Misericordiosos como el Padre
Con
la mirada, hecha de fe y de amor, de gracia y de compromiso, de familia humana
y de Trinidad divina, contemplamos la familia que la Palabra de Dios confía en
las manos del varón, de la mujer y de los hijos para que conformen una comunión
de personas que sea imagen de la unión entre el Padre, el Hijo y el Espíritu
Santo. La actividad generativa y educativa es, a su vez, un reflejo de la obra
creadora del Padre. La familia está llamada a compartir la oración cotidiana,
la lectura de la Palabra de Dios y la comunión eucarística para hacer crecer el
amor y convertirse cada vez más en templo donde habita el Espíritu.
Ante
cada familia se presenta el icono de la familia de Nazaret, con su
cotidianeidad hecha de cansancios y hasta de pesadillas, como cuando tuvo que
sufrir la incomprensible violencia de Herodes, experiencia que se repite
trágicamente todavía hoy en tantas familias de prófugos desechados e inermes.
Como los magos, las familias son invitadas a contemplar al Niño y a la Madre, a
postrarse y a adorarlo (cf. Mt 2,11). Como María, son
exhortadas a vivir con coraje y serenidad sus desafíos familiares, tristes y
entusiasmantes, y a custodiar y meditar en el corazón las maravillas de Dios
(cf. Lc 2,19.51). En el tesoro del corazón de María están
también todos los acontecimientos de cada una de nuestras familias, que ella
conserva cuidadosamente. Por eso puede ayudarnos a interpretarlos para
reconocer en la historia familiar el mensaje de Dios.
Fieles a las enseñanzas de Cristo miramos la
realidad de la familia hoy en toda su complejidad, en sus luces y sombras. El
cambio antropológico-cultural hoy influye en todos los aspectos de la vida y
requiere un enfoque analítico y diversificado». En el contexto de varias
décadas atrás, los Obispos de España ya reconocían una realidad doméstica con
más espacios de libertad, «con un reparto equitativo de cargas,
responsabilidades y tareas. Al valorar más la comunicación personal entre los esposos,
se contribuye a humanizar toda la convivencia familiar. Ni la sociedad en que
vivimos ni aquella hacia la que caminamos permiten la pervivencia
indiscriminada de formas y modelos del pasado». Pero «somos conscientes de la
dirección que están tomando los cambios antropológico-culturales, en razón de
los cuales los individuos son menos apoyados que en el pasado por las
estructuras sociales en su vida afectiva y familiar. (Amoris Laetitia, 29,30 y 32)
ORACIÓN
DESDE LA PALABRA DE DIOS
- Texto Bíblico: Mt
18, 23-35
Se parece el reino de los cielos a un
rey que quiso ajustar las cuentas con sus criados. Al empezar a ajustarlas, le
presentaron uno que debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, el
señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus
posesiones, y que pagara así. El criado, arrojándose a sus pies, le suplicaba
diciendo: “Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo”. Se compadeció el señor
de aquel criado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda. Pero al salir, el
criado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y,
agarrándolo, lo estrangulaba diciendo: “Págame lo que me debes”. El compañero,
arrojándose a sus pies, le rogaba diciendo: “Ten paciencia conmigo y te lo
pagaré”. Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que
debía. Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a
contarle a su señor todo lo sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo:
“¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo rogaste. ¿No
debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de
ti?”. Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que
pagara toda la deuda. Lo mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si cada
cual no perdona de corazón a su hermano».
Pasos para la lectio divina
1.
Lectura y comprensión del texto: Nos lleva a preguntarnos sobre el
conocimiento auténtico de su contenido ¿Qué dice el texto bíblico en sí? ¿Qué
dice la Palabra?
2.
Meditación: Sentido del texto hoy para mí ¿Qué me dice, ¿qué nos dice
hoy el Señor a través de este texto bíblico?
Dejo que el texto ilumine mi vida, la vida de la comunidad
o de mi familia, la vida de la Iglesia en este momento.
3.
Oración: Orar el texto supone otra pregunta: ¿Qué le digo yo al Señor
como respuesta a su Palabra? El corazón se abre a la alabanza de Dios, a la
gratitud, implora y pide su ayuda, se abre a la conversión y al perdón, etc.
4.
Contemplación, compromiso: El corazón se centra en Dios. Con su misma
mirada contemplo y juzgo mi propia vida y la realidad y me pregunto: ¿Quién
eres, Señor? ¿Qué quieres que haga?
- Comentario
En las parábolas dedicadas a la
misericordia, Jesús revela la naturaleza de Dios como la de un Padre que jamás
se da por vencido hasta tanto no haya disuelto el pecado y superado el rechazo
con la compasión y la misericordia. Conocemos estas parábolas; tres en
particular: la de la oveja perdida y de la moneda extraviada, y la del padre y
los dos hijos. En estas parábolas, Dios es presentado siempre lleno de alegría,
sobre todo cuando perdona. En ellas encontramos el núcleo del Evangelio y de
nuestra fe, porque la misericordia se muestra como la fuerza que todo vence,
que llena de amor el corazón y que consuela con el perdón.
De otra parábola, además, podemos
extraer una enseñanza para nuestro estilo de vida cristiano. Provocado por la
pregunta de Pedro acerca de cuántas veces fuese necesario perdonar, Jesús
responde: «No te digo hasta siete, sino hasta setenta veces siete » (Mt 18,22) y pronunció la parábola del
“siervo despiadado”… La parábola ofrece una profunda enseñanza a cada uno de
nosotros. Jesús afirma que la misericordia no es solo el obrar del Padre, sino
que ella se convierte en el criterio para saber quiénes son realmente sus
verdaderos hijos. Así entonces, estamos llamados a vivir de misericordia,
porque a nosotros en primer lugar se nos ha aplicado misericordia. El perdón de
las ofensas deviene la expresión más evidente del amor misericordioso y para
nosotros cristianos es un imperativo del que no podemos prescindir. ¡Cómo es
difícil muchas veces perdonar! Y, sin embargo, el perdón es el instrumento
puesto en nuestras frágiles manos para alcanzar la serenidad del corazón. Dejar
caer el rencor, la rabia, la violencia y la venganza son condiciones necesarias
para vivir felices. Acojamos entonces la exhortación del Apóstol: «No permitan
que la noche los sorprenda enojados» (Ef 4,26).
Y sobre todo escuchemos la palabra de Jesús que ha señalado la misericordia
como ideal de vida y como criterio de credibilidad de nuestra fe. «Dichosos los
misericordiosos, porque encontrarán misericordia» (Mt 5,7) es la bienaventuranza en la
que hay que inspirarse durante este Año Santo.
Como se puede notar, la
misericordia en la Sagrada Escritura es la palabra clave para indicar el actuar
de Dios hacia nosotros. Él no se limita a afirmar su amor, sino que lo hace
visible y tangible. El amor, después de todo, nunca podrá ser una palabra abstracta.
Por su misma naturaleza es vida concreta: intenciones, actitudes,
comportamientos que se verifican en el vivir cotidiano. La misericordia de Dios
es su responsabilidad por nosotros. Él se siente responsable, es decir, desea
nuestro bien y quiere vernos felices, colmados de alegría y serenos. Es sobre
esta misma amplitud de onda que se debe orientar el amor misericordioso de los
cristianos. Como ama el Padre, así aman los hijos. Como Él es misericordioso,
así estamos nosotros llamados a ser misericordiosos los unos con los otros. (Cf. Misericordiae Vultus, 9)
ORACIÓN
POR LAS VOCACIONES “AMOR DE DIOS”
Padre bueno, Jesús nos dijo: “La mies es mucha y los obreros pocos, rogad
al Dueño de la mies para que envíe obreros a sus campos”. Y además afirmó:
“Todo lo que pidáis al Padre en mi nombre, os lo concederá”.
Confiados en esta palabra de Jesús y en tu bondad, te pedimos vocaciones para la Iglesia y para
la Familia “Amor de Dios”, que se entreguen a la construcción del Reino desde
la civilización del amor.
Santa María, Virgen Inmaculada, protege con tu maternal intercesión a las
familias y a las comunidades cristianas para que animen la vida de los niños y
ayuden a los jóvenes a responder con generosidad a la llamada de Jesús, para
manifestar el amor gratuito de Dios a los hombres. Amén.
«El
evangelio simboliza la verdadera libertad de los pueblos, contiene en sí la paz
del mundo, el esplendor de la ciencia y la gloria de la virtud». (J. Usera)