sus campos”. Y además afirmó: “Todo lo que pidáis al Padre en mi nombre, os lo concederá”.
Confiados en esta palabra de Jesús y en tu bondad,  te pedimos vocaciones para la Iglesia y para la Familia “Amor de Dios”, que se entreguen a la construcción del Reino desde la civilización del amor.
Santa María, Virgen Inmaculada, protege con tu maternal intercesión a las familias y a las comunidades cristianas para que animen la vida de los niños y ayuden a los jóvenes a responder con generosidad a la llamada de Jesús, para manifestar el amor gratuito de Dios a los hombres. Amén.

“Cuantas gracias debo dar al Señor por el espíritu de docilidad y obediencia con que me ha dotado. Porque, infeliz de mí, en estos momentos, si la misericordia del Señor no hubiera vencido mi amor propio” (J. Usera)